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¿A dónde vas, Fumero?, ¡que te riscas!

El secretario general del PSOE de Tenerife se autoproclama número dos al Parlamento sin pasar por los conductos reglamentarios

Está imputado por un presunto delito ambiental y, por lo tanto, discrepa de la doctrina socialista de apartar a los sospechosos

Narvay Quintero, apartado a última hora de la carrera de AHÍ al Cabildo herreño, en favor de Belén Allende

Los vecinos de Vegueta también quieren cariñitos; y los de Las Torres se llevan por delante al can de la Policía Canaria, cada vez más desarticulada

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 Los dirigentes del PSOE de Tenerife y del PSOE de Santa Cruz de Tenerife, Manuel Fumero y Patricia Hernández, respectivamente, informan en rueda de prensa sobre su gestión en las instituciones.

Manuel Fumero junto a la candidata del PSOE al Gobierno de Canarias, Patricia Hernández.

Al secretario general del PSOE de Tenerife le queda muy grande el cargo. Algunos ya lo advirtieron cuando en el último congreso insular, una mala jugada de los hombres de Paco (Spínola) lo colocó en la cúspide junto a Rafael Yánes, para que ambos demostraran la inexorabilidad del principio de Peter: ambos podían haber sido muy buenos alcaldes (con serias dudas), pero cuando se les promocionó a puestos de mayor responsabilidad, demostraron su máximo nivel de incompetencia. Durante el mandato de ambos, el primero como secretario general y el segundo como presidente, el PSOE tinerfeño ha vuelto a las andadas, al estropicio y a los bandazos permanentes, a los desafíos chirriantes, a las deslealtades y a las componendas. Todo pareció calmarse cuando los que realmente mandan en ese partido, que no son ni Yanes ni Fumero, consiguieron que Patricia Hernández se convirtiera en la candidata presidencial y en evidente aspirante a remover de la secretaría general de José Miguel Pérez (que ahí sigue todavía) para recuperar para Tenerife el poder orgánico. La euforia por lo que consideran victoria propia les ha llevado nuevamente al derrape, y  como les veníamos advirtiendo aquí desde hace semanas, a creerse los grandes dirigentes que Canarias estaba esperando. Hasta ayer mismo sabíamos que Manolo Fumero quería ser el dos de Patricia Hernández al Parlamento por Tenerife, pero jamás se nos pasó por la cabeza que pudiera tener la ocurrencia de autoproclamarse candidato sin haber pasado por los órganos correspondientes, en los que tendrá serias dificultades para pasar el corte. Quizás por eso se lanzó a dar por sentado en un programa de Onda Tenerife que no va a repetir como candidato a la alcaldía de Vilaflor porque será candidato al Parlamento. La noticia produjo estupor en las filas socialistas, y no solo por la extemporaneidad del anuncio del alcalde chasnero, del que solo se conocía hasta ahora su predisposición, sino por la extendida opinión de que no cumple en absoluto con el perfil requerido para un puesto así: ni es candidato con el tirón electoral necesario, ni es un político que pueda contribuir de modo interesante a la conformación de un grupo parlamentario sólido que muy probablemente no supere la docena de diputados.

 

 

 

Además, imputado

Doce años de alcalde de Vilaflor no han servido para que Manolo Fumero se haya impregnado del noble arte de la prudencia y de la humildad, una debilidad a la que contribuyó sin duda que le invistieran secretario general por pura carambola en una campaña que tenía muy poco de pro y bastante de anti, anti Javier Abreu, para entendernos. Su situación dentro del Partido Socialista no puede calificarse de privilegiada porque forma parte de ese grupo de cargos públicos sobre los que recae actualmente la maldición de una imputación judicial. De ahí que su atrevimiento de autoproclamarse número dos de la lista de Patricia Hernández pueda pasar a calificarse de auténtica aberración política. La justicia lo tiene imputado por un delito ambiental denunciado por ATAN, la organización ecologista más temida en Tenerife que no suele disparar con pólvora mojada. Todo por haber habilitado unos terrenos en suelo rústico como punto limpio para residuos especiales, algunos de los cuales, contaminantes por más señas, fueron quemados allí y sus cenizas enterradas en suelos agrícolas de Vilaflor. Su condición de imputado le ha llevado a capitanear una campaña en favor de sus compañeros y compañeras en igual o similar situación y, por lo tanto, oponiéndose al Código Ético federal del PSOE, que aparta a los que tienen una imputación grave o un juicio en ciernes ya abierto por un juez o jueza. “Es muy fácil imputar a un político o a cualquier persona, y si ninguno se pudiera presentar, nos quedaremos sin muchos valores políticos que han trabajado por este partido, por nuestra ideología y por los ciudadanos durante muchísimo tiempo”, declaró el pasado noviembre al Diario de Avisos.

