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María Santiago, la niña bombardeada en Madrid cuya imagen recorrió Europa para mostrar el horror en La Gota de Leche

El antiguo edificio de La Gota de Leche (i) y una imagen de la actual escuela infantil (d)

Lourdes Barragán

Madrid —

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La imagen de María Santiago dio la vuelta al mundo como símbolo del horror en La Gota de Leche, una institución benéfica que en los años treinta repartía leche esterilizada y atendía a madres lactantes sin recursos. El 30 de octubre de 1936, mujeres y niños hacían cola frente al número 9 de la calle Espada cuando las primeras bombas cayeron sobre el centro de Madrid. Las tropas del golpe militar tomaron la capital con vuelos a la española, una táctica de aviación que consiste en volar a muy baja altura y atacar sin descanso. Por delante se llevaron vidas de cientos de civiles y, en La Gota de Leche, las de unos 60 menores según estima la prensa de la época. El gobierno de la República utilizó una imagen del cuerpo inerte de María Santiago, enumerada cómo víctima “número 35”, en un cartel de propaganda internacional a modo de advertencia: “Esto es lo que Europa tolera o protege, y lo que tus hijos pueden esperar”.

Las fotografías de la época muestran un edificio destrozado, con el techo totalmente hundido por las explosiones y a su alrededor, la nada. En la esquina donde antes estaba ese inmueble se ha reconstruido, manteniendo parte de la estructura original, lo que hoy es una escuela infantil. El centro se llama Rosalía Rendú y toma su nombre de una religiosa francesa que nació mucho antes de aquellas bombas y es conocida por su labor social en barrios humildes de París. Pero la historia de aquel enclave pasó a ser conocida como un punto de inicio en la Batalla de Madrid, que este mes de noviembre cumple 90 años.

En 2017, hace ya casi una década, el Ayuntamiento de Madrid aprobó reconocer a 32 personajes, colectivos e instituciones vinculados a la memoria de la ciudad. Así se reflejó en un informe del 21 de noviembre, donde el Comisionado de la Memoria Histórica que entonces presidía la abogada Paca Sauquillo aceptó la propuesta sugiriendo que el homenaje se hiciera colocando placas en lugares específicos, aunque con criterios de homogeneidad estética que lo acerquen a otras conmemoraciones similares e incluyendo el nombre con una breve descripción.

Uno de estos puntos singulares es la calle Espada, en su esquina con Esgrima. Allí era donde la institución municipal La Gota de Leche llevaba instalada desde 1913. La placa conmemorativa nunca llegó a materializarse y hoy este lugar carece de un letrero municipal que reconozca los hechos ocurridos durante la Guerra Civil Española. En la propuesta que en su día trasladó a Pleno el tercer teniente de alcalde con Manuela Carmena, Mauricio Valiente  –que hoy cierra las listas de uno de los candidatos a liderar Izquierda Unida a nivel local–, también aparecían otros nombres o reconocimientos que no siempre llegaron a fraguarse.

El edificio en la calle Espada después del bombardeo de 1936

Pero algunas sí lo hicieron. En 2019, por ejemplo, se inauguró en la plaza de Soledad Torres Acosta (Luna) una placa anunciada en aquellos años y en recuerdo de Arturo Ruiz, el estudiante asesinado por miembros de la extrema derecha en la confluencia de Estrella con la calle Silva, donde pasó a lucirse un letrero en su recuerdo. Murió un 23 de enero de 1977, en una España ya sin Franco y décadas después del desastre en La Gota de Leche. Pero fue víctima de un atentado mientras participaba en una manifestación pública por la amnistía que el Ministro de Gobiernación, Martín Villa, y el Gobiernador Civil en Madrid, Juan José Rosón, se habían negado a legalizar.

Pese a la prohibición, miles de personas se congregaron en la Plaza de España, lo que ocasionó las habituales cargas policiales y la dispersión de los manifestantes por las calles aledañas. Hoy, entre los aficionados a esas historias madrileñas está Álvaro un joven de 31 años nacido en el distrito de Arganzuela. Es biólogo y ahora mismo se confiesa enfocado “a tiempo casi completo” en unas oposiciones del profesorado; pero reconoce que no siempre a lo que te dedicas es tu único interés. De esa idea nació Ecos de noviembre, un “intento de cuenta sobre la guerra” que ya reúne a una pequeña comunidad de 1.500 seguidores en Instagram.

El nombre de perfil es un guiño al mes en el que comenzó la Batalla de Madrid, punto crucial en el relato bélico y que dio inicio un 8 de noviembre de 1936, para no acabar hasta casi tres años después. La ciudad logró resistir a la entrada de las tropas sublevadas gracias al apoyo de ayuda soviética o las Brigadas Internacionales, pero Francisco Franco (ya al frente de los golpistas) convirtió la invasión en asedio hasta que la ciudad cayó en marzo de 1939. “Un día te das cuenta te que siempre pasas por sitios con una historia reciente y significativa”, reseña Álvaro, que con esa idea empezó a difundir en redes y en su tiempo libre imágenes de todo el material de archivo, fotografías, recortes de periódicos o cortes de grabaciones que encontraba investigando.

Hace unos días se paró frente a la Escuela Infantil Rosalía Rendú, que hoy sigue en el mismo lugar donde antes estuvo La Gota de Leche. El edificio es idéntico y conserva casi por completo la estética original, con algunas variaciones al cambiar las rejas o superponer materiales. Pero a su alrededor nada indica que allí ocurrió un bombardeo hace menos de un siglo. La Batalla de Madrid se convirtió en una pantalla internacional de lo que el fascismo hacía en España, y el gobierno de la República dispuso difundir imágenes de niños muertos que abrieron portadas en la prensa europea.

La estructura derruida por las bombas, en 1936

“Puede que en su momento, mientras te caen las bombas y todo colapsa, terminas simplificando mucho algunas decisiones; pero realmente había una batalla paralela a la de la calle que se jugaba en lo diplomático, y no solo en los combates”, considera el madrileño, después de examinar documentación sobre aquellos años y exponerla a través de montajes. A su modo de ver, una conclusión está clara: “La guerra también se ganaba o se perdía en la Sociedad de las Naciones, no solo aquí. Y un bombardeo que deja muchísimos niños, niñas o incluso bebés muertos es algo muy potente y prácticamente incontestable”.

En realidad, aquellas imágenes no impidieron que Madrid cayera años después a manos de los sublevados, ni que el gobierno militar tomara las riendas del país con Francisco Franco a la cabeza, instaurando una dictadura que se prolongaría los próximos 40 años y dejaría a España a la cola de la industrialización europea. “Si lo pienso hoy, con nuestra perspectiva actual, me parece que esas fotos tal vez ayudaron a convencer al que ya estaba medio convencido, pero no a toda la población. Es parecido a lo que ocurre ahora: uno ve lo que pasa en Palestina y la sociedad se pone las pilas, protesta y se lleva las manos a la cabeza. Pero cuando pasa el tiempo y absorbes tanta información fatal, ni una imagen así puede cambiar el rumbo”, concluye finalmente este biólogo y amante de la historia local.

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