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Culebrón en la librería más antigua de Madrid y disputa por la marca Pérgamo, registrada sin permiso por sus gestores

Un hombre contempla el interior de la librería Pérgamo hace unos días, con mensajes de celebración por su 80º aniversario, festejado antes del anuncio del cierre.

Lourdes Barragán

Madrid —
27 de octubre de 2026 14:03 h

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Se convirtieron en dos de los libreros más conocidos del panorama cultural madrileño, pero el anuncio de su marcha del histórico local de Pérgamo y las denuncias de especulación inmobiliaria han terminado por explotarles en la cara. Pablo Cerezo y María Treviño son las dos caras más visibles de la segunda vida de esta librería, la más antigua de Madrid y que estuvo a punto de cerrar por la jubilación de sus dueñas en 2022. El día antes de decir adiós, se anunció que un empresario había decidido invertir en Pérgamo y salvar el negocio, dando paso a una nueva etapa en la que él alquilaba el local a la familia originaria, un escritor mexicano ponía los contactos y Pablo Cerezo fue contactado para regentarlo. Pero hace unas semanas anunciaron que la propiedad había decidido no renovarles el alquiler y empezaron a protagonizar charlas o debates sobre la precariedad actual para la venta de libros.

La noticia ha sido adelantada este martes por El País, que ha ofrecido una versión de los hechos muy distinta a la que se conocía sobre “especulación inmobiliaria” y que se inició por una entrevista de Cerezo en la Cadena Ser, hace dos semanas. La librería abrió sus puertas en 1946, hace ochenta años, de la mano de los padres de Ana y Lourdes Serrano. En 2022 decidieron jubilarse después de una década al frente del establecimiento, pero no querían tirar por tierra un legado familiar. Una visita casual del empresario Juan José Janeiro dio un vuelco al asunto: las dueñas anunciaron un día antes del cierre previsto que este inversor había decidido rescatar el negocio y otorgarle una segunda vida.

El proyecto quedó en manos de un equipo con funciones diferenciadas. Janeiro asumía la financiación y Pablo Cerezo, un joven sevillano, llevaría la logística y su funcionamiento diario. A ellos se sumó el escritor José F. Hernández para proporcionar contactos y vínculos con la escena literaria, pero abandonó el proyecto en 2024, el mismo año en el que la empresa Xeito Libreros SL (que se conformó con la nueva directiva de Pérgamo) registró la marca como propia, dando lugar al conflicto que ahora se detona.

Ana Serrano no tuvo conocimiento de la operación hasta hace poco y por terceros, tal y como ella misma había notificado a El País y también ha podido conocer este periódico. La antigua propietaria considera que la marca pertenece a su familia y cuestiona que los gestores hayan podido apropiarse de ella sin consultárselo. Cerezo, por su parte, sostuvo que actuó por consejo de un amigo y ante la creciente visibilidad que estaba adquiriendo el negocio. En una entrevista reciente con Somos Madrid, ambos insistieron en que la especulación inmobiliaria era el verdadero motivo de su marcha del local, sin mencionar este registro previo de un logo histórico. Este periódico ha intentado conseguir su respuesta sobre la apropiación de la marca, sin hasta ahora conseguirlo.

El entendimiento con la propiedad empezó a resquebrajarse hace dos años, cuando Xeito Libreros solicitó registrar la marca Pérgamo ante la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), que finalmente la concedió a la sociedad en 2025, según ha podido comprobar Somos Madrid. El registro comprendía no solo el nombre, sino también elementos característicos de la identidad visual de la librería: la caligrafía inclinada de la fachada, la línea que subraya el rótulo y el color morado.

La disputa adquiere especial relevancia porque el registro se produjo mientras la familia seguía vinculada al establecimiento como propietaria del inmueble, y porque el proyecto había nacido precisamente para evitar que desapareciera el legado de los fundadores. Con la salida de Hernández, Janeiro incorporó a Cerezo y Treviño como copropietarios de Xeito Libreros, con un 30% de participación para cada uno.

La versión de las propietarias difiere de la de los libreros

En una comunicación remitida por sus abogados, Ana y Lourdes Serrano rechazan que la marcha de los libreros responda a una subida del alquiler o a una operación especulativa para expulsar al negocio del local. Según ese escrito, la renta mensual se ha mantenido desde 2022 en una base imponible de 2.600 euros. Las propietarias calculan que este importe está más de un 40% por debajo del precio medio de mercado, basándose en la renta de otros locales comerciales de características similares en el encarecido barrio de Salamanca.

Asimismo, ambas hermanas sostienen que en este tiempo renunciaron a implementar las subidas anuales conforme al IPC, el Índice de Precios al Consumo. De acuerdo con sus cálculos, esa decisión ha supuesto un ahorro acumulado de aproximadamente el 15% para los operadores respecto a la renta que habrían podido exigir conforme a lo firmado. También niegan haber planteado cualquier otra subida del alquiler como condición para que los actuales gestores continuaran su actividad en Pérgamo.

Aun así, reconocen y valoran positivamente el desempeño en este tiempo por Pablo Cerezo y sus compañeras. “La familia propietaria del local y fundadora del negocio original manifiesta su plena satisfacción con el trabajo estrictamente cultural y de librería desempeñado por los jóvenes que operan el negocio, reconociendo que la revitalización de la Librería Pérgamo es un hecho constatable”, destacan.

En cuanto a la salida, las propietarias afirman haber aceptado el calendario fijado de forma unilateral por los propios gestores para abandonar el establecimiento en noviembre, con la única exigencia de que se abone la última mensualidad dentro del plazo estipulado. Su versión, por tanto, es que no han forzado el cierre ni han expulsado a los libreros mediante un incremento del alquiler. El desenlace dejará dos cuestiones abiertas: qué ocurrirá con la actividad librera en el local de siempre y qué recorrido tendrá la marca registrada por Xeito Libreros. Mientras tanto, las propietarias insisten en que su voluntad es que Pérgamo siga existiendo en el mismo lugar en el que ha permanecido durante ocho décadas y anuncian que su intención es mantener la marca.

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