 

La misma teoría que Soria

Resulta curioso comprobar que el secretario general del PSOE en Tenerife tiene sobre las imputaciones judiciales la misma teoría que José Manuel Soria, presidente del PP en Canarias. Repasemos sus declaraciones al Diario de Avisos en noviembre pasado: “La imputación en este país parece que tiene connotaciones muy malas, pero en realidad la imputación lo que hace es garantizar el derecho a defenderse” [una obviedad que compartimos] y reivindicó “la presunción de inocencia” en todos los casos hasta que dictaminen los jueces [lo que obligaría a esperar por las sentencias firmes]. A renglón seguido, Fumero dejó claro que si en el PSOE hay “golfos y corruptos, hay que echarlos a la calle”. Pero insistió en que hay que analizar caso por caso: “En el partido tenemos herramientas y abogados para ver el destino que tiene cada imputación”. Pero resulta que su partido tiene un Código Ético que respetar, y por mucho que en algunos casos pueda resultar doloroso, e incluso injusto o excesivo, se trata de la altura en la que el PSOE ha puesto el listón. El ejemplo más cercano lo ha comentado el propio Fumero al tratar de defender a la consejera de Medio Ambiente del Cabildo, Guadalupe Mora, sobre la que ya pesa un auto de apertura de juicio oral por unos sucesos ocurridos durante su etapa en el Ayuntamiento de El Rosario. Se le acusa de permitir unas obras de manera ilegal, y entró en el paquete de los que votaron a favor de un acuerdo avalado por los técnicos. Es más que probable que pueda salir absuelta de este trance, pero las normas son las que son y hacer excepciones volvería a meter al PSOE en la espiral que en estos últimos años le ha conducido a ser confundido –a veces con razón- con el PP.

 

Belén le echa la pata por delante a Narvay

Hasta muy pocos días antes de que se reuniera la asamblea de la Agrupación Herreña de Independientes, la histórica AHI que fundaran con notable éxito los Padrones, todo el mundo en El Hierro daba por hecho que el candidato al Cabildo el próximo mes de mayo iba a ser Narvay Quintero, exitoso senador y uno de los jóvenes políticos emergentes mejor valorados en Canarias. De hecho, se le consideraba “el candidato de consenso”, pero algo ocurrió en el seno de la organización para que, de repente, se pusieran sobre la mesa no una sino dos candidaturas alternativas, la de Belén Allende, actual portavoz de la AHI en el Cabildo,y David Cabrera, alcalde de Frontera y presidente del partido. Esa irrupción repentina motivó que Quintero se retirara y que se frustraran todos los planes de llevar a los otros dos candidatos de dos y de tres en la lista. Ninguno de los dos cedió y se votó que fuera Belén Allende al Cabildo y Cabrera al Parlamento. Dicen en AHI que Quintero, que ni siquiera quiso que lo propusieran a la Cámara regional (es incompatible con el Senado), ha encajado el golpe y que apoyará a la combativa Allende, que muy probablemente ganará las elecciones sin tener garantizada la presidencia por el acuerdo que ya sostienen el PP y el PSOE para la presidencia del socialista Alpidio Armas. Ahora se abre el proceso para completar las listas con la esperanza de obtener dos parlamentarios regionales que las encuestas dicen que la AHI puede alcanzar.

 

La Policía Canaria se queda sin su can

Hay noticias que se lo ponen a huevo a cualquier escrutador de la actualidad, que es lo que intentamos ser en esta sección con desigual fortuna, ya saben. La de nuestro compañero Iago Otero sobre la desarticulación del comando perruno de la Policía Canaria es una de esas noticias que te permite hacer algunas comparaciones –sí, generalmente odiosas- con otros acontecimientos recientes y, con un poquito más de perspectiva, con otros que van camino de producirse, o que deberían producirse. Que las quejas vecinales generadas en los aledaños de una urbanización industrial, como es la de Las Torres, en Las Palmas de Gran Canaria, hayan desembocado en que le devuelvan el perro de la Policía Canaria (el único perro, al parecer) al generoso dueño que lo donó para quitárselo de encima, da para unas cuantas especulaciones. La primera, referida a las informaciones que hablan de que el chucho 1) estaba fuera de combate, lo que ya tiene muchos bemoles, sobre todo si tenemos en cuenta que fue cedido por la Policía Local de la ciudad; 2) estaba en un habitáculo muy reducido, que ya son ganas de mortificarlo dado el amplio espacio del que gozan esas dependencias policiales, que costaron un ojo de la cara y la yema del otro, y  3) que no paraba de ladrar, lo que deja en muy mal lugar a sus cuidadores. A los vecinos de Las Torres les hicieron caso y han conseguido quitarse de encima esas molestias perrunas, como hizo caso el Ayuntamiento a los vecinos bolivarianos (de Simón Bolívar, 5) hasta el punto de comprometerse a pagarles unos gastos que a día de hoy siguen sin ser aclarados del todo y que ya han provocado que los de Vegueta pregunten por lo mismo. Ya se sabe que cuando se abre la puerta a los agravios comparativos, puede pasar una manada de elefantes. Pero lo del perro no afecta tanto al Ayuntamiento como al Gobierno de Canarias, creador y mantenedor de ese cuerpo de la Policía Canaria llamado a su total desarticulación o, si se pudiera o pudiese, a cumplir con las funciones que estatutariamente tiene asignadas y, en un futuro, a ser aglutinador de la coordinación de las policías locales de la región. De momento ya no tiene perros, ni oficiales cualificados, ni equipos de montaña… y una credibilidad bastante precaria. Como apunte marginal y para alimento de insularistas, resulta elocuente que el can que se da de baja en el cuerpo lo sea en la isla de Gran Canaria: lo que habría disfrutado con el percance un editorialista que por desgracia ya no está entre nosotros.

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