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TODOS QUERRÁN SER DEL PP DE MAYORES

Menudo martes el que nos dió el Partido Popular canario, no ya por las suculentas declaraciones de Soria a la Ser, ampliamente comentadas en este periódico por delante y por detrás, sino por otros efectos colaterales derivados del hecho mismo de s

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Menudo martes el que nos dió el Partido Popular canario, no ya por las suculentas declaraciones de Soria a la Ser, ampliamente comentadas en este periódico por delante y por detrás, sino por otros efectos colaterales derivados del hecho mismo de ser del PP, patriota constitucional y de centro reformista. La primera alegría nos la dio Tomás van de Walle, al que parece que la policía le tiene cogida la matrícula por haber gastado más de lo que declaró en fechas tan impropias como las que siguieron a ciertas operaciones urbanísticas de sus tiempos de consejero de Política Territorial. La exclusiva de Canarias 7 fue seguida por unas llamativas declaraciones del interfecto en Radio Atlántico. Allí se defendió como pudo y dijo para concluir que es normal que gaste más de lo que gana porque, sencillamente, es rico desde que nació y él no tiene la culpa de que el mundo le haya hecho así. La segunda alegría de centro reformista nos la dió el concejal de Personal del Ayuntamiento de Soria (provincia de Las Palmas) que se permite el lujo, a decir de los Cocos, de conducir sin seguro obligatorio y hablando por el móvil. Nada que objetar al respecto, que muchos cristianos lo hacen y tampoco se ponen colorados. Lo bonito de Fernando Martín Mönckemöller es que el hombre hizo valer su condición de concejal y la suerte que tiene de tener grabado en su móvil el teléfono del jefe de la guardia presoriana, Javier Henríquez, al que llamó para librarse de la multa y de la grúa. Una pasta, todo hay que decirlo, además del escarnio que supondría sacarle una foto retirando el coche del potrero. Aunque bien pensado, peor le ha salido el tiro reformista porque gracias a su acción ahora no sólo nos hemos enterado todos sino que, además, el incidente nos permite situar al concejal de Personal en ese selecto club de cargos públicos del PP que hacen lo que les da la real gana porque tienen derecho a hacerlo y porque, como dijo Soria este mismo martes, "las consideraciones éticas hay que dejarlas para cada cual". Lo dijo refiriéndose a Jorge Rodríguez, al que defendió Soria con tanto afán que hasta se nos partió el corazón. A veces no entendemos la fuerte carga de regeneración que trae consigo el centrismo reformista, y así nos van las cosas.

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