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¿Nos gobiernan dementes?

El síndrome de Hubris se propaga entre los gobernantes.

Calle León y Castillo, 270. Excelentísimo Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Las 17.00 horas de un día, un mes y un año que no recuerdo ni voy hacer esfuerzo alguno por recordar. Han pasado bastantes estaciones. Sexta planta. Salón de reuniones de la Comisión de Gobierno. Silencio matizado por susurros. El alcalde, José Manuel Soria, en la presidencia. A su derecha, el primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo, Juan José Cardona; a la izquierda, quien escribe, Director del Gabinete de Comunicación. En la mesa, los ediles del PP. Y entre ellos, Julio Aldaz de Arce (arquitecto), Pascual Mota (joyero), Tino Montenegro (diseñador) y Rafael Viñez (historiador), forúnculos rebeldes que se atrevían a replicar al magister y que Soria soportaba con tal de no perder la mayoría absoluta. El Ayuntamiento estaba en aquella época poblando la ciudad de parques infantiles para que las familias pudieran llevar a sus hijos en los ratos de ocio. Así, en esa ocasión, se trataba de elegir el pavimento que tendrían los parques, suelo especial de goma para evitar que los pequeños se hicieran daño al caerse, cosa muy habitual como sabemos todos los que niños hemos sido. Algunos, parece que jamás lo fueron.

En determinado momento, mientras se analizaban los catálogos y muestras de los ladrillos – creo que se fabricaban en Barcelona – el concejal Pascual Mota hizo un comentario que no gustó al alcalde. De inmediato, los munícipes se deslizaron sillón abajo como si acabará de entrar el teniente coronel Tejero en la sala. Todos con las barbillas a ras de la gran mesa, mientras los contestatarios esbozaron una sonrisa que claramente quería decir: “¡jódete!”. No recuerdo qué fue lo que dijo Mota. Ni falta que hace. Se había atrevido a cuestionar la léxi del omnipotente regidor. José Manuel Soria giró la cabeza hacia el insolente, sin que esta vez la voz cantante la llevara motu proprio su compulsivo esternocleidomastoideo. Los ojos se le inyectaron en sangre y no tardó en llegar la agresiva filípica. Que aquí mando yo y se hace lo que yo digo. Se calentó el ambiente e intervine para quitar hierro al asunto. Al fin y al cabo, yo no era afiliado al PP – ni a ningún partido o sindicato – y no debía sumisión al mandato imperativo ni seguía sendas relacionadas con la voce del padrone. Unas tensas sonrisas y pelillos de bosquimano a la mar hicieron que el mercurio se deslizara termómetro abajo. Y volvieron las córneas que cornearon a ser blancas y continuó la reunión. “Este negro está muy bien”. “Sí, pero es más blando que el verde”. “Yo prefiero el gris … es más rugoso y agarra más”. “¡No! Pondremos el rojo!”. Y fue entonces cuando el ingeniero municipal, de pie junto a un caballete con carteles, señaló: “Señor alcalde, si me permite, yo pienso que el mejor es éste de aquí …”. No pudo terminar su argumentación. La voz de don José Manuel surcó firme la estancia: “¡Se acabó! ¡Pondremos el rojo … ya estoy hasta los cojones de los artistas!”. Los niños, si llegaron a caerse alguna vez, se cayeron en la baldosa roja. No podía ser de otra manera. “Y como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te meto un ladrillo”, decía siempre un tío mío.

Suelo acolchado rojo, generador de “grandes” disputas entre artistas y El Padrone.

Suelo acolchado rojo, generador de “grandes” disputas entre artistas y El Padrone.

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Política de letrina

Letrinas.

La política y el crimen son lo mismo”. (Michael Corleone).

Las finanzas son un arma. La política es saber cuando apretar el gatillo”. (Don Luchelli).

“Ser honesto es muy peligroso”. (Michael Corleone).

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Si esto es lo que se ve, qué será lo que se divisa

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin / EFE

Por primera vez en la historia, una Infanta se sienta ante la Justicia. No sabe, no contesta. Firmó pero no sabía. No le consta. Esas cosas las llevaba mi marido. Entre el desprecio de Felipe VI y la necesidad de salvar a la Monarquía se juega la partida. Juan Carlos I abdicó dejando a la institución hecha unos zorros. La estrategia de la Casa Real se vio entonces muy clara: discreción del monarca II (pese a la abdicación, hay dos reyes) e invasión de todos los medios de comunicación con el glamour de Letizia. Y pronto se vieron los resultados. Felipe VI recupera puntos ante los españoles y, ahora, a la vista de la melé política que hay organizada para formar Gobierno, trata de jugar un papel moderador. Pero no desde la campechanía sino desde una aparente firmeza. Así, hay observadores que señalan que el rey se decanta por el continuismo, pero la reina no lo tiene muy claro.

Leo un titular: “El Estado se moviliza para que Cristina no sea juzgada”. El Estado, amigos, son los partidos políticos que han dejado a su suerte a la sociedad civil. Ni hay Estado en el sentido de los tres poderes independientes, ni hay democracia alguna. Y surgen paradojas muy curiosas: el Fiscal pasa de acusador a defensor y se coloca en el bando de quien se sienta en el banquillo. Por otro lado, se negocia para rebajar las penas a Iñaki y sus secuaces. Mirémoslo así: se enriquecen a través del tráfico de influencias y el dinero público. Y luego, con el dinero de los ciudadanos en el bolsillo pagan la rebaja de la penas. Fantástico.

Cada paso que se da en la investigación pone de manifiesto la coordinación de toda una familia para defraudar a la Hacienda Pública y llevar capital español a sus bolsillos instalados en paraísos fiscales. Comienzan ya las contradicciones y una reciente afirmación del honorable admitiendo una actuación irregular ha colocado a sus hijos en complicada coyuntura. Presuntamente, estamos ante una banda familiar organizada de carácter mafioso. Y Mas ahora se llama Puigdemont.

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Metástasis Ibérica ... o 'pata negra'

Ejemplar de cochino negro canario. / EFE

H ay dos palabras que en Canarias se usan mucho para definir, bien a los torpes y mal amañados, bien a los que no destacan precisamente por su capacidad intelectual:  tronco  y tolete . Aunque la aplicación de esos vocablos dentro del lenguaje canario – en vías de extinción gracias a un nacionalismo replicante sui géneris – pese a que la aplicación, digo y escribo, se extiende a múltiples esferas del vivir y el hacer, con lo dicho podemos entendernos. No tiene nada que ver el ¡tronco! canario, esa cuasi interjección, con el “¿qué pasa tronco?” o “¿qué pasa tron?”, más peninsulares en su origen, más sabinianos, ramoncines y carabanchelados, aunque también importados en pequeña escala al Archipiélago gracias a los descuentos para residentes en las tarifas de viaje y los paquetes turísticos all inclusive . En un mundo globalizado y wasapeado sin piedad, es prácticamente imposible concretar al límite las ósmosis que se producen entre las distintas hablas del país. Así que tronco y tronco pueden tener diferentes interpretaciones pese a la común morfología. Por lo que respecta a “¡tolete!”, también es un largar a modo de interjección, pero absolutamente desconocido en la España peninsular. Allí, aunque el territorio está plagado de toletes – y así nos va – el único tolete conocido queda relegado al contemplado en el lenguaje propio de marinos y marineros. El tolete es ese palito en erección que situado sobre la regala sirve para enganchar los remos en un bote, barca, chinchorro, dinghi, y poder remar. Aquí se diría bogar.

Un tercer tronco sería aquel, ya arborícola como orangutanes o macacos, que se utiliza para colocar como eje principal y fundamental en variadas situaciones y contextos. Podemos encontrarnos con una asignatura troncal, con un árbol genealógico con su correspondiente tronco y con el tronco de la cuestión en alguna averiguación, problema o estudio, por ejemplo. Abandonando la tierra y viajando hasta el mar dentro de Gaia y, consecuentemente, dentro de cualquier súper o hipermercado, hallaremos sin problema alguno el tronco de atún y el tronco o lomo de bacalao. En la carretera, no sería difícil cruzarse con el troncomóvil de los Picapiedra. Finalmente, llevado el asunto a la excelencia, podríamos extendernos al tronco u órgano hipertrofiado del mandinga, recogido fundamentalmente en el celulóide porno, de características ya conocidas por todos y todas. Por acción u omisión. Sobre el particular, les diré que estaba un día el escritor Truman Capote discutiendo con unos amigos acerca del espectacular éxito con las mujeres del playboy dominicano Porfirio Rubirosa (Doris Duke, Dolores del Río, Eva Perón, Kim Novak, Ava Gardner, Verónica Lake,Zsa Zsa Gabor, Jayne Mansfield, Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Odile Rodín, Barbara Hutton, Doris Duke, Danielle Darrieux …) y en la charla se abordaron diferentes perspectivas hasta que Capote zanjó la cuestión, señalando: “Lo que pasa de verdad es que Porfirio tiene una macana (tronco) tan gruesa como la muñeca de un hombre”. Así quedó el asunto de cara a la eternidad.

