Fatoumata Harber, periodista de Mali, sobre la guerra que deja al país sin médicos y escuelas: “Los jóvenes no tienen esperanza y piensan en partir”

Fatoumata Harber.

Alicia Justo

31 de octubre de 2026 04:31 h (Hora canaria)

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La guerra en Mali lleva más de una década enquistada. El conflicto, que nació tras una reivindicación local de independencia, ha ido sumando nuevos actores que lo han convertido en un asunto internacional con consecuencias devastadoras para su población. Desde 2012, el norte del país ha visto como los servicios básicos y la seguridad se han ido deteriorando. También el derecho a la libertad de expresión. Una de las pocas personas que informan desde esta parte del país es la periodista Fatoumata Harber, quien ha participado recientemente en las jornadas organizadas por Casa África dedicadas a la seguridad en el Sahel y quien reconoce que la situación alienta a muchas personas a dejar su país: “Con la guerra, todas nuestras vidas han cambiado”, se lamenta.

La falta de suministros de primera necesidad es una las causas más evidentes de la llegada de la violencia. La periodista enumera que, como consecuencia del conflicto armado, hay escasez en el abastecimiento de combustible, fallos recurrentes en el suministro eléctrico, un servicio sanitario público prácticamente roto y una red de escuelas desaparecida. “Hay zonas donde los niños no van al colegio desde hace 13 años”, destaca. Para la periodista, el mal estado de la sanidad pública y la pobreza van de la mano y revela que en los centros de salud hay carencia tanto de profesionales, como de medicamentos. “Antes, en Tombuctú había un centro de salud con personal de Médicos Sin Fronteras que asumía una gran parte de las cargas del hospital: pagaban a los médicos, enfermeros y parte de los medicamentos. Pero ellos se tuvieron que ir antes de la ruptura con Francia y esto se ha convertido en algo realmente duro”, expresa.

La violencia expresa en el día a día es otra de las consecuencias visibles. A raíz del conflicto, sobre todo en 2017 y 2018, se produjeron muchos asesinatos en las calles de Tombuctú, tal y como denuncia Harber. Se cometieron atentados principalmente contra el aeropuerto y edificios gubernamentales que dejaban muertos en las calles. Sin embargo, esta violencia no ha cesado. La periodista relata que en una ciudad de la región de Tombuctú ha podido contabilizar recientemente el asesinato de cuatro personas civiles por hombres no identificados. Las víctimas eran un abogado, un miembro de un consejo comunal de jóvenes, un profesor y una bloguera. 

Harber confiesa que decidió abrir un blog y comenzar a informar sobre la guerra cuando comprobó que las mujeres eran las principales víctimas del conflicto. “Para mí era una manera de hablar de los derechos humanos y de defender los derechos de las mujeres”, recalca. 

La periodista subraya que las mujeres sufren no solo de manera directa la violencia sino que además, son las encargadas de contribuir al mantenimiento de sus familias y de su comunidad. En un entorno cargado de violencia, “ellas son muy valientes porque siempre están buscando la manera de poder generar ingresos”, cuenta. 

Muchas son comerciantes, elaboran los propios alimentos para ponerlos en venta y participan de la tontine. Gracias a este sistema de microcrédito, por el cual cada mujer del grupo aporta una cantidad de dinero que se le entrega cada semana a una de las integrantes, pueden poner en marcha su comercio. “Ellas no tienen otra opción. O llevan esta vida o se marchan a un campo de refugiados”, señala.

Además, los servicios dependientes del Estado presentan un estado deficiente. Harber apunta que para resolver cualquier trámite que involucre a la administración central, la persona debe trasladarse hasta Bamako, a casi mil kilómetros, por carreteras en las que puede haber presencia terrorista. Por otra parte, la existencia de grupos yihadistas ha provocado que en muchas ocasiones sean los propios terroristas quienes se encargan de intervenir en los conflictos entre vecinos y que terminan separando a las poblaciones, según indica Harber.

De la violencia tampoco escapan las fuerzas militares oficiales. Amnistía Internacional ha acusado este año de crímenes de guerra a las fuerzas armadas estatales y personal del grupo Wagner. Todas estas condiciones incompatibles con una vida segura han provocado la huída de millones de personas hacia los países vecinos, como Mauritania, Argelia, Burkina Faso, Nigeria o incluso dentro del país, como a Bamako, la capital. ACNUR estimó en 2023 que 400.000 malienses habían abandonado sus casas y se habían convertido en desplazados internos. Entre los que han huido, muchos han optado por arriesgar sus vidas para llegar a Canarias por mar. En 2024, el año con mayor llegadas de embarcaciones desde el continente africano a Canarias, casi 15.000 malienses desembarcaron en el Archipiélago, según datos de Frontex.

“Los jóvenes no tienen esperanza y piensan en partir”, sostiene Harber. De hecho, la guerra es una de las causas que forma parte del deseo de salir del país y asentarse en otro lugar mucho más seguro. A juicio de la periodista, el país es una “minidictadura, donde no hay elecciones”, con una parte del país ocupada por grupos terroristas que “queman los camiones de combustible y matan a la gente”. 

A ello se añaden las coacciones de los yihadistas, quienes obligan a muchos jóvenes a integrarse en los grupos terroristas. Como consecuencia, muchos jóvenes se cuestionan si tienen futuro en el país: “Para ellos, al final lo mejor es partir... Ellos dicen que si se van, tal vez puedan construir algo en otro lugar, en España o en Francia. Creo que el conflicto es parte de las razones que están detrás de la partida”, sostiene. 

La guerra en Mali comenzó hace trece años tras una rebelión tuareg que reivindicaba la independencia del norte del país y la creación de la República de Azawad. Casi al mismo tiempo, el conflicto se amplió con la llegada de actores externos. 

Harber matiza que las reclamaciones independentistas por parte de los tuareg se producían cada cierto tiempo y que esta entidad cultural no es la única que compone el norte del país, donde conviven otras poblaciones. 

Todo cambió en 2012. Para la periodista, la guerra es una “crisis multidimensional”, en la que aparecen en un primer momento grupos terroristas armados y yihadistas que vienen a integrarse a un conflicto ya existente, a la que después se suman las fuerzas extranjeras. Intervinieron Francia, con la operación Barkhane que desplegó soldados franceses en terreno maliense y, al mismo tiempo, la MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí): “Es un conflicto interno que se ha desarrollado y se ha convertido en algo muy complejo. Y ahora ni siquiera sabemos cómo describirlo”, considera Harber. 

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