La portada de mañana
Acceder
El Supremo ordena suspender el voto de 163.020 españoles
Análisis - 'Colau cambia de planes hasta recoser parte de la izquierda', por Neus Tomàs
Opinión - 'Mucho frente y poco amplio', por Esther Palomera

El gol de Gallego resucita el ánimo del Tenerife

El Tenerife necesitó una bofetada temprana del Girona para evitarse la caída a los primeros infiernos de la Liga. Timorato para defender una vuelta de sesenta metros tras perderla Dani Fernández en su calle, se agarró a un gol de Enric Gallego —golazo tomado también el pase preciso de Nacho Gil— y recuperó la versión que le dio nueve puntos muriendo el verano.

Lo de Gallego y su dulce ocaso sirvió como estimulante para un equipo que con el empate —y un rato antes— recordó qué le hace competitivo. Sin los medios titulares en el once, fiado al debut de Pitton desde el arranque y sin el Fabricio sobresaliente del curso pasado, el grupo de Cervera fue creciendo desde la pelea en los duelos —mordiendo cada pugna como si fuera la última— y le trabó el partido a los rojiblancos, un equipo tan dotado al pie como frágil corriendo hacia detrás o defendiendo por delante del área.

El 1-1 acallará por unos días a los que esperan a Cervera desde volvió a la Isla y a los que no perdonan a Dani Fernández ni el corte de pelo que luce. Sin Chapela ni Víctor Moreno a la vista y con Valentín —como luego se vio— completando su pretemporada otoñal, le colgaron al chico los galones y el carril del siete.

Y le salió un partido aseado, un toreo más cerca de la madurez en cuanto descubrió —originando una pérdida que dio alas al Girona y mal defendieron Fabricio antes, León después con un despeje tibio y David solo académico cuando Asprilla ya olía sangre y el 0-1— que yendo de cara al toro iba directo a una cornada.

El gol del Girona silenció al Heliodoro, hizo pensar que se venía un drama de los que gustan a los birrias agoreros y obligó a Cervera a desagallarse corrigiendo posiciones aquí y allá. Por el camino, Dani huyó de las tablas, buscó subalternos que aquietaran al morlaco que le tocó en suerte y de un cambio de juego sin mayor apariencia de peligro —al cabo, un síntoma de madurez competitiva del muchacho— se vino lo de Gallego.

Dani tiró una diagonal de veinte metros, de fuera adentro, que agarró a los medios del Girona destensados, amables. La puso mansa a la calle del once, predio que en el Tenerife solo es propiedad de Nacho Gil, y al valenciano le bastaron dos toques y una conducción corta para servir un pase al área, justo donde los centrales ya han perdido la espalda cuando quieren corregir y el portero está vendido. A la caza del premio llegó —la duda sobra— este Enric Gallego y uno de esos cabezazos que solo pueden acabar con el balón bajo la red. Amén.

Recuperado del golpe, el Tenerife todavía concedió otra oportunidad al Girona para irse por delante antes del descanso. Álex Moreno volvió a sembrar el caos de la nada con una pelota medida al área chica que agarró a los centrales descolocados y a Abel Ruiz librado para rematar a dos metros del portero. Dani Martín respondió con un rechace y la segunda jugada murió con un despeje pifiado que se quedó Pitton para provocar una falta de canchero.

De vuelta de la pausa, Cervera gastó siete minutos inexplicables hasta convenir en la oportunidad del regreso de Jesús Álvarez por el amortizado Fabricio. Lo que vino luego fluyó, naturalmente, por la ganancia del cambio, ahora ya sí el equipo con un ocho convencido de su criterio y adaptado a lo que exige esta Liga.

El Tenerife creció desde la confianza, encimó lo que no en Castellón y Córdoba, le duró más el balón y aparecieron más caídas en ventaja de Gomis, directo a hacer solo suya la segunda punta. Pitton se acomodó más un seis posicional que un medio para dar la salida conducida, Gallego siguió a lo suyo —un dolor de muelas para Francés y Holmes Júnior, al que perdonó el árbitro la segunda amarilla— y Nacho Gil multiplicó esa influencia en el juego que acaba generando conductas de imitación en el resto del grupo.

La mejoría no le dio para vivir del todo tranquilo, por más que los cambios del Girona le rentaron de aquella manera. Metió Álvarez de golpe a Bryan Gil y Van de Beek —y para el último cuarto de hora final a un gigante ucraniano con talla de ala-pívot de baloncesto—, pero César se fue como un mastín a por Gil y el neerlandés acabó con un cable cruzado entre la intrascendencia de su contribución.

Coda. La única en la que cambió regate por remate, Gil pudo coronarse (m. 70), aunque su remate a la espalda de estos y aquellos fue salvado por Landazuri en la línea de gol. El arrebato final al encuentro de un segundo gol beatífico fue cosa del Tenerife en el enésimo arranque tras una vuelta en ventaja. Casi fuera de tiempo, Noel colocó un señuelo con valor de 2-1 donde se tiran los penaltis para que Gallego obrara la remontada, pero llegó la Burra vieja resbalando, con el estoque presto y la verticalidad perdida, imposible una resolución limpia.

(1) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, León, David Rodríguez; Dani Fernández (Gerard Valentín, m. 67); Pitton (Krdzalic, m. 76), Fabricio (Jesús Álvarez, m. 57), Nacho Gil (Noel López, m. 76); Gomis (Ranos, m. 76) y Enric Gallego.

(1) Girona CF: Gazzaniga (Krapyvtsov, m. 46); Javi Boñar, Francés, Holmes Junior, Álex Moreno; Asprilla (Bryan Gil, m.58), Fran Beltrán, Izan (Pyshchur, m.77), Carles Pérez (Unai Hernández, m.70); Abel Ruiz (Van de Beek, m. 58) y Vanat.

Goles: 0-1, m. 4: Asprilla. 1-1, m. 26: Enric Gallego.

Árbitro: Daniel Palencia Caballero (Comité Vasco). Amonestó a David Rodríguez (m. 20), Fabricio (m. 23) y Enric Gallego (m. 88) y a los visitantes Izan (m. 22), Vanat (m.52), Holmes Junior (m. 53) y Van de Beek (m. 89).

Incidencias: partido de la novena jornada de la Liga de Segunda División 26-27. Estadio Heliodoro Rodríguez López, ante 15.048 espectadores (70% del aforo).