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La evangelización de Carabanchel, distrito de predicadores que abrazan su 'boom' latinoamericano: “Vienen con megáfono”

Uno de los momentos de la convención evangélica en Vistalegre

Lourdes Barragán

Madrid —

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Son habituales de la Plaza de Oporto, en el corazón de Carabanchel. Allí se plantan entre un quisco a la salida del metro y la amplia terraza de un bar conocido. En pleno cruce de caminos. “¡Dios te ama! ¡En este mundo individualista es cuando más debemos acercarnos a él!”, exclama al micrófono, conectado a un altavoz gigante que replica su voz por toda la zona. Los predicadores evangélicos se han convertido en otro elemento del paisaje en el distrito, el más poblado de Madrid y que en los últimos años ha experimentado un boom de población latina. Especialmente de Colombia o Perú, según datos del Ayuntamiento.

Sin ser la primera vez, uno de sus barrios volvió a acoger un fin de semana a cientos de jóvenes trajeados, especialmente chicos pero también mujeres; y otros tantos adultos u oradores que asistían a una convención internacional vinculada a la Iglesia Evangélica. “Lo importante no es hacerte parte de la multitud. Lo importante es acercarte y tocar a aquel que puede hacer el milagro en tu vida. ¡Que puede salvar tu alma de esta noche!”. Una voz desgarrada y envuelta en música clásica crea un ambiente épico. Se solapa con las imágenes de multitudes trajeadas, ondeando banderas de distintos países en un estadio de techos altos. Y de pronto, una cuenta atrás: “Ya casi está aquí”.

Es el vídeo promocional distribuido por la IPUE, la Iglesia Pentecostal Unida en Europa, una rama de la Iglesia homóloga en Colombia y con representantes en otros puntos del continente. Llaman a sus fieles en España o a quienes puedan acudir a una convención internacional en el Palacio de Vistalegre, uno de los edificios más icónicos del distrito y donde son habituales los actos más variopintos: desde los conciertos de k-pop hasta históricos mítines de Podemos o la ultraderecha, pasando por las reuniones religiosas en un barrio cada vez más evangelizado.

Para muchos, especialmente dentro de la comunidad migrante que se concentra en Carabanchel, supone de primeras un espacio de reunión con otros compatriotas, que como ellos han cruzado fronteras y se mantienen lejos de su familia. Otros, especialmente desde determinados espectros políticos, lo ven como un impulso a ideas conservadoras y un nicho latente de potenciales votantes. Y a algunos vecinos de la zona, como Hugo, simplemente les resulta un tanto extraño.

“Son los que están normalmente a la salida del Metro de Oporto, ¿no?”, pregunta para asegurarse. Hace más de una década que vive en una de las calles más próximas, que desemboca en la gran avenida del General Ricardos. Compró ese piso con su expareja y desde entonces habitúa los bares “de abajo”, muchos de ellos frente a la plaza en el Valle del Oro, como se conoce al cruce de caminos en ese punto de Carabanchel.

Todo el entorno está en plena transformación por obras, en un plan integral de la Junta Municipal del Distrito para modernizar el barrio y venderlo a la francesa como un nuevo Montmartre, centro neurálgico del arte, los locales de música o la vida bohemia. Pero desde hace unos años, cruzarse con predicadores en plena calle a última hora de la tarde, especialmente en ese foco de tránsito, se ha convertido en otra característica del lugar. “La primera vez que los vi me sorprendió mucho, porque no era algo que estuviera acostumbrado a encontrarme precisamente en España. Pensé que era raro dar con algo así en mi barrio”, cuenta Hugo sobre aquellos encuentros de vuelta a casa.

Desde entonces –habla de los primeros años postpandemia– le cuesta concretar una periodicidad para dar con ellos, pero suele verlos cada poco tiempo y casi siempre en la misma zona. “Supongo que es normal que busquen hueco en los lugares con más tránsito. Yo siempre los veo desde el Yakarta [un bar junto a la plaza de Oporto], y es verdad que al principio usaban más los megáfonos. Pero ya no lo veo tanto, no sé si les habrán llamado la atención”, explica en conversaciones con Somos Madrid. Al final, tiene sus conclusiones: “Yo creo que lo más polémico, o lo que nos puede parecer a muchos de primeras, es que hay una cierta intromisión en el espacio público, ¿no?”.

“Muchísimos chicos en traje”

“Madrid ya es una ciudad bastante ruidosa y está muy saturada. Incluso yendo en el metro te encuentras a predicadores, vendedores o músicos ambulantes dentro, y ahora cuando sales también puedes seguir oyendo estas consignas religiosas”, añade Hugo, que fija entre las siete y las ocho de la tarde la hora clave: es cuando más veces encuentra a estos predicadores en Oporto. El último fin de semana, con motivo de la convención internacional de la Iglesia Pentecostal Unida, el cajero del supermercado que hay en el acceso sur del Palacio de Vistalegre, con una zona comercial, contaba que esos días entraban “muchísimos chicos en traje” a comprar comida entre charlas.

“Es algo religioso, creo; pero qué curioso que tengan que asistir así vestidos, como si ninguno tuviera un origen humilde”, cuestiona al otro lado del mostrador Andrés, que trabaja en turno de mañana y es también es migrante argentino. Utiliza un nombre ficticio. “Venimos por la gracia de Dios”, es lo poco que revela uno de los jóvenes a la salida del supermercado. Porta bajo el brazo una ensalada césar plastificada y dice haber encontrado un “refugio” al “aislamiento” en la Iglesia Evangélica Salem, una comunidad cristiana en la calle del Cidro, Carabanchel, que también ha promocionado en redes sociales su participación en el congreso del IPUE. Así que él celebra este tipo de encuentros como una forma de “reunirse con Dios y mis hermanos”.

"Porque a veces Dios nos lleva a lugares donde solo queda una respuesta: rendirnos ante Él"

Y sin embargo, el dossier informativo que los organizadores han colgado en su página web ya enlaza en su tercera página (las dos primeras son la portada y el índice) una opción de alojamiento de manos de una empresa privada, Aparthotel Encasa. Esta compañía gestiona hoteles de tres estrellas en otra zona de Madrid, el distrito de Vicálvaro; para lo que se da un precio estimado de entre 164 y 180 euros, dos noches. Vicálvaro está a casi una hora y media en transporte público del Palacio de Vistalegre, y sin embargo aparece a la cabeza del menú.

En la misma página se marca una distancia de 45 a 50 minutos en transporte público desde los apartahoteles, y menos de media hora en coche. Lo segundo es fácilmente comprobable, aunque pocas combinaciones de Metro o Cercanías permiten reducir la distancia. A lo largo de once páginas, el despliegue de alojamientos turísticos, promociones directas de Airbnb, más de una decena de hoteles de distinto rango (buena parte de ellos de la cadena NH, una multinacional española con precios de entre 300 y 400 euros para compartir habitación las dos noches.

“Nuestros servicios se caracterizan por estar impregnados de la presencia de Dios, con alabanzas y enseñanzas bíblicas. Tanto si eres un hermano en Cristo o un amigo con inquietudes, nuestra misión es asistirte, instruirte y guiarte en tu camino espiritual”, especifica la entidad promotora del evento evangélico, la Iglesia Pentecostal Unida de Europa, en su propia presentación pública. Aunque el evangelismo, una corriente protestante que rechaza autoridades católicas como el Papa o el Vaticano, es una confesión religiosa minoritaria también es de las que más lugares de culto concentra en España.

Según un catálogo elaborado en 2023 con datos del Registro de Entidades Religiosas y el Observatorio del Pluralismo Religioso, esta fe contaba con 4.322 espacios y 3.524 entidades presentes en el país. Dentro de la misma corriente, su rama pentecostal se distingue por un uso de la música, la predicación o el refuerzo de las comunidades apelando a emociones o experiencias personajes (ajenas a figuras aparentemente inalcanzables) que, a la larga, crea lazos entre sus fieles.

Su implantación entre la población latinoamericana no se explica únicamente por las creencias que los migrantes traen de sus países de origen. Las iglesias se prestan como redes de apoyo para quienes llegan a una ciudad nueva y se hallan lejos de su entorno: ofrecen amistades, acompañamiento, ayuda en situaciones difíciles e incluso contactos útiles. Pero el fenómeno tiene también una dimensión ideológica.

Hay movimientos evangélicos pentecostales que defienden posturas ultraconservadoras respecto a temas como el aborto, los roles de género o el modelo de familia. Algunos de sus líderes religiosos, como la “apóstol” Yadira Maestre, han estrechado públicamente sus relaciones con representantes del PP y la derecha política.

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