Iberia o Hispania

En España, a pesar de los intentos secesionistas, todavía tenemos, o teníamos, el denominado tronco ibérico o hispánico, lugar desde donde todos salimos, o salíamos, como ramas. No obstante, con la llegada de la Carta Otorgada de 1978, la estructuración del Estado en autonomías y la puesta en marcha de los nacionalismos por encargo, el tronco único está fuertemente cuestionado (no así el pensamiento único). Se ha obrado la multiplicación y son varios troncos los que al parecer existen sobre nuestra geografía. No es lo mismo el tronco Mas o Puigdemont, el tronco Otegui o Txapote o el tronco Paulino. Estudiando el tema, personalmente he llegado a la conclusión de que, en estos momentos, el único tronco ibérico incuestionado e incuestionable es el que se refiere al ganado porcino del mismo nombre, vulgo cerdo o cochino pata negra, bicho eumétrico entre mesomorfo y subdolicomorfo, jeroglíficos que no quieren decir otra cosa que en el elemento en cuestión la eslora iguala o supera al puntal.

No están las cosas para que la cartera atienda como debiera este mundo sabroso y sofisticado, pero, según iba estudiando, me encuentro con que hay dos variedades esenciales de cerdo ibérico: la negra y la roja. No, la azul y la roja, no, pese al bipluripartidismo político. Insisto: la negra y la roja. El negro puede ser de la Puebla o de Campanario y, dentro del colorado, tenemos la variedad retinta, rubia o cana y manchada. Asimismo, hay una raza corsa y otra china, aunque, según dicen, nada que ver. En Canarias -no mucha gente lo sabe- existe el denominado Cerdo Negro Canario, de origen desconocido y sexualmente muy precoz. La carne y la grasa son de excelente calidad.

El Congreso cobra los "gin-tonics" a precio de calle

Congreso de los Diputados EFE

Ante los leones

Profundizaba aún más en el puerco grasa de luxe, cuando me encuentro con que tiene cuello corto y gran papada, vientre bastante abultado en general, escasa musculatura y degradación del color y muchos son lampiños. Calvos. De repente, me vi ante los leones de una España que, pasadas las etapas de inducción, in situ e invasión local, ha llegado a la fase terminal y sufre una tremenda metástasis. Metástasis pata negra apreciada por todo el contexto mundial y a la que se refieren con estupor los medios de comunicación de todos los países desarrollados, mientras el Gobierno en funciones del PP habla del triunfo de la Marca España en todo el planeta, salvo en Venezuela y Argentina. La verdad es que estamos camino de Grecia, ya con medicina paliativa. Los casos de corrupción son erupciones volcánicas, el desgobierno es evidente al igual que la división cada vez más radical del país, mientras barones y quintacolumnistas conspiran dentro de los partidos. Hay malestar en el Ejército, la Justicia, el Banco de España … y no se controla ni el endeudamiento ni el desempleo. A todo ésto, troncos y toletes, manejando datos macroeconómicos que no tienen traslado alguno a la sociedad civil, llaman recuperación a un formidable desastre estructural, cuando la posibilidad de encontrar Presidente y Gobierno se complica por momentos y ya hay quien apuesta claramente por nuevas Elecciones Generales en las que, según los sondeos realizados, subirían PP y Podemos.

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La España posible quizá sea imposible

Los tres expresidentes del Gobierno: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero / EFE

Hace mucho tiempo que, consecuencia de mi profesión y tendencia a meterme en camisa de once varas, he venido siguiendo a España por vericuetos y senderos. Ello ha provocado que, desde la muerte del golpista y dictador Francisco Franco Bahamonde hasta hoy – tiempo de mi tiempo – me haya dado cuenta de que España es una gran mentira. Como en la prestidigitación, nada es lo que parece. Asimismo, el asombro y la decepción en lo que respecta a la vida pública me han acompañado en este largo y tortuoso camino de negro sobre blanco en un mundo tradicionalmente ausente de luz y taquígrafos. The long and winding road. No he sido persona alucinada ni de alucinaciones y, aunque he tenido la sensación de haber hecho algún viaje astral no confirmado, mi última experiencia psicodélica me la ha proporcionado el patético Felipe González al defender al PP para que se coloque al frente del país. Los barones más retrógrados de una ideología cadáver han llamado al gran hipócrita para que orqueste el guillotinamiento de Pedro Sánchez y así, mantener intacto el régimen del 78, ejercicio trilero madre de todos los cambios que se internó en las hediondas cloacas de la corrupción después de que Dios, ayudado por mamporreros como Juan Luis Cebrián, mutara la celebérrima ilusión de 1982 en una gran caverna de Alí Babá. González y Aznar son una maldición bíblica, una plaga del tiempo de los faraones que, permaneciendo en las sombras de manera latente, aparece intermitentemente diciendo “España nos necesita”. Y no hablo de pactos ahora sino de iniquidad y desvergüenza. De falta de hombría y honestidad. De ausencia de ética y escrúpulos.

Los senderos y vericuetos de los que les hablaba antes me han llevado al pensamiento porque lenguaje y pensamiento son la misma cosa. De modo que, mientras en España en general se practica el periodismo de declaraciones, la mayoría de las veces amplificando la voz de los más estúpidos, me he ido internando en prácticas periodísticas habituales en los países más avanzados, no sólo económicamente sino culturalmente. Ninguna medalla merezco por ello porque la voluntad ha estado ausente. Es el manejo del lenguaje, el trabajo diario, el idioma como vía crucis – Flaubert podría hablarnos mucho de eso – quienes te llevan al análisis y al periodismo literario, muy minoritarios en nuestro país tanto en lo que a emisores como a receptores se refiere.En otros lugares, es cosa habitual desde hace muchos años. Vuelvan la vista por ejemplo a Truman Capote, a Tom Wolfe, a Kapuscinski, a García Márquez o a Oriana Fallaci, por poner ejemplos, aunque hay muchos más.Llega un momento en que, de manera prácticamente inconsciente, se coge la perspectiva necesaria para ver el bosque sin que los árboles actúen como paneles opacos. Y es entonces cuando uno advierte que las caras casi nunca son importantes frente a los sistemas o regímenes y que, con total seguridad, esas caras sí son casi siempre marionetas movidas por hilos que llegan de lejos. A este respecto, no puede ser más acertada la reciente primera página de la revista El Jueves en la que puede leerse algo así: “¡Exclusiva! Ya sabemos quién gobernará España”. Y debajo del titular aparecen muy buenas caricaturas de Cristine Lagarde (presidenta del Fondo Monetario Internacional), Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo) y la canciller alemana, Ángela Merkel.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde / EFE

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde / EFE

Las baronías – qué curioso que partidos que se dicen democráticos tengan más barones que indios – las baronías del PP y PSOE andan en ebullición no sólo por su ambición de poder y dinero sino porque el Nuevo Orden Mundial ya ha establecido el papel que España debe jugar.Y Podemos es una piedra en el camino me enseñó que mi destino era llorar y llorar. Aunque personalmente creo que el posible pacto de izquierdas que hay planteado (Pedro intentaría reconducir un PSOE desquiciado; Pablo, comérselo, y los secesionistas darse la baja, lo que abocaría a un escenario dionisíaco difícil de conducir), aunque ahora no tengo ganas de pronunciarme ni creo que ello importe mucho, advierto que los tres personajes retratados en la portada de El Jueves, también movidos por otros gruesos cabos, junto al Tratado Internacional de Comercio entre EEUU y casi 100 países del globo (TTIP), los movimientos geoestratégicos y geopolíticos fundamentados en múltiples y heterogéneos vectores y, seguramente, claves que no manejamos (Aldous Huxley: “Hay otros mundos pero están en éste”), inciden sobre las cabezas de quienes vemos – mejor diría ven muchos, yo no – todos los días en las TV’s. Más que en un mareo de digos y Diegos, en una marejada de perdices absolutamente atolondradas a las que Miguel Delibes le hubiera gustado encontrar en pleno dominio de sus facultades físicas y mentales. Las de ellas. Mientras, la ciudadanía permanece hablando en los bares de lo mal que están las cosas, volviendo la vista con temor a la guerra civil, temiendo o no temiendo la fragmentación de España y consumiendo basura. Vía oral, vía auditiva, vía mental. Desconocen que con total seguridad vamos a sufrir – estamos sufriendo ya – una importante pérdida de soberanía. Basta con mirar la Historia o leer a Heráclito de Éfeso para inferir que todo fluye y todo tiene su final. Extrapolar las figuras de Nerón y Calígula a Felipe o José María no es ningún disparate. Incluso contamos para ello con estudios clínicos que señalan que los políticos profesionales se mueven entre la esquizofrenia y las psicopatías.

Periodismo, filosofía y casanova 

Y vuelvo a los vericuetos y senderos caminados, dejando no sólo estelas machadianas sino también raídas suelas de sandalias troyanas, para advertir, advertirme, decirme a mi mismo que, aparte del análisis y la literatura, el periodismo llega también a la tangencia con la filosofía. Plantea la existencia de lo posible y lo imposible. El dramaturgo de la Generación del 27 Alejandro Casanova mantenía que “no hay nada que un hombre no sea capaz de hacer cuando una mujer lo mira”. El gran Giacomo hubiera estado de acuerdo, seguro. Así, manifestó en una ocasión lo siguiente: “Como consideraba que había nacido para el bello sexo, lo he amado siempre y me he hecho amar por él cuanto he podido”. Podríamos aquí aceptar seductoras encrucijadas y referirnos a las películas El Cartero siempre llama dos veces, Memorias de África, Los Puentes de Madison, El Sueño Eterno, Lo que el viento se llevó, sumergirnos con Shakespeare en el mundo de Romeo y Julieta bajo las armonías de Knopfler o adentrarnos en las infidelidades corinneas, bárbaras, palomeras, mozarowskis … de aquel rey que, jurando por dos veces los principios que inspiraban el Movimiento Nacional franquista del 18 de Julio de 1936, convirtió a España en una democracia (?), en una monarquía parlamentaria sin libertad política colectiva ni separación de poderes (?), saltándose “sin honor” (D.Juan dixit) la secuencia dinástica de los borbones. Hoy me ha mirado una mujer muy elegante cuando salía de casa.Decidí pues atreverme a afrontar, con la ayuda de algunos amigos ya fallecidos, el reto de desfacer, consciente de la imposibilidad de éxito, esa duda que da título al texto: La España posible quizá sea imposible.

Imagen de la familia Pujol-Ferrusola al completo durante los años 80./EFE

Imagen de la familia Pujol-Ferrusola al completo durante los años 80./EFE

Desconozco si una cabeza puede considerarse bien amueblada si del salón en el ángulo oscuro está sentado Bismarck con su casco pinchoso, pero recuerdo que el orondo canciller dijo una vez que “España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”. Por otra parte, es obligado tener en cuenta, al adentrarse en el terreno filosófico que, al menos hasta Newton, la presencia de Dios en el acontecer aparece en los escritos de todos los estudiosos. Eso, no obstante, no debería originar problemas de comprensión ni rasgado de vestiduras en un país extremadamente contradictorio: es láico y católico a la vez. Al igual que Izquierda Unida es monárquica y republicana a la vez o Cristina es Infanta real y, presuntamente, delincuente alienada en Suiza a costa del dinero público y del de La Caixa. De la familia Pujol/Ferrusola & Sons y otros no les digo nada. Seguro que Mario Puzzo o Francis Ford Coppola les hablarían con mayor propiedad. También Raymond Chandler, James Ellroy o Ross McDonald. La incoherencia y el cinismo son indisociables de la vida política española en su acepción más amplia.

“La gente no quiere escuchar la verdad"

Para no ir muy lejos, llevamos 40 años de dictadura franquista y 38 de dictadura de partidos (contando desde la Carta Otorgada de 1978) período que los incautos han aceptado como democracia por el mero hecho de votar – que no elegir – cada cuatro años. Del mismo modo, desde 1982 hemos asistido a una corrupción in crescendo ligada a la financiación de los partidos, el tráfico de influencias, el nepotismo, el descontrol absoluto de las finanzas del Estado, la pérdida de derechos de la clase trabajadora a golpe de decreto-ley con la despreciable connivencia de los sindicatos, el distanciamiento criminal entre ricos y pobres a través de una degradante distribución de la riqueza, el aumento desorbitado del desempleo, el endeudamiento salvaje de la nación y las autonomías, que pagarán las generaciones por venir, la perdida de prestigio, peso y credibilidad en el contexto mundial y la manipulación de la información, las estadísticas sobre los índices socioeconómicos y macroeconómicos, además de la de los sondeos en los periodos electorales.En estos 38 años, la España posible, asociada siempre a vocablos como cambio, regeneración, refundación, bienestar, justicia, convergencia con Europa … esa España siempre ha sido imposible. En estos momentos, las intenciones secesionistas de algunas autonomías y la amenaza del terrorismo islámico, complican aún más una situación que jamás denominaría “crisis” sino “desastre estructural” dificilmente superable. La España posible quizá sea definitivamente imposible. Friedrich Nietzche se hizo una vez dos preguntas: ¿Es el hombre un mero error de Dios?¿O Dios un mero error del hombre? Y otra fundamental para, desde el pensamiento y el análisis, hacer un ejercicio de prospectiva acerca del futuro de nuestro país: “A veces, la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que se destruyan sus ilusiones”. Por ello, a mi juicio, la creencia en la tan cacareada recuperación es un error terrible. Ni siquiera depende de nosotros. Menos, cuando pronto experimentaremos sensibles pérdidas de soberanía y capacidad de decidir. Ya nada va a volver a ser como antes. La deuda es cárcel, cadena y condena. Sin un cambio de régimen no habrá cambio en el país.

Lo terrible es que son muchos los de dentro que no quieren que nada cambie y muchos aún más fuertes los que desde el exterior no quieren ni pueden permitir que se frustren sus proyectos y designios. Así, los grandes dinosaurios conspiran y apuñalan para obedecer las órdenes que les llegan y que establecen como premisa que la convergencia con Europa es imposible y que la asfixia del ciudadano debe crecer para que el psiquiátrico funcione. España es Sur y al Sur ha sido condenada. Los economistas que me merecen mayor credibilidad y sobre los que no dudo de su independencia lo advierten: “Pronto estaremos como Grecia”. Por otra parte, ya hace bastantes años que un profundo estudio sobre la evolución de las naciones del planeta, realizado en EEUU por un prestigioso gabinete de análisis y prospectiva, destacó que en 10 o 15 años “España estará a la altura de Filipinas”. Ya queda menos.

Las voces de los muertos

No ha sido sólo en una ocasión cuando he pensado que el régimen del 78 y sus gobernantes han abocado a España a una situación de práctica quiebra que se convierte en terrorífica cuando se aprecia que a la tradicional indolencia ciudadana se han sumado la ausencia de ilusiones y la desesperanza. Napoleón decía que plantearse imposibles es “una cuestión de cobardes”, pero, insisto, en 38 años de pseudo democracia ya son muchos los ciudadanos que consideran imposible un cambio de calado en el país. Comenzando por quienes ven como único camino de regeneración la puesta en marcha de un proceso de libertad constituyente y apuestan por la abstención como fórmula para deslegitimar el sistema. Éstos han recibido un revés en las últimas Elecciones Generales del 20 de Diciembre. La participación ha aumentado en unos tres puntos porcentuales como consecuencia de la aparición de Podemos y Ciudadanos quienes estiman que es posible el cambio desde dentro de la dictadura de partidos, aunque arrastran importantes lastres. Las dos Españas de Machado vuelven a estar de actualidad y, como ya he señalado en otro análisis en este mismo diario, consecuencia de las votaciones hemos pasado de un bipartidismo, basado en la alternancia y el consenso, a un bipluripartidismo, es decir, el enfrentamiento de derechas e izquierdas agrupadas, si utilizamos la terminología clásica. Ya hay articulistas que han mostrado su temor a la repetición de un Frente Popular y otros que han hablado de una operación conspiranóica para que el statu quo no se modifique en absoluto. Todo ello en un contexto diario pleno de disparates y despropósitos.

Robert Francis Kennedy, Fiscal General de EEUU durante la Presidencia del país de su hermano mayor, John Fitzgerald Kennedy y Senador por Nueva York tras el asesinato de éste, murió igualmente asesinado en 1968 tras alcanzar la presidencia del Partido Demócrata. Pero, antes de desaparecer para siempre, señaló que “Cada vez que un hombre defiende un ideal, actúa para mejorar la suerte de otros o lucha contra una injusticia, transmite una onda diminuta de esperanza”. No sé si aún queda espacio en nuestra geografía para esa diminuta onda, si tenemos en cuenta que la política como vocación de servicio prácticamente ha desaparecido. Ya Aristóteles manifestó que “Un Estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”. En España hemos tenido siempre malos elementos, bocazas, ignorantes, mentirosos, mal valorados por la ciudadanía (aunque vuelve a votarles) y con algunos ramalazos aislados de buenismo (lo peor de lo peor). Buenos, ninguno. En el contexto mundial actual, al único político que le otorgaría el adjetivo de bueno es al expresidente de Uruguay José Mugica.

No sé cuando decidí, pero sí que fue al poco tiempo de comenzar a respirar, que no dejaría jamás de perseguir sueños, que mantendría la infancia dentro de mi en la medida de lo posible y que nunca olvidaría que la utopía es el motor del avance. Y todo ello aconteció antes de que Gabriel García Márquez estimara que “No es verdad que las personas paran de perseguir sueños porque se hacen viejos, se hacen viejos porque paran de perseguir sus sueños”. Así, como cada vez disfruto más hablando con los muertos y percibo más emociones tóxicas al tratar con los vivos, con la dualidad posible/imposible a hombros, he decidido darme una vuelta por aquellos tiempos que no pude gozar o sufrir.

Aunque al abordar la relación entre pensadores y frutas todo el mundo nombraría enseguida a Newton, Aristóteles también conocía queOne apple a day keeps the doctor away. Así que un día comentó que: “La semilla de manzano, como posible árbol manzano, mantendrá su vida y movimiento hasta hacerse árbol-manzano siempre y cuando interactuando con las causas naturales se actualicen las potencialidades contenidas en su forma sustancial, como manzano. En caso contrario dicha semilla perderá su capacidad de desarrollo desapareciendo mediante la corrupción reintegrándose materialmente en la materia anterior que recibió aquella forma”. No es difícil llevar al terreno de la política la frase del filósofo. Es evidente que la democracia en España, algo que una vez fue semilla, perdió su capacidad de desarrollo y desapareció “mediante la corrupción”. Lo de la reintegración “en la materia anterior” puede leerse claramente como una vuelta a la dictadura, cosa indiscutible al contemplar que vivimos una dictadura de partidos o partitocracia. El régimen del 78, salvo el voto, no cumple ninguna condición para que pueda ser calificado de democracia. ¿Es ésta un imposible? Digamos que, de momento, no ha sido posible pese al mantra por excelencia coreado en todos los procesos electorales: cambio.

El Congreso de los Diputados aprueba la Constitución en 1978. (EFE)

El Congreso de los Diputados aprueba la Constitución en 1978. (EFE)

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Memoria del esperpento

No estaba yo todavía en las cosas de la pluma, en el buen sentido de la palabra bueno - jamás he tenido armarios sino roperos de cuatro puertas - cuando me topé con la España de Max Estrella y Don Latino sin que tampoco me hubiera internado aún en esos mundos de Valle Inclán que genialmente dibujaron lo que es nuestro país: la realidad deformada tras su exposición ante espejos cóncavos y convexos. Luego me enteré de todo y, vapuleado por esa aleatoria y caprichosa tempestad Fuerza 10 que es la memoria- recordar es una mar arbolada -, me llega de vez en cuando, como este domingo al levantarme, me asalta sin que lo quiera y sin saber por qué, la imagen de Fraga con un Meyba (yo siempre pensé que eran unos calzoncillos) bañándose en la Playa de Palomares, tierras de Almería donde Sergio Leone y Ennio Morricone unieron sus talentos para hacer posible western históricos y de culto a los que los catetos de la época llamaron spaguetti.

Esta nación que fue tan grande no es muy dada hoy al pensamiento y la imaginación, de modo que sólo puedo achacar a la ignorancia que las nuevas generaciones – desnortadas como los partidos políticos emergentes – enredadas entre ninis, ifones y wassaps, todavía no hayan acudido a nuestro gran acervo cultural para construir rap de calidad como Dios manda y bendice el Papa Francisco. En fin, estábamos con los calzoncillos de Fraga, genuino producto de la dictadura franquista quien, para mi, es el Cela de la política. Inteligente y maleducado. A Camilo le dieron el Premio Nobel y Manuel inventó Alianza Popular que es ahora Partido Popular sin haber dejado de ser lo que era. De eso, un tal Bárcenas sabe un rato. No conocerán, casi seguro, nuestros jóvenes – excepto tal vez los que han emigrado a Europa para escapar de una tasa de desempleo vergonzante y vergonzosa – que el 8 de marzo de 1966 – cómo se escurren los siglos – dos aviones de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos volaban sobre Almería. Uno de ellos era un aparato nodriza y el otro, el celebérrimo B-52, bombardero que a todas partes que fue dejó memoria amarga de sí, como decía D. Juan Tenorio. Total, que los aviones colisionaron, siete militares pasaron a mejor vida y cuatro bombas nucleares cayeron y casi revientan un toro de Osborne. Afortunadamente, no ocurrió así. Un cacharro cayó en la mar y tres de hidrógeno en tierra entre invernaderos para el cultivo de tomate. Sin comunicar nada a Juliano Bonny y Roberto Góiriz por si acaso, dejaron las tomateras bien regadas con plutonio. Menudo marrón, aunque el tomate es rojo. Por ello ha sido fusilado muchas veces.

No era yo in illo tempore ni siquiera barbilambiño, pero ya comenté que me fuí enterando de todo a posteriori. Fundamentalmente, dándole la paliza a mi padre a base de interrogatorios al estilo Pinochet, Videla o Galtieri. Por otra parte, como aún no conocía Covent Garden, ni Carnaby Street, ni a Twiggy, ni Camden Town, ni Nothing Hill, ni Harrod's, ni el Big Ben, ni sabía lo mal que lo había pasado Ana Bolena en la Torre sobre el Támesis y ni siquiera entablado amistad con Oscar Wilde, no disponía del background suficiente para abordar con humor inglés este episodio tan peculiar: lo importante no es que cayeran las bombas atómicas, no. Lo realmente relevante vino después. Estaba el asunto en aquello de la guerra fría, no resultado de glaciación alguna sino de las ganas que tenían de meterse mano norteamericanos y rusos, después de haber dado pasaporte a Adolf tiempo atrás y colocado un tremendo muro para que David Gilmour y Roger Waters compusieran un maravilloso tema. Por cierto, una nueva edición del Mein Kampf se está convirtiendo en un best seller en la Alemania merkeliana, lo que vendrá de maravilla para gestionar el asunto ese de la inmigración. Al respecto, no descarto en absoluto que Rajoy y Albert propongan reeditar en curtida piel de novillo y pergamino del mejor el Camino de Monseñor Escrivá de Balaguer. Mi camino de un nazi y el Camino del Opus Dei. Senderismo del bueno.

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Breve crucero por la historia

La Reina Sofía, que pertenece al Club Bildelberg /EFE.

S ería engorroso y tal vez hasta soporífero acercarse en un crucero histórico hasta Parménides, Demócrito, Empédocles o Zenón de Elea, aunque todos se refirieron en algún momento a lo posible . Mejor iniciarlo desde Platón, cobijados bajo la afirmación de Alfred North Whitehead: "El pensamiento occidental no es más que una serie de comentarios a pie de página de los diálogos de Platón". Podríamos estar hablando de este filósofo hasta el día del juicio final por la tarde, pero todo el mundo está de acuerdo en que la Academia fue el embrión de las actuales universidades y que Platón fue el primer escritor en utilizar el diálogo como fórmula de comunicación escrita. Según dicen, mucho antes de que existiera el WhatsApp y el vocablo/interjección ¡Chacho! De alguna manera, sin conocer a las botoxtertulianas  o víboras de plató y a los periodistas amaestrados e incluso adiestrados para atacar como si de pittbulls se tratara, Platón fue quién, a mi juicio, inventó el debate: el conocimiento es legitimado mediante el libre intercambio de puntos de vista y no a través de la simple enunciación. Es evidente que el hallazgo del ateniense cuatro siglos antes de Cristo ha degenerado de forma espantosa. En nuestra vida política, salvo agujas en pajares, los debates no desprenden conocimiento alguno. Simplemente dan risa o vergüenza ajena.

Creo que la Ciencia ha admitido como verdaderamente platónicos unos veintipico diálogos. En La República, donde no se refiere a la Guerra Civil española, ni a la actividad cinegética de Mataelefantes John, ni a las comisiones, ni a la pareja Iñaki/Cris, Platón junta en un todo la ética, la política, la estética, la mística y la metafísica. Tampoco es que fuera un héroe tipo Bruce Lee, Chuck Norris, Jackie Chan o Rambo, Rocky o Torrente, pero sí es cierto que, después de salir por patas de Atenas cuando a Sócrates lo obligaron a tomarse de un trago un chupito de cicuta, estuvo dedicado constantemente al análisis de la vida política. ¿Quién no conoce el Mito de la Caverna? Ese que vivimos en la actualidad y en el que se apoyan en elípsis teorizaciones sobre las grandes conspiraciones judeo-masónicas o las de los Illuminati y Annunakis, el Club Bilderberg, la Trilateral, etcétera. Tomo de la biografía del filósofo por excelencia este pequeño texto: “ En su obra La República, Platón ilustró esta concepción (la del Mundo de las Ideas) con el célebre Mito de la Caverna. Imaginemos, dice Platón, una serie de hombres que desde su nacimiento se hallan encadenados en una cueva, y que desde pequeños nunca han visto nada más que las sombras, proyectadas por un fuego en una pared, de las estatuas y de los distintos objetos que llevan unos porteadores que pasan a sus espaldas. Para esos hombres encadenados, las sombras (los seres del mundo sensible) son la única realidad; pero, si los liberásemos, se darían cuenta de que lo que creían real eran meras sombras de las cosas verdaderas (las Ideas del mundo inteligible)”.

Como Platón estuvo cincuenta años hablando y escribiendo acerca de todo, sería una locura ponerse aquí a exponer su obra completa, aunque estimo que, para nosotros, sujetos al Gobierno de una oligarquía corrupta de partidos – hay quienes la definen como cleptocracia – es interesante conocer que: “El Estado ideal de Platón sería una República formada por tres clases de ciudadanos (el pueblo, los guerreros y los filósofos), cada una con su misión específica y sus virtudes características, en correspondencia con los aspectos del alma humana: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por poseer la virtud de la sabiduría; los guerreros velarían por el orden y la defensa, apoyándose en la virtud de la fortaleza; y el pueblo trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza. De este forma la virtud suprema, la justicia, podría llegar a caracterizar al conjunto de la sociedad.

Las dos clases superiores vivirían en un régimen comunitario donde todo (bienes, hijos y mujeres) pertenecería al Estado, dejando para el pueblo llano instituciones como la familia y la propiedad privada; al carecer de ellas las clases dirigentes, se evitaría su corrupción, ya que no podrían ni necesitarían obtener riquezas, ni tendrían familiares a los que favorecer; tal esquema (y otros aspectos de sus concepciones) fue revisado en Las Leyes, obra de vejez en la que desaparecen estas restricciones. El Estado se encargaría de la educación y de la selección de los individuos (en función de su capacidad y sus virtudes) para destinarlos a cada clase. La justicia se lograría colectivamente cuando cada individuo se integrase plenamente en su papel, subordinando sus intereses a los del Estado.”

Por lo que respecta al Gobierno, Platón señala que “La monarquía y la aristocracia (gobierno de un solo hombre excepcionalmente dotado o de una minoría sabia y virtuosa, que aspira solamente al bien común) es la mejor forma. De la monarquía se pasa a la timocracia cuando el estamento militar, en lugar de proteger a la sociedad, usa la fuerza para obtener el poder. En la oligarquía, una minoría de ricos gobierna a un pueblo empobrecido. El descontento lleva a la democracia o gobierno del pueblo, de la que tiene Platón un pésimo concepto: se elige como gobernantes a los más ineptos y reina la anarquía. Finalmente, la tiranía, encabezada por un demagogo que suprime toda libertad, restaura el orden; es la peor de las formas de gobierno”. Resulta muy fácil la extrapolación de la tesis de Platón a nuestro entorno: a) Es innegable que no tenemos ni a un hombre “excepcionalmente dotado” como monarca ni una minoría “sabia y virtuosa” que aspira solamente al bien común. b) No es nuestro caso la timocracia ya que el mermado Ejército de momento sólo tendría actividad si se tuviera que impedir por las armas la secesión de Catalunya o el País Vasco. c) Tiranía la tuvimos pero ahora no es el caso. Así que, de la oferta platónica, me quedo con la oligarquía: cada vez con más fuerza “una minoría de ricos gobierna a un pueblo empobrecido” y, con respecto a lo que denominan democracia, sustituiría el término “anarquía” por “corrupción”.

Aristóteles, El estagirita, dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho. Él tuvo dos mujeres con esa premisa. “Tío Alberto, tío Alberto, que suerte tienes cochino. En el final del camino te esperó la sombra fresca de una piel dulce de veinte años donde olvidar los desengaños de mil noches de amor, tío Alberto”. Bueno, que Aristóteles se decantó por la ciudad-estado y fracasó en el intento de inculcar la idea a su discípulo más grande. Alejandro Magno estableció las bases de un imperio universal sin el que, según mantienen al parecer los historiadores, la civilización helénica hubiera sucumbido mucho antes. La ciudad-estado, que tiene como base a la familia, es una comunidad de ellas capaz de bastarse a si misma casi por completo. Para el filósofo, “sólo un Estado moral prosperará cuando sus ciudadanos sean buenos y se puedan realizar”. El hombre es un animal político por naturaleza, es decir, “incapaz de vivir fuera de una sociedad”.

Cuando se desplomó el Imperio Romano, muchas de las obras originales de Aristóteles se perdieron – de 170 se salvaron unas treinta – y, curiosamente, fue en el siglo XII cuando Averroes las recuperó a través de versiones judías, árabes y sirias. No sé si nuestro gran Zapatero conoce esta historia, pero a veces me he preguntado si en ella se inspiró para plantear ese gran disparate de la Alianza de Civilizaciones.

La Escuela de Atenas de Rafael Sancio, Museos Vaticanos, Roma.

La Escuela de Atenas de Rafael Sancio, Museos Vaticanos, Roma.

Aristóteles murió un año después de Alejandro (323 a.C.) quien, al parecer, dejó este mundo tras agarrarse tremenda borrachera mientras pasaba la resaca de otra no menos potente. Si nos traemos al estagirita hasta nuestros días, veremos que no hay moral en el Estado – es profundamente inmoral y está okupado por partidos políticos sujetos al mandato imperativo. Sectas, en la práctica –. Consecuentemente, es imposible que el ciudadano pueda “realizarse”. Personalmente, no puedo imaginar una ciudad – estado con Carmena, Pepa Luzardo, Esperanza Aguirre, Rita Barberá o Kichi al frente. No. No lo puedo imaginar.

A grosso modo, tras Aristóteles apareció Santo Tomás de Aquino en cuyas ideas -no podía ser de otra manera – interviene Dios de forma fundamental. Se dedica a la Teología, al aristotelismo y al averroismo. Para mi, y en lo que hace referencia a lo posible, Santo Tomás nada y guarda la ropa. De modo que establece que “ En este sistema lo posible responde por un lado al Plan Divino en la mente de Dios, pero al mismo tiempo sucede conforme a la acción de las causas materiales, siendo Dios al mismo tiempo Causa Primera y Final”. Viene entonces la escolástica y se hace un pequeño lío entre lo intrínseco y lo extrínseco, pero, al menos, pone sobre la mesa la relación Causa/Efecto: “Mi tataranieto dependerá en su existencia de la acción de su padre y madre, de su abuelo y abuela, de su bisabuelo y bisabuela y finalmente mía y de alguien más; lo que dada la interdependencia de las condiciones materiales de la experiencia, lo hacen realmente posible como posibilidad de existencia dependiente de las causas”. Estaría bien que alguien enviara estos renglones a Cristine Lagarde para que los tuviera en cuenta a la hora de plantear sus descarnadas teorías sobre las pensiones de jubilación e imponerlas a los países del sur de la Unión Europea. A continuación – toda esta sucesión es cosa mía – tras quedarse atrás lo helénico y la Edad Media y con la llegada del Renacimiento y los descubrimientos científicos, René Descartes, en el siglo XVII, abre el racionalismo y es considerado el creador de la filosofía moderna. Pero no prescinde de Dios: “un Dios que funda la verdad del conocimiento y siembra en nuestro entendimiento unas semillas, ideas innatas (Chomsky utilizará el término mucho después), formas o principios del conocer, que organizan la experiencia del mundo de forma universal (conceptual) ordenada y comprensible, en cuyo ámbito se da la posibilidad de lo real”. Su sistema filosófico lo edifica sobre el método matemático y el principio del cogito ergo sum (pienso, luego existo).

No soy un experto en Spinoza y Leibnitz, pero siempre me han dejado patidifuso. El primero, cuando mantiene que “Dios es tanto Naturaleza como su Ley y al mismo tiempo Dios”. Y el segundo, al señalar que “De entre los infinitos mundos posibles, sólo uno, regido por una “armonía preestablecida” ha sido el elegido por Dios en su Divina Providencia que, de “entre todos los mundos posibles”, ha elegido “el mejor”. Si éste es el mejor mundo posible, apaga la luz y vámonos. Que baje Dios y lo vea. La fe como creadora de conocimiento no me interesa en absoluto. “En el terreno político, Spinoza rechazó el concepto de moral, por considerar que implicaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal trascendente. Todos los seres se guían por el principio de autoconservación, sobre el cual se edifica el Estado como limitación consensual de los derechos individuales. Sin embargo, lo que el individuo busca en el Estado es la conservación propia, por lo que puede revolverse contra él en caso de que no cumpla esta función (“Dios crea individuos, no naciones”). Pascal, por su parte, se interna en la Matemática y la Física y pronuncia una frase que todo el mundo conoce: “ Le coeur a ses raisons que la raison ne connait point”. Asimismo, advierte que “ Nada es más insoportable para el hombre que carecer de proyectos, de compromisos o de distracciones; porque entonces, detenido en medio del tedio, no puede sino tomar conciencia de la vacuidad de su vida y sumirse en la angustia o la melancolía. La conciencia de sí mismo, cualidad que lo distingue y enaltece, es también en el hombre fuente de desdicha, al recordarle su pobre condición”. No es un mal pensamiento a la hora de acercarse a la sociedad actual.

Galileo, Kepler y otros muchos no son desdeñables obviamente y están al alcance de cualquier interesado en Internet o las enciclopedias. Yo me voy de inmediato a Newton para acabar con otra manzana como comencé con Aristóteles. Newton, tras el descubrimiento de la Ley de la Gravitación Universal, da un salto cualitativo y cuantitativo de enorme trascendencia en el mundo del saber. Al efecto, “El conocimiento, que “explica la experiencia” es la ciencia moderna, que comprende y explica la Naturaleza como sometida a los principios de la razón y del análisis y cálculo matemático. A partir de ese conocimiento científico el hombre domina a la Naturaleza mediante la técnica, una vez conocidas sus leyes. La ciencia tradicional, cualitativa y especulativa hasta entonces, deja paso a una ciencia cuantitativa sometida a la lógica de la medida y el orden matemático que justifica los hechos de la experiencia del mundo. Las leyes empíricas permiten “predecir” el posible comportamiento de los seres materiales. La física de Newton, como teoría universal supuso la culminación de este sentido de ciencia empírica y no especulativa; ciencia cuantitativa sujeta a la medición y al cálculo. La ciencia permite concebir teóricamente lo posible, en su relación con lo real, no como algo meramente lógico del pensamiento”. Para Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre” y Hume destaca que “Solamente la experiencia es fuente de conocimiento y lo posible sólo puede ser concebido como expectativa de una experiencia futura basada en el hábito o costumbre en el sentido de “hasta ahora ha sido así”.

En el terreno de lo posible/imposible en el mundo de los contemporáneos no me voy a meter de momento, pero sí señalaré dos cosas peculiarmente paradójicas: mientras que jamás puede hablarse de democracia cuando los votos de todos los hombres no valen lo mismo, caso de España, Albert Einstein llegó a manifestar que en política es imposible que las cosas cambien, puesto que el voto de un idiota y el de una persona normal tienen el mismo valor … Y los idiotas poseen una mayoría aplastante.

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… Esa chica llamada 'Cris', la hija del rey

Díario El País: " El juicio del 'caso Nóos', en el que la infanta Cristina será la protagonista absoluta, se reanuda el próximo martes en la Audiencia Provincial de Baleares pendiente de posibles pactos de última hora entre el fiscal y algunos de los 18 procesados. Estos acuerdos, por el que los acusados reconocen los hechos de los que les acusa el ministerio público a cambio de una rebaja en la condena, pueden complicar, de concretarse, la defensa del principal acusado, Iñaki Urdangarin. El fiscal pide 19,5 años de prisión para el esposo de Cristina de Borbón y cuñado del Rey. Los ciudadanos españoles, aturdidos por un alud de casos de inmoralidad pública, quizá no valoren la trascendencia de la escena que van a vivir este martes. Por primera vez en la historia, la hermana de un Rey en ejercicio se sienta con todas las consecuencias ante un tribunal.  Jorat Sta Cristina de Borbón, pese a tener de su lado al fiscal y a la Abogacía del Estado, no ha conseguido eludir un juicio en el que una acusación popular, encabezada por el sindicato Manos Limpias, pide para ella una pena de ocho años de prisión por dos delitos fiscales”.

A mi eso de Cris me suena a la comba, a cromos, a recortables, a vestiditos de muñecas, a nurses francesas, a aulas de colegios de lujo, al patio de mi casa es particular y al juego de la rayuela. Y la rayuela a Julio Cortázar, a la búqueda del cielo, a la bohemia de París y a Charles Aznavour. A eso me suena Cris, Cristina, la hija de un rey que un día encontré sentado en el trono. Luego supe que el sillón se lo había regalado un general golpista tan adorado como el becerro de Baal. A cambio, el padre de Cris le había entregado la dignidad y la traición al abuelo.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar … y Cris pasó de chupete a tacones y como hembra quiso un hombre. Lo encontró persiguiendo una pelota como siempre hacen los hombres. Perseguir pelotas y sueños, construir ensueños y correr tras utopías. Así los hombres se hacen hombres y buscan la hembra para cumplir ese mandato interior y ajeno a la voluntad que les ordena perpetuar la especie. Y Cris fue en Iñaki e Iñaki fue en Cris. O al menos eso dijeron las revistas de colores satinados que hablan de la felicidad y la pena como de cigarrillos que duran un respirar.

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Nacionalismo o idiosincracia

El expresidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, y el diputado de Nueva Canarias, Román Rodríguez. Cristobal García (EFE)

Desde luego, podríamos estar semanas, meses, estaciones y hasta años hablando del nacionalismo. Canario o de donde sea. Independientemente de que la conversación derive en sesudos análisis y citas múltiples, o bien derive hacia el diálogo de besugos en presencia de Tropical o Dorada, ambas especiales por supuesto, lo cierto es que la Historia, escrita por los que escriben la Historia, es la que a lo mejor sabe qué cosa es esa del nacionalismo. Podríamos acercarnos hasta los que ya no están, Antonio Cubillo con el postrer apoyo de José Rodríguez, alias Don Pepito, para escuchar defensas encendidas de nosotros, lo nuestro y nuestra esclavitud – algunos se referirían tal vez a la tremenda paliza que le pegaron a Antonio en Argel por orden, presuntamente, de Martín Villa, y otros llegarían incluso a echar la culpa del brutal accidente aéreo de Los Rodeos al MPAIAC, ese grupo terrorista de timple y mantilla -. Aún podríamos ir más lejos en la busca de nuestra particular Arca de la Alianza que, afortunadamente, nada tiene que ver con la Alianza de Civilizaciones propuesta por ese tal Zapatero, hoy consejero del Estado y siempre de talante, facer y sonrisa idiotizados. Podríamos ir más lejos, digo, y llegar atrás en el tiempo hasta La Batalla de Aguere, que Aguere es hoy La Laguna de Ana Oramas, la única diputada nacionalista canaria en el inestable Congreso de los Diputados surgido del reciente 20-D. Castellanos y guanches tuvieron el encontronazo final el 14 de Noviembre de 1494. Los primeros, al conquistar Tenerife, se quedan con Canarias y los segundos inician el proceso de extinción, mestizaje y también exilio. Alonso Fernández de Lugo mandaba a los que después serían calificados peyorativamente como godos y que acabaron con 6.000 guerreros autóctonos usando un arma temida y definitiva: la caballería. Puede que algún indocumentado llegue a decir que la modorra guanche, que citan algunos historiadores como culpable en parte de la derrota, es la semilla del aplatanamiento canario que a posteriori colocaron como mochuelo a los hombres y hombras de estas islas. Allá cada uno con sus disparates.

Como no podía ser de otra manera, épica, la hubo. Miguel de Unamuno, aquel escritor al que le dolía España y que fue desterrado a Fuerteventura, escribió que “Y  luego entraba en acción el caballo, ese monstruo que tanto pavor siempre puso en los pobres indios”../.. “El resultado de tales batallas era casi siempre infalible.”../…..”Bencomo y sus huestes tuvieron que abandonar el campo de La Laguna…”. Y el historiador De Luka señala en la revista Awañac (2004): “ A las 7 horas del día 14 de Noviembre tuvo lugar en las laderas de San Roque (La Laguna) una batalla muy reñida e igualada entre guanches y españoles que fue decisiva para el triste devenir histórico de la isla. En ella murió el heroico Bencomo batiéndose con una pica contra 10 soldados, según Marín de Cubas, sucumbiendo finalmente al clavarle Pedro Martin Buendía su lanza en mitad del pecho. En la lucha resultó herido mortalmente Tinguaro, que fallecería dos días después en Taoro. La causa de la derrota isleña habría que encontrarla en la muerte de Bencomo, cuya noticia debilitó la resistencia canaria produciendo en sus filas un profundo desánimo…”. Aunque hay disensiones entre los estudiosos, podríamos decir que ese texto es el K2 de las narraciones de carácter heroico, instantes antes de que Canarias fuera España. Junto con la información de que “ Bentor, hijo de Bencomo se suicidó siguiendo el ritual guanche, despeñándose por la ladera de Tigaiga”. En cualquier discurso de corte nacio-independentista aparece el despeñamiento, que en todo sitio debe haber uno. En España destacan Despeñaperros y las cabras impulsadas al vacío desde el campanario de no sé qué pueblo del que no quiero acordarme.

Habrán ustedes escuchado hablar de la retroalimentación y también de la experiencia y aprendizaje vicario. Así, al leer en este mismo periódico que leen ustedes las documentadas informaciones de Enrique Bethencourt y Salvador Lachica sobre los vaivenes, cuitas y viejo barrio que tenés el alma inquieta de un gorrión sentimental, regurgité una vieja y no tan vieja teoría que siempre he mantenido: con la Transición y la estructuración de España en autonomías, algunos cuicos y espabilados aprovecharon para, a través de la subliminal manipulación y apología elíptica de la xenofobia sobre masas poco ilustradas y proclives al victimismo, construir nacionalismos políticos en regiones donde, salvo casos aislados y ajenos a la gran mayoría de la población, sólo existía idiosincrasia. Porque no es lo mismo un vocablo que otro. Vámonos al DRAE:

  • Nacionalismo: Doctrina que exalta en todos los órdenes la personalidad nacional. Aspiración de un pueblo o etnia a constituirse en ente autónomo dentro de un Estado.
  • Idiosincrasia: Rasgos y carácter propios y distintivos de un individuo o de una colectividad.

Para mi, el nacionalismo, tal como lo entendemos hoy, no puede tener otro fin último que el independentismo y la creación de un Estado, por más que las gargantas parlanchinas se limiten al eufemismo. La autonomía es una fórmula política evidentemente muy inestable porque siempre supone un freno y la reproducción de los más graves defectos de la metrópoli: ahí están la corrupción y el criminal endeudamiento. No puede existir nacionalismo alguno sin enemigo exterior. Si ese enemigo contra el que volcar la acción política – aunque en muchos casos sea fundamentalmente pedigüeña – no existe, no cabe el nacionalismo del que se habla, habla, habla … se refunda, se refunda, se refunda, se refunda … Por una simple fórmula matemática de reducción al absurdo. En cuanto a la idiosincrasia – lo que siempre hemos tenido en Canarias de manera relevante – es susceptible de variar, declinar e incluso desaparecer si no es culturalmente alimentada. Por ello y para poner un ejemplo, la RTVC – y las otras televisiones autonómicas del Estado de Partidos – no es más que un timo que se basa en utilizar el dinero público, el dinero de los ciudadanos, en beneficio de un nacionalismo tendencioso desideologizado y de oscuros y plurales tejemanejes de sobre, tarjeta y cartera. Hay programación en la que se invierte, que se realiza y que nunca jamás se emite. De sobra conocen los casos que por toda España investiga la Policía y estudian los jueces. En Canarias, ligados al mandato de Willy, Don Guillermo, Willy, como Director General. Ya comenté un día que sólo el 8% de la programación de las TV’s autonómicas se dedica a fomentar la cultura de la región, nacionalidad, nación, autonomía, como quieran, en donde están ubicadas. Su labor esencial es prestar apoyo a los que gobiernan, inocular mensajes y manipular conciencias.

Vela latina Canaria. ©Acfi-press

Vela latina Canaria. ©Acfi-press

Es tan obvio que el nacionalismo no ha servido a los ciudadanos, que basta poner sobre el papel, en este caso el virtual que nos ocupa, datos fidedignos e incontestables: Coalición Canaria obtuvo el pasado 20 de Diciembre de 2015 el peor resultado de su historia. Una información firmada por la agencia EFE tras terminarse el escrutinio electoral, dice: “ Coalición Canaria ha obtenido este domingo un único diputado, lo que supone su peor resultado en los 22 años de historia de esta formación política, que ha llegado a alcanzar un máximo de 4 de los 15 diputados que tienen asignados las dos circunscripciones provinciales. El descenso de Coalición Canaria no sólo se ha producido en el número de escaños, sino también en cuanto al número y porcentaje de votos, y ha perdido su tradicional tercera posición para situarse en quinto lugar, por detrás de PP, Podemos, PSOE y Ciudadanos”. Menudo nacionalismo. Por detrás de Ciutadans.

Enrique Bethencourt destaca las características del nacionalismo canario:

  • No está vinculado a elementos étnicos, seguramente por la historia de mestizaje de nuestro pueblo.
  • Todo parece apuntar que en el próximo periodo continuarán existiendo opciones con sensibles diferencias ideológicas y políticas.
  • El mejor resultado del independentismo canario lo obtuvo el CNC de Antonio Cubillo en 1987, con el 1,31% de los votos.
Lucha Canaria.

Lucha Canaria.

Añado que Canarias no tiene una lengua propia y que el nacionalismo rancio de CC está tocado del ala mientras que la Nueva Canarias de Román Rodríguez sube. A mi juicio por una razón: porque se aleja del ombliguismo cateto para ir más allá y contemplar a Canarias en el nuevo mundo globalizado y no desde posturas de corte excluyente, basadas en las tópicas y típicas sinrazones nacionalistas: xenofobia, mala formación y educación y falta de hospitalidad. Nada de ello forma parte de la idiosincrasia canaria. Todo lo contrario. Los nacionalistas, últimamente bajo el denominado Paulinato (hoy pacto con PP, mañana con PSOE), han caído brutalmente en apoyo popular. Y, lógicamente, no puede haber nacionalismo sin pueblo. Eso se llama oligarquía o caciquismo. Salvador Lachica en la entradilla de su trabajo La eterna refundación de CC destaca lo siguiente: “ El 20 de noviembre de 2011, cuando Coalición Canaria cosechó los peores resultados de su historia en unas elecciones generales, Ana Oramas afirmó que ese mismo día comenzaba la refundación del nacionalismo canario. Cuatro años y un mes después, tanto Oramas como los principales dirigentes del partido, apelan al mismo vocablo tras constatar que, con respecto a 2011, las urnas les han recordado que cualquier tiempo pasado fue mejor”. Por su parte, Enrique Bethencourt escribe: “ El nacionalismo canario no solo reduce su presencia en las urnas como pudimos apreciar en las elecciones generales de 2011 o en las recientes autonómicas de mayo: comicios estos últimos donde la subida de Nueva Canarias (NC) no compensa las continuas bajadas de Coalición Canaria (CC), que ha perdido más del 45% de su electorado en lo que va de siglo. También retrocede de manera significativa respecto a la presencia del sentimiento nacionalista en el conjunto de la sociedad. Según señalan los estudios sociológicos, se declaran solo canarios o más canarios que españoles casi un tercio menos de los que lo hacían en 2001”.

Son 23 años caminando hacia atrás como los cangrejos. Aunque los cangrejos caminan de lado. El nacionalismo canario – el de CC. Habrá que ver qué ocurre con NC – nos deja unos seis o siete puntos por debajo con respecto a la media nacional de los peores índices socioeconómicos. Comenzando, desgraciadamente, por el paro y la pobreza. Dicen algunos analistas que los canarios siguen queriendo mayor autogobierno. Pero destacan las cifras que los líderes nacionalistas y especialmente los de CC han caído como la manzana de Newton. A 9,8 metros por segundo. Insisto: como consecuencia de lo que se ha dado en denominar chocolate para todos en la conformación del Estado Autonómico, sobre la idiosincrasia se ha construido un Nacionalismo que no es nacionalismo sino otra cosa de nombre por poner. Así, paradojas como ésta son posibles: “ Entre 2011 y 2015 la reclamación de una autonomía más amplia pasa del 20,5% al 22,2%, siendo casi insignificante el aumento de los que reclaman el derecho a decidir (pasa del 2,8% al 3,3%)”.

Poco pinta Canarias en el contexto nacional, pero, por lo que parece, el personal no está ni por secesiones ni por nacionalismos al uso. A ver si Oramas, aparte de llorarle al monarca sobre Podemos y atribuirse una fuerza que no tiene, dice algo en toda la legislatura que ha de venir.

Menos da una piedra

No voy a decir ni diré que el llamado nacionalismo canario no haya conseguido nada porque menos da una piedra. Tampoco acudiré a los lugares comunes en torno al maltrato español. Sí insistiré en que los resultados electorales ponen de manifiesto que la sociedad civil no está de acuerdo en cómo van las cosas. Y no pide precisamente independencia sino una convergencia, si no con Europa, al menos con España. Felipe González dijo un día que daba igual si el gato era blanco o negro y que “lo importante es que cace ratones” – recogió la frase de Den Xiaoping -. González, el que ahora conspira dentro de la lerda socialdemocracia para que el PSOE no pacte con Podemos, puede bien servirme para acabar: el gato idiosincronacional no sabemos de qué color es – siempre hemos estado acostumbrados al rojo o al azul – pero ¿cazar? … eso, no. Cazar no caza nada de nada. Acaso gripe cuando llega el otoño. Los nacios (ojo con las vocales) se ponen el abrigo antes de abatir al oso. Eso sí, el minino – no el oso perezoso – sabe latín. Guanche, no – y conjuga de manera excelente unas cuantas palabrejas que vengo oyendo año tras año desde que acabé en la Universidad. ¿A que les suenan?: Ultraperificidad, Tricontinentalidad, Puente entre tres continentes, Portaviones en el Atlántico, Territorio fragmentado, Turismo de calidad, El mejor clima del mundo, Madrid tiene la culpa, África es nuestro mercado natural … Nada dice el naciocat sin embargo del Acuerdo Internacional de Comercio que se negocia en secreto y de la que se nos va a venir encima cuando Lagarde tome de nuevo la palabra en el FMI. Manden los nacionalistas, los centralistas o los sioux.

Epílogo: Hay que ver cómo se han llenado algunos el bolsillo convirtiendo idiosincrasia en nacionalismo light con la ayuda de mamporreros varios. Y sin necesidad alguna de colocar las siete estrellas verdes en la bandera. Para bandera, la de Soria.

Epitafio: Aquí yace tiesa CC. Para consultas sobre la identidad canaria, dirigirse a NC en el portal de al lado. Preguntar por un tal Román. En su defecto, también puede enviar un telegrama a Ana Oramas y encomendarse a la Candelaria.

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Del plasma a la cataplasma

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en la tribuna de oradores del Congreso. /EFE

Si Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos hubiera de afrontar hoy y a esta hora un análisis sobre la situación de España, estoy seguro de que olvidaría por una noche su hostilidad hacia Luis de Góngora y Argote – "Érase un hombre a una nariz pegado" – para comenzar el texto con el epitafio de Mariano Rajoy, presidente pusilánime y virtual de las Españas, descarado mamporrero del Fondo Monetario Internacional y Alemania ante la sociedad civil española, incapaz de llevar adelante un Estado con decencia (incluso con mayoría absoluta en el Congreso) y escurridizo ente virtual y oscurantista frente a la ciudadanía y los medios de comunicación. El epitafio hubiera sido: "Aquí yace un PPser que cagóla allá donde fue o permaneció”. Pero Quevedo Villegas hubiera sabido entonces, por entre finales del S. XVI y mediados del XVII, que de los Pirineos a Gibraltar pasando por la Sierra de Guadarrama, hasta los muertos pueden llegar a gobernar una sociedad extremadamente dividida e indolente que linda con el mundo de los zombies, salvo destacadas excepciones cercanas al pensamiento libre y alejadas del tertulianismo de pago y la basura de tinta, imagen y sonido. Yo mismo acabo de llamar al maestro del Conceptismo para advertirle que estos dimes y diretes que nos traemos entre manos pueden resultar errados o de una fugacidad fantasmagórica, dada la coyuntura que vive una esfera política que gira demenciada sin saber a ciencia cierta si logrará detenerse en alguna órbita o coordenada. No hay presente con el que se pueda prever un futuro. Todo es posible. Quiere esto decir que, al igual que el Cid Campeador ante la morisma, aún es posible que el impopular Rajoy se acomode otra vez en La Moncloa convenientemente embalsamado para dar más de lo mismo al personal. Para ello, las baronías socialdemócratas manejadas por Felipe Dios Mr. X – Susana y olé de por medio – deben encontrar de inmediato a un Bruto que liquide de fatal puñalada a Pedro Sánchez quien, en su particular limbo, aún cree que su partido es de izquierdas cuando no ha sido capaz de ejercer una oposición decente, optando siempre por el pactismo, las tragaderas y el consenso. Y lo que es aún peor y terrorífico: creyendo que eso es la democracia. No fue ninguna casualidad que Alfonso Guerra, aquel del hermano y su despacho con música de Mahler, dijera que Zapatero no era Zapatero sino que era Bambi, sentencia que todo el mundo pudo comprobar in situ o in extremis cuando, después de la inútil chulería de despreciar la bandera de EEUU en un desfile, basó su política en dos ejes muy bien definidos: el talante (?) y la sonrisa estúpida. A posteriori, sí viajó a Norteamérica para poder fotografiarse con Obama y parte de una tribu gótica en vías de desarrollo. La foto fue un éxito a escala planetaria, en competencia directa – tal vez a un nivel más bajo – con la de Aznar bajo el anticiclón de las Azores y las Azores mismas junto a Bush y Blair. Seguidamente y con el don de la oportunidad que posee, inventó la Alianza de Civilizaciones mientras aparecía el yihadismo cortando cogotes a destajo. Y, finalmente, desplazado de la Presidencia del Ejecutivo por Plasma Rajoy, se fue o, mejor, lo fueron, al Consejo de Estado. Un despropósito monumental. Aunque también Juan Luis Cebrián está en la Real Academia Española de la Lengua y que yo sepa aún no se ha detectado aluminosis chaquetera o idiocía alumínica en el edificio.

Si uno quiere exponerse al ictus, la embolia o el infarto fulminante, basta con escuchar en Canarias (una hora menos) a Chano Franquis manifestando que "el PSOE debe pactar con Podemos y Ciudadanos”. (Ciutadans apoyaría desde la Oposición) (?). Esas declaraciones dan una idea de la esquizofrenia que se vive dentro del Partido (no) Socialista (no) Obrero y Español (según y cómo). Ahí tenemos esa maravillosa cesión de senadores para la secesión, torpedo en la línea de flotación de Pedro sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. No parece muy probable ni posible que Albert y Pablo vayan de la mano a ningún sitio, salvo que llegue un buen cargamento de opio de Afganistán o el Juan Sebastián Elcano provea de cocaína a sus señorías – si está surtido el pañol de velas – y se organice una bacanal de espanto al estilo de las experiencias lisérgicas de Timothy Leary, cuyos restos, por cierto, andan vagando por el espacio a su aire. No. Pedro está en la imposible empresa de crear un nuevo partido cuando desde 1978 los socialdemócratas vienen dando gato por liebre a los españoles. Y los chinos, comiéndose los perros. Felipe González, sin embargo, está por apoyar a Rajoy “en beneficio de España”, cosa bastante graciosa si miramos para 1982 y años sucesivos y descubrimos que beneficios los únicos que hubo volaron al estilo pujolístico a paraísos fiscales y lo que aquí permaneció y creció fue una corrupción de escándalo, como bien señaló Raphael en su momento. Escándalo. Es un escándalo.

Albert Rivera y Pablo Iglesias. EFE/Emilio Naranjo

Albert Rivera y Pablo Iglesias. EFE/Emilio Naranjo

Lo último que he podido olfatear, y es posible que no sea lo último olfateable – en Éfeso todo cambia, todo fluye -, es que Rajoy llora por los rincones como la Zarzamora el rotundo No de Sánchez a la cohabitación antinatura y consecuente traición al electorado. Sánchez que, insisto, presume de izquierdas cuando lo que hay en su secta es un clientelismo desideologizado estructurado piramidalmente y en el que las autonomías juegan un papel fundamental. Rajoy, del plasma a la cataplasma. Y Pedro, tan cándido, tan poco maquiavelizado, tan Bambi II, quiere pactar con Podemos y con el PNV sin que parezca saber que desintegrará el partido, abducidas las huestes por Iglesias – la socialdemocracia no existe -, y que España quedará en una situación extremadamente compleja si los secesionistas se ven aprovisionados de combustible. Aún así, las cosas tampoco son tan claras ya que, en consecuencia con la primitiva estructura horizontal podemista, los de Iglesias, Errejón, Monedero y otros, no están por la formación de un solo grupo parlamentario. Puede que haya varios virreinatos dentro de la misma finca. Una olla de grillos si don Pablo no controla el asunto. Esperemos que la puesta en escena quede en el amamantamiento acaecido días atrás y ahora no aparezcan diputados con su mascota, sea perro, gato, hamster, iguana o serpiente pitón.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón. Y, de ese modo, mientras nadie habla de la sociedad civil y los gravísimos problemas que están por acaecer, ésta permanece atenta a un voy, viene, vaya, vete, vengo, vamos negociador que nadie sabe en qué acabará. Habrá consultas gratuitas de Felipe VI, a elegir sofá entre Zarzuela o Palacio Real, se expenderán recetas sin copago, se votará una y otra vez si no hay pacto PP/PSOE y, en caso de no conseguir un presidente aunque sea de segunda mano, podemos estar dos meses hasta la convocatoria de nuevas Elecciones Generales. El coste da lo mismo puesto que el dinero es público. O sea, de nadie. A mi, personalmente, me gustaría viajar hasta 1900, hasta la Universidad de Salamanca para hablar un rato con D. Miguel de Unamuno y saber cómo ha sobrellevado aquel “Me duele España” hoy de tanta actualidad en cualquier mente no perturbada. Y tal vez internarnos también junto a una tetera de Darjeeling en el existencialismo y los asuntos de Kierkegaard. O quizá, ya que prefiero hablar con los muertos que con los vivos, acercarme a El Cantillo, la casa de D. Ramón María del Valle Inclán, para ver si andan por allí Max Estrella, ciego de vista rizado de cabello, y Don Latino de Híspalis y, entre los cuatro, afrontar las horas que hagan falta para intentar entender qué clase de esperpento es esto que llamamos España que, al igual que en los años 20, está “degradada, desconsiderada con el pueblo llano y llena de corrupción”. Mi padre decía muy a menudo: “Esto no lo arregla ni el médico chino”. Pero, tal vez ahora, como los médicos son cubanos, haya alguna solución sin que todo vuele por los aires. La más visible en este momento: que Pedro Sánchez sea el muerto en el próximo entierro político.

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