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Trump impone los calzoncillos sobre las bragas

Donald, aunque responde al estereotipo del cowboy de medianoche, es más noble en el noble sentido de la palabra noble– que una Hillary a la que le gustan mucho los misiles

Lingham Trump se ha colocado en el Cañón del Colorado y disparará cuando le de la gana, siempre con el consejo del Pentágono regular, ya que si fuera irregular sería la Caja de Pandora

Ya veremos qué ocurre con el DAESH, con Irán, con Corea del Norte, con Siria, con Putin y si se monta un gran sarao o seguimos con el 'Swing de la Guerra Fría II'

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Donald Trump

Donald Trump

Charles Chaplin

“Todo lo que necesito para hacer una comedia es un parque, un policía  y una chica guapa”.

Orson Welles

“Muchas personas son lo bastante educadas como para no hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza vacía”.

Por mi vida, ¡Voto a la Santa Letanía! ¡Voto a las reliquias de Roma! ¡Voto a tal! ¡Voto a Bríos! y ¡Voto al Gaznápiro Verde!, que el gran Mississippi de papeletas en la geografía de las barras y estrellas ha desembocado en el obelisco de Trump y no en el delta de Hillary, de modo que la mayoría de los analistas y los creadores de opinión del sistema se tendrán que comer sus ditirambos con una Big Mac. La señora Clinton ha logrado evitar encontrarse con su esposo Bill – like a Buffalo Bill – en el famoso despacho oval / oral de la White House y tentar el aire de una estancia marcada para siempre por una de las pocas escenas famosas que no han salido de Hollywood: Levinsky arrodillada – sin ser negra – y Billy con los calzones en los tobillos y el trasero en la silla más poderosa del planeta. Nunca sabremos qué hubiera pasado. Ni siquiera consultando a Ana Rosa Quintana, a María Teresa Campos o a los parlanchines de la esperpéntica caja de plasma. Lingham Trump ha impuesto sus calzoncillos sobre las bragas de Yoni Hillary, así que se ha colocado en el Cañón del Colorado y disparará cuando le de la gana, siempre con el consejo del Pentágono regular, ya que si fuera irregular sería la Caja de Pandora. Y eso sí que no. 

Es muy cierto que Donald – el pato no, el presidente – se había desbocado en muchas ocasiones durante la campaña electoral. Como el gran jefe sioux Tasunka Witko (Caballo Loco). Porque e s de esos americanos que llevan traje y botas western y, a poco que se le suelte la lengua, parece un macho de Las Vegas con sus dos cojones por delante, capaz de llenar la Casa Blanca de conejitas del Play Boy o meterse en un casino con el Séptimo de Caballería. Pero creo que, aunque responde al estereotipo del cowboy de medianoche, es más noble - en el noble sentido de la palabra noble – que una Hillary a la que le gustan mucho los misiles. Y que nadie me acuse de machista por la forma fálica de esos bichos con cabeza nuclear en vez de glande. Los enteraos de siempre han acudido a los argumentos de siempre para descalificar al nuevo presidente norteamericano: es un populista y las bolsas han caído. Pero lo cierto es que se ha enfrentado a los tabús sin la buenista y represora corrección política y, al cabo, las bolsas suben y bajan como Cantinflas, sin que eso signifique mucho más que un estornudo. Particularmente, a mi me encanta ver a quienes se rasgan las vestiduras y auguran grandes catástrofes, porque pienso que el mundo estará mucho más tranquilo con Trump que con Hillary. De entrada –creo, y puedo equivocarme porque me encanta el country– se entenderá mejor con Putin que una señora que lleva marcado en la frente el odio a los rusos. Eso sí, no lo tendrá fácil el señor Donald en estos tiempos en los que se baila el swing de la guerra fría II. In the mood, como Glenn Miller. Deberá moverse en el filo del cuchillo y, si pasa por Dallas, mirar bien a las ventanas de las casas.

Twit de Pedro Sánchez anunciando apoyo a Hilary.

Twit de Pedro Sánchez anunciando apoyo a Hilary. Twitter

Todo este tiempo en que el planeta ha estado muy nervioso con la campaña electoral norteamericana y los analistas hacían las preceptivas quinielas, yo he estado muy tranquilo. Siempre tuve a Heráclito por amigo – vivíamos en Éfeso puerta con puerta – y sé que todo pasa, todo fluye. Así que he adoptado un cierto determinismo taoista y sigo escribiendo con la intención de hacerlo hasta que deje de respirar. Bien por una aparición mariana en Hispania – al estilo Pitita Ridruejo - bien a causa de nubes radiactivas generadas por un caliente cruce de palabras entre dos o más exaltados. Una cosa sí debo comentar y que cada uno me llame lo que quiera. Veía yo con mi propia miopía que Hillary y Trump estaban muy igualados y que el resultado no era predecible. Pero, de repente, cómo si me hubiera caído del Rocinante de Pablo de Tarso, se hizo la luz ante mis ojos y vi. ¿Y qué vio usted? Pues vi, con uve porque el que ve con be poco ve, que el nuevo presidente de los EEUU sería el señor Trump. Razón: Pedro Pedrito Sánchez, enviado por Dios al nuevo mundo tras echarlo a patadas de la socialdemocracia pesoísta, se había incorporado a los USA para ayudar, como caballero de la tabla cambada, a la dama Clinton a llegar donde quería llegar. Y no llegó porque resultó gafada. Pedrito tiene una piedra. Y no lo digo yo, que ya lo manifestaban los griegos: Petrus. Petrus posee litos político-renales que le provocan múltiples cólicos frenéticos. Pero por ahí no sigo, que el tema es propio de la investigación y la ciencia médica. A ver qué nos cuenta cuando vuelva ese analista de prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras. Nuestras, que son de los norteamericanos y la OTAN, porque no puede ser de otra manera y además es imposible.

Grabando, que es gerundio

Y mientras, al otro lado del Atlántico, estaban unos cantando y otros llorando – fundamentalmente los latinos - aquí, dónde los barrancos se precipitan al mar construyendo impresionantes paisajes de lava, pinos y cardones, andaba yo casi sin poder andar – no por lumbago sino por espanto – a cuento del ya famoso culebrón denominado Albagate, que no es puerta al amanecer sino una colección de tejemanejes en el mundo de la justicia o la injusticia, vaya usted a saber. Resulta que el asunto y su trasunto vienen ya de muy lejos y de pelotita de ping pong ha pasado a pelota para Pilates – es preciso lavarse las manos, claro – cuando, tras seis meses de ceguera o mirada a los celajes, el Consejo General del Poder Judicial se da por aludido y abre expediente disciplinario al juez Alba, aunque no lo suspende. De tal modo que la verdad queda en suspenso y también en suspense, hasta que baje Zeus y lo vea. No voy a contar toda esta historia por dos razones: a) Aunque me gustan las películas de serie negra, detesto el culebrón bananero. b) Porque en la hemeroteca de este diario y sin moverse de su butaca pueden recorrer ese espacio de la galaxia que ha convertido a Alba en juez estrella. No como Garzón y Elpidio, que lo eran metafóricamente, sino con rotundidad: pertenece al mundo del espectáculo y el arte. Lo digo, ya lo sabrán, porque grababa conversaciones de y con sus compañeros, fueran castrattos, tenores, barítonos o bajos. De ahí que estemos ya muy cerca del primer juez Dj o diyei. Es decir, que hace su propia música y el personal baila .

En medio de todos los voy, vaya, vete, dame, toma, coge, digo, escuché, me comentaron, nos enteramos de la existencia de un axioma: “Todas las rumanas son putas”, axioma que no tiene nada que ver con el estudio del romanismo o románico. Porque el arco era de medio punto y no de medio puto. De otro lado, me parece una jugada muy fea decir eso de que todas aquellas féminas son unas zorronas, cuando Nicolae Ceausescu regaló a Santiago Carrillo un Cadillac Sedán blindado en febrero de 1977, tras una cumbre eurocomunista en la que participaron Georges Marchàis y Enrico Berlinguer. Quién eso afirma, no sólo nos ha colocado ante un problema diplomático sino que, además, ha dejado expresado de manera contundente y abierta a los españoles que si están casados con una mujer rumana, lo están con una puta. A mi juicio, alguien debería romperle la boca, pero como yo no pertenezco al mundo de la Justicia, actúen como si nada hubiera dicho.

Los jueces de la Audiencia de Las Palmas Emilio Moya (c), Salvador Alba (i) y Carlos Vielba (d)

Los jueces de la Audiencia de Las Palmas Emilio Moya (i) y Carlos Vielba (d) EFE/Elvira Urquijo A.

Y ya que, gracias a estos jueces tan selectos y sus conversaciones constructivas y de alto nivel, hemos llegado a la esfera de las meretrices o cucas volonas, recuerdo que en una ocasión quedé muy sorprendido ante un descubrimiento que no esperaba y que hizo que me preguntara si la Justicia no será más una cuestión de genitales que de justicia en si misma. Me explicaré, acogiéndome a la etimología y al placet que me otorga considerar que donde hay putas debe haber por obligación genitales masculinos. O no funciona el negocio, más gente al desempleo y problemas en el CIS para maquillar las encuestas. De las pocas cosas que no he hecho en periodismo es cubrir asuntos relacionados con los Tribunales. No me llama la atención ese área. Pero he tenido compañeros apasionados por la cuestión y que realizaban excelentemente su cometido de informar. No obstante, estaba un día con algo relacionado con alguien – no todo me cabe en la memoria – que debía testificar. Y me dije a mi mismo sin que escuchara nadie más que yo: lo de testificar suena a testículos. Una osadía sin base que luego me dio que hablar y ahora que contar. Resulta que, una vez más, tenemos que acudir al Imperio Romano – otras veces a la Grecia Clásica - para enterarnos de lo que vale un peine. Porque las lenguas muertas nunca mueren y están vivas en las vivas lenguas que hablamos. Resulta que los ciudadanos de la Roma Imperial, cuando acudían al foro como testigos y debían hacer declaraciones, juraban decir la verdad de un modo muy peculiar: escenificaban la liturgia de tocarse los genitales con la mano derecha en señal del mayor compromiso al que se podía llegar. Aún hoy es fácil encontrar a alguna persona que, para reforzar una aseveración o la voluntad de emprender una determinada acción señala: ¡Por mis cojones!

El juez Salvador Alba en el juicio a Juan 'El Rubio'

El juez Salvador Alba en el juicio a Juan 'El Rubio' Alejandro Ramos

Los historiadores destacan que la virilidad era prueba de reafirmación y verdad en el Derecho Romano y los lingüistas advierten que la palabra española testigo viene del latín testificare (testis y facere) y que el vocablo latino testiculus significa testigo de virilidad, ya que procede de testis y culus. Testis, testigo, y culus, pequeños. Luego, la palabra testículos quiere decir “pequeños testigos”. Así, los romanos juraban por lo que más apreciaban – no por Dios, Patria y Rey – sino por sus atributos sexuales. Si nos pusiéramos en plan cursi, diríamos “por mis pequeñas bolitas” y, si no somos tan meapilas, diremos: “Por mis testículos”, “Por mis huevos” o “Por mis cojones”.

Existe, por parte de otros historiadores, una teoría bastante más compleja ligada a la papisa Juana, una mujer que llegó a ser Papa haciéndose pasar por hombre. Engañó a todo el mundo hasta que quedó embarazada y dio a luz en plena vía pública, como la madre de Edith Piaff. La leyenda, porque nadie puede afirmar con rotundidad que ese cuento vaya más allá de la leyenda, dice que la multitud enfurecida la asesinó. Como consecuencia de ello, allá por el año 858 más o menos, la Iglesia decidió comprobar manualmente que sus Papas eran Papas de verdad y no Papisas. De modo que el Vaticano realizó el encargo a un escolástico de que examinara, utilizando la función táctil, los testículos de cada nuevo pontífice, a través de una silla perforada. Si todo estaba bien, debía pronunciar una sentencia: Duos habet et bene pendentes”, que en español significa: “Tiene dos y cuelgan bien”. Una prueba un tanto violenta pero que ni de lejos llega al tacto rectal que se aplicaba a los varones para comprobar si la próstata estaba en condiciones.

Y luego quieren cargarse el bipartidismo. Dos candidatos optaban a presidir EEUU y dos testículos, a derecha e izquierda, para constituir los cojones. Nada hay nuevo bajo el sol que, cuando sale, define al rocío el amanecer o alba. No está claro si el CGPJ le tocará las criadillas al Juez grabador –no precisamente de tablillas sumerias– por sus peculiares actuaciones artísticas, o triunfará el corporativismo. Pero está claro que, como en todos los culebrones –también en el Albagate– el epicentro del terremoto está en la entrepierna.

Prueba de virilidad realizada al Papa Inocencio X

Prueba de virilidad realizada al Papa Inocencio X Wiki

Epílogo

Los cojones del cura de Almendralejo, le pesan veinte arrobas sin el pellejo.

Los cojones del cura de Argamasilla, que al andar le sonaban a calderilla.

Los cojones del cura de San Segundo, que no los hay iguales en todo el mundo.

Los cojones del cura de Tarancón, que abulta cada uno como un melón.

Los cojones del cura de Valdemoro que los cuida su dueño como un tesoro.

Los cojones del cura de Villalpando, los llevan cuatro bueyes y van sudando.

Al cura de Villarejo de Salvanés, le llegan los cojones hasta los pies.

Los cojones del cura de Almendralejo, le pesan veinte arrobas sin el pellejo.

El cura de Morata de Tajuña se rasca los cojones con la uña, pero en cambio el de Arganda se pisa los cojones cuando anda.

¡Rediós, y qué locuras hacen con los cojones estos curas!

(Camilo José Cela. Diccionario Secreto)

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