Los prejuicios y estereotipos hacia los canarios que migraban a América: “Eres más bruto que un isleño”

Emigrantes canarios hacinados en el Valbanera.

Alicia Justo

Las Palmas de Gran Canaria —

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Eran considerados los blancos pobres y estaban a miles de kilómetros de sus casas y sus familias. Los canarios que migraron a América en diversas etapas de la historia hasta el siglo pasado pasaron por diversas dificultades en su proceso migratorio y, como todas las personas que dejan atrás su tierra de origen, tuvieron que enfrentarse a lo desconocido para poder sobrevivir y mantener a sus familias. Sus manos fueron fundamentales para el desarrollo económico de los países de acogida, pero no siempre fueron bien vistos por sus nuevos vecinos: “Hay un dicho en Cuba que dice que eres tan bruto como un isleño. Ya que consideraban a los canarios como gente analfabeta, puesto que la gran mayoría de los que migraban eran campesinos”, sostiene Manuel Hernández, profesor de Historia de América en la Universidad de La Laguna (ULL). 

Guajiro, jíbaro, campesino, lechero, canario o isleño como sinónimo de rural e incluso comegofio. En Venezuela, Cuba, Puerto Rico y Uruguay hacían uso de algunos de estos términos para referirse al migrante canario que se instaló principalmente en los entornos rurales para trabajar en la agricultura. Aunque no fue así siempre ni en todos los casos, según aclara el profesor en Historia de América de la ULL Ángel Dámaso. “Generalmente, se les trata bien en los dos sitios, pero sí que es verdad que hay momentos puntuales en los que hay un cierto rechazo social”. Al mismo tiempo matiza que la migración canaria se vio afectada por el proceso de extranjerización de las migraciones en Latinoamérica y en comparación al resto de personas foráneas, como al resto de españoles, a los canarios se les percibía como los menos extranjeros. 

En cualquier caso, el canario estaba dentro de una escala social. Hernández apunta que en una sociedad de castas, como las del Caribe, el canario no era considerado un blanco puro, sino un “blanco de orilla”. “Hay que tener en cuenta que mucha población canaria, particularmente de Gran Canaria, tenía origen mulato debido a que la esclavitud jugó un papel muy importante. De hecho, en los registros de bautismo en Venezuela los curas registraban a los canarios como pardos, que quiere decir una mezcla de blancos con negros e indios”, desgrana. El historiador cuenta también como en Uruguay, un país predominantemente ganadero y donde los canarios destacaron por dedicarse a la agricultura, se adoptó el término de canario para referirse de manera peyorativa a cualquier campesino, aunque no fuera originario de las Islas. 

En otro de sus estudios sobre Puerto Rico, Hernández detectó que se usaba la expresión comegofio para hacer referencia a los canarios de manera despectiva. También desvela el caso de San Bernardo, en Luisiana, Estados Unidos, un pueblo fundado por canarios, donde hasta los años 80 del siglo pasado se seguía hablando español con acento canario y donde los descendientes de canarios eran los “blancos pobres, campesinos, rústicos”, detalla. Dámaso también cuenta que al canario en Cuba se le identificó como una persona bruta, pero que al mismo tiempo era muy reclamado para trabajar en el campo. Coincide en este sentido Hernández, quien destaca la gran capacidad de trabajo del migrante canario: “Esto pasa también hoy, se necesitan a los extranjeros para determinados sectores económicos y a los canarios se les necesitaba porque eran una mano de obra considerada servil pero también porque trabajan de sol a sol”. 

Otro de los términos que hacían referencia a los canarios era musiú, derivado del francés monsieur. “En Venezuela, es un término despectivo para referirse a los extranjeros. Y es verdad que en ocasiones los canarios son tratados de musiús. Entonces, hay un proceso de poner una pared entre nosotros, entre la comunidad que nosotros somos, y este que es extranjero”, revela Dámaso. Aunque el canario era considerado el menos extranjero entre los extranjeros, en relación a los españoles el canario ocupaba un lugar inferior en la jerarquía social: “Los cántabros o los vascos se creían personas de la nobleza. He visto pleitos en los que un canario quería casarse, por ejemplo, con una de origen cántabro, y se le consideraba como algo peor. Los canarios eran los blancos de orilla y los otros eran la casta, la élite blanca”, cuenta Hernández. 

El migrante canario como sustituto del esclavizado africano

Las migraciones de personas canarias hacia América han sido un fenómeno escalonado. En el siglo XVII la corona española puso en marcha el Tributo de sangre, un sistema pactado con las élites canarias y por el cual, por cada 1.000 toneladas de productos que entraran en las Islas, 50 familias canarias tenían que trasladarse a América. Así, localidades de Puerto Rico, República Dominicana, Yucatán, en México, Montevideo, en Uruguay o San Antonio de Texas fueron fundadas por población canaria, según apunta Hernández. Más tarde, en el siglo XIX, va a tener lugar el sistema de contratas: “Las contratas son un régimen casi de semiesclavitud. Un historiador de la época decía que Canarias sustituyó al golfo de Guinea en la trata esclavista. Esto se hizo en Cuba, Venezuela y Uruguay. Por ejemplo, en Cuba los canarios tenían que estar, por lo menos, 5 años trabajando prácticamente para el hacendado que los había adquirido en subasta a los comerciantes que traían los barcos”, sostiene Hernández. 

La migración masiva que resuena en la memoria colectiva canaria tuvo lugar más tarde, aunque fuera un proceso conectado a las olas anteriores. Dámaso especifica que en el caso de Cuba la franja temporal se enmarca en el último cuarto del siglo XIX hasta 1930 y en Venezuela desde 1940 hasta 1980 aproximadamente. En Cuba, un importante número de migrantes canarios se dedicó al cultivo del tabaco y de la caña de azúcar, aunque también trabajaban en las ciudades. “El desarrollo tabaquero de Pinar del Río, que es la principal provincia tabaquera de Cuba, está muy vinculada a los canarios. Y luego también van a trabajar, por ejemplo, en la construcción de infraestructuras, como en el ferrocarril”, señala Dámaso. 

Los canarios trabajaron en estos dos sectores de manera precaria y en total indefensión. El historiador Alfredo Martín Fadragas, profesor de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, sostiene en su estudio Canarios: esclavitud blanca o asalariados que durante la construcción de ferrocarril en 1835 en Cuba, de los casi 900 canarios que comenzaron el trabajo, 156 fallecieron antes de cumplir el segundo año de obras -entre ellos un niño de 13 años que había solicitado su retorno a las Islas- y 35 habían quedado incapacitados. 

Además, el salario de los canarios era inferior al de otros trabajadores y debían abonar una parte a la empresa española que los había llevado para devolver los gastos del pasaje y del pasaporte. En cuanto a las condiciones en las plantaciones cañeras, Martín especifica que los canarios vivían con salarios muy bajos y en condiciones infrahumanas en barracones similares a los de los esclavos. “Los canarios que como extranjeros eran víctimas de esta discriminación eran despreciados por los peninsulares, incluso por los mismos de su propia clase, los que constantemente los calificaban de brutos e ignorantes, basándose en que procedían de las empobrecidas islas donde vivían en condiciones más difíciles. Esto no significaba que no fueran preferidos para el trabajo, donde siempre demostraban laboriosidad y honradez. Los actos de discriminación se expresaban en salarios más bajos, los trabajos más duros y reducirles su espacio en la sociedad”, concluye en su trabajo. 

En Venezuela, según resalta Dámaso, el número de migrantes canarios fue tan significativo que sus profesiones se diversificaron. Trabajaban en el pequeño comercio, en el sector del transporte, en el sector automovilístico, en la mecánica o en la pesca, aunque su labor era predominante en la agricultura. “En esas épocas decían que La Habana y Caracas eran las ciudades más abastecidas porque los canarios llevaban frutales, verduras, cebollas o leche”, revela Hernández. Las mujeres y los niños desde temprana edad también se dedicaban al trabajo agrícola. 

Los canarios además no fueron bien recibidos tras el golpe de estado de 1936 en España. Entre 1948 y 1951 fueron tratados como comunistas, peligrosos y subversivos, tal y como señala Dámaso, ya que el país estaba gobernado por otro dictador simpatizante de Franco. Fue la época de los barcos fantasma. “A los canarios se los metió en campos de concentración en la isla de Orchila y, sobre todo, en la isla de Guasina, donde murieron ocho personas porque era una isla pestilente en la desembocadura del Orinoco”, cuenta Hernández. Además, muchos de sus tripulantes fueron obligados a trabajos forzados o deportados a España, añade Dámaso.

Redes para ayudarse mutuamente

Los primeros años tras concluir el viaje migratorio no eran fáciles. A las condiciones de vida se suma la parte emocional de dejar atrás tu lugar de origen. “Se produce un proceso de extrañamiento de la tierra. Se echa de menos a la familia y hay que enfrentarse a un entorno nuevo”, apunta Dámaso. Para solventar las múltiples situaciones nuevas o adversas que se iban generando, los migrantes canarios recurren a sus redes de apoyo, a conocidos, amigos o familiares que ya están en el país. De hecho, los canarios ya tenían referencias de Cuba o Venezuela gracias a las visitas de sus conocidos cuando retornaban a las Islas y traían algo de dinero. De modo que la mayoría de los canarios no migraba a ciegas, sino que viajaba con una idea preconcebida de lo que les esperaba y ya tenían contactos en destino que los pudieran ayudar inicialmente, dándoles cobijo, comida o recomendándoles para un trabajo. “Estamos hablando de un proceso colectivo muy amplio. Tenemos que tener en cuenta que lo que más se va a dar son esas redes de familiares o de paisanaje que están entre los dos territorios”, aclara el historiador. 

En este sentido, Hernández también recalca el papel que jugaba la red local y de parentesco que ya estaba asentada en Cuba o Venezuela. Esto también influyó en que se produjera una cierta tendencia a la endogamia, ya que una buena parte de los canarios terminaba conociéndose, y aunque también se relacionaran con la población local, muchos se casaban entre ellos. “Uno de los intelectuales más destacados de Venezuela, Andrés Bello, tenía sus ocho bisabuelos canarios y todos de Tacoronte y La Laguna”, ejemplifica el académico. Uno de los espacios de socialización y encuentro eran las asociaciones de canarios en Cuba y Venezuela que sirvieron como lugares de beneficencia, ya que proporcionaban seguro sanitario o de mutualidad para tratar problemas de salud, pero además, organizaban festejos con músicas y bailes canarios o elaboraban publicaciones sobre la presencia de los canarios en el país. 

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