eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Lluís Orriols

Soy doctor en ciencia política por la Universidad de Oxford y actualmente enseño en la Universidad Carlos III de Madrid. Mis investigaciones se centran en el campo del comportamiento electoral y opinión pública.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 1926

Felipe VI, ¿una monarquía de todos?

El pasado miércoles se celebró el quinto aniversario de la abdicación de Juan Carlos I y el acceso al trono de su hijo, Felipe VI. En las tertulias políticas de esta semana se ha puesto encima la mesa la siguiente pregunta: ¿ha conseguido Felipe VI reflotar el crédito de la Corona? Lamentablemente, desde una perspectiva demoscópica es difícil abordar esta cuestión con rigor pues el CIS dejó de preguntar por la Monarquía en abril de 2015, justo un año después de que Felipe de Borbón accedía al trono. Los datos del CIS no nos ayudan a analizar con detalle la popularidad del monarca actualmente, pero sí muestran una tendencia muy preocupante para la institución: el paso de una monarquía de consenso a una monarquía percibida cada vez más como de parte. 

Durante mucho tiempo, el reinado de Juan Carlos I gozó de una gran popularidad entre la opinión pública española. La serie del CIS que pregunta sobre la confianza en esta institución arranca en marzo de 1994. En ese año, la Corona recibía una nota de 7,4 sobre 10, erigiéndose como la institución mejor valorada, por encima del parlamento, el gobierno, las fuerzas armadas, la administración publica o el defensor del pueblo. Además, el rey Juan Carlos I gozaba de la confianza tanto de la izquierda como de la derecha. Se trataba de una institución que contaba con un elevado consenso entre los españoles. 

Seguir leyendo »

Divididas Podemos

Existe la creencia de que, en política, la división es una mala receta que debilita las perspectivas electorales de quienes la sufren. Dicha creencia está fundamentada esencialmente en dos premisas. En primer lugar, el sistema electoral de las elecciones generales suele imponer un castigo a los partidos más pequeños, especialmente porque quedan excluidos del reparto de escaños en las provincias menos pobladas. Y en segundo lugar, la división interna de los partidos genera rechazo y desánimo entre los votantes. Existe en la ciencia política numerosa evidencia que los votantes penalizan las discusiones y fracturas dentro de los partidos, pues no suelen considerarlos como un debate constructivo de proyectos alternativos sino más bien el resultado del politiqueo y de luchas por el poder.

A priori, parecía que Unidas Podemos iniciaba este ciclo electoral de la peor forma posible. La decisión de Íñigo Errejón de reeