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Envalentonan a Negrín

El presidente del Consejo Rector de la Radiotelevisión Canaria es activado en pleno agosto por el equipo médico habitual de Clavijo ante el temor justificado de que este Gobierno se quede sin poder cumplir sus compromisos. Incluidos los cochinos

El Gobierno ha nombrado jefa del Servicio de Inspección de Medios de Comunicación a la funcionaria a la que, bayoneta en ristre, pusieron de secretaria del Consejo Rector para dar apariencia de buen derecho al desaguisado

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El presidente del Consejo Rector de Radiotelevisión Canaria, Santiago Negrín, durante su comparecencia hoy en comisión parlamentaria para hablar de la crisis de RTVC tras la dimisión de dos miembros del Consejo Rector.

El presidente del Consejo Rector de Radiotelevisión Canaria, Santiago Negrín. EFE/Cristóbal García

28 de agosto, 17:30 horas de la tarde. Demasiado calor, demasiada modorra como para ponerse resolutivos. Algo se tomó el presidente del Consejo Rector de la Radiotelevisión Canaria, Santiago Negrín, para activarse tan rápidamente. Quizás un café con hielo. Desde el Gobierno le dijeron que era el momento. 28 de agosto, a punto de finalizar el periodo vacacional por antonomasia, la ocasión precisa para coger despistados a los últimos en regresar y a los primeros en marcharse. “Santi, activa la bomba”, le dijeron desde Presidencia del Gobierno, donde ya sabían que Podemos y Nueva Canarias habían iniciado los trámites para echarlo como agua sucia antes de que termine el mes de septiembre. Y sustituirlo por la enemiga pública número uno de esa componenda, María Lorenzo, designada por el PSOE, partido que habrá de sumarse a la oposición para el majo y limpio.

Santiago Negrín se puso las pilas de inmediato. Ya sabía lo que tenía que hacer en cuanto se lo indicaran: avisar a los precarios miembros del Consejo Rector de que él, por su cuenta y riesgo, sin encomendarse a las más elementales reglas de decoro legal y político, sin quorum ni respaldo, sin aval jurídico, tramitará el concurso de prestación de servicios informativos de la Televisión Canaria, es decir, el contrato más caro del ente. Y además, el compromiso más fuerte del presidente Clavijo, adquirido antes incluso de ser ungido candidato a presidente en detrimento de Paulino Rivero, al que hace tiempo ha hecho bueno.

Clavijo y los suyos saben perfectamente que a partir de que se inicie el periodo de sesiones en el Parlamento de Canarias, Coalición Canaria va a tener muy difícil no solo llevar adelante cualquier iniciativa legislativa (lo que les importa una higa después de haber aprobado la Ley del Suelo), sino lo que es peor, gobernar a su libre albedrío y responder a los compromisos que tiene contraídos. Su prepotencia para con el Partido Popular la van a pagar muy cara porque los de Asier Antona no parecen muy dispuestos a volver a asumir el papel de “medianeros” que Coalición Canaria les tiene reservado. Como hizo con el PSOE, y el PSOE asumió, para vergüenza de la tradición socialista.

Porque a partir de estos momentos se abre en el Parlamento de Canarias, y por lo tanto en la política de esta asirocada nacionalidad (y olé) un interesante periodo en el que habrá de ser la oposición la que gobierne y decida el camino que han de tomar las cosas.

Y en lo que concierne a la Radiotelevisión Canaria, ya pueden los partidos de la oposición ponerse de acuerdo urgentemente para neutralizar las intentonas nada pacíficas de este presidente del Gobierno y de sus mariachis.

Lo que pretende ahora Clavijo es que Negrín publique de inmediato en el Boletín Oficial de Canarias los pliegos y los anexos del referido concurso de informativos antes de ser conocidos por el Consejo Rector de RTVC y, por supuesto, sin el aval de este órgano, donde hace ya algunas semanas que su presidente está más solo que la una.

Porque el representante del PP, Alberto Padrón, que durante demasiado tiempo le sirvió de muleta y de compañero de cócteles, ya ha empezado a ejecutar las indicaciones de su partido, ésas que le dicen que no se puede admitir que un presidente que tiene un límite (incluso presupuestario) en sus decisiones, un presidente de facto defenestrado que, como mal menor, podrá quedarse de consejero del ente, se líe la manta a la cabeza y se convierta en una especie de presidente de la Reserva Federal disponiendo de todo aquello que le es legalmente vedado.

Todavía no se conocen esos pliegos del concurso de Informativos de la Televisión Canaria pero todo el mundo da por hecho que dibujan un retrato robot de la empresa o empresas a las que Fernando Clavijo quiere colocarles ese negocio de 18 millones de euros al año.

Si el Partido Popular no lo va a seguir apoyando en el Consejo Rector y el respaldo a Clavijo en el Parlamento se reduce a sus escuálidos 18 diputados y a los tres que circunstancialmente le aporte la Agrupación Socialista Gomera (Aserejé, en sus más populares siglas), ¿qué demonios pretende Fernando Clavijo lanzando a la fosa de los cocodrilos a este incauto presidente de la Radiotelevisión Pública?

La respuesta es muy sencilla, a la par que primaria: de perdidos, al río. Si Clavijo y su equipo médico habitual saben que no podrán volver a gobernar con holgura, las respuestas han de ser a la desesperada, confiando en que sean los golpes de suerte o la desidia de la oposición los que finalmente les conduzcan al éxito.

Pero basta con analizar la realidad para concluir que el margen de maniobra es realmente inexistente y que, para colmo, sus hechos les delatan. Que José Miguel Ruano, el portavoz parlamentario de Coalición Canaria, se haya atrevido este lunes a poner sobre la mesa la ausencia de bragas de una presentadora en unas campanadas de fin de año como palanca para echar a la consejera del PSOE que amenaza con convertirse en próxima presidenta del Consejo Rector de RTVC es una pollabobada que clama al cielo.

Malo sería obviar el descaro con el que los servicios de agitación y propaganda del presidente Clavijo colocaron a una funcionaria de la Comunidad Autónoma como secretaria eventual del polémico Consejo Rector de RTVC. El Boletín Oficial de Canarias de este lunes lo explicaba todo clarísimamente: la empleada pública ha sido designada nueva jefa del Servicio de Inspección de Medios de Comunicación, a las órdenes directas del viceconsejero de Comunicación, José Luis Méndez, al que se atribuye la autoría intelectual de muchas de las ocurrencias del presidente Clavijo.

Esa letrada se entrevistaba con el propio Méndez y con uno de los más cercanos asesores presidenciales, Ceferino Marrero, para acceder a la plaza que ahora le dan en el momento justo en el que estallaba la penúltima bomba en el Consejo Rector de RTVC. A la letrada la convencieron para que, previa designación como jefa de servicio, actuara coyunturalmente en el ente RTVC dando apariencia de legalidad a las burradas de Santiago Negrín. La señora aceptó el órdago, pero el favor ya acabó, lo que significa que el órgano decisorio de RTVC vuelve a estar desasistido legalmente, justo ahora que su presidente se echa al monte con el concurso de Informativos.

¿Es posible algo peor? Pues sí. El grotesco panorama que presenta esta televisión pública se complica con los datos de audiencia. Clama al cielo que un gasto público de más de 30 millones de euros solo sirva para que esa tele la vean unos pocos canarios, menos del 5% de todos los que ven la tele cada día. Pero más patético resulta comprobar que ninguno de los programas pagados con dinero público consigue registros como los que alcanza uno que se emite gracias a patrocinadores privados. El líder de audiencia de este agosto ha sido Somos Costeros, un espacio que supera el 6% de audiencia media y que no está pagado con los fondos de la cadena sino por una naviera que opera en Canarias. Surrealismo mágico, lo llamamos algunos.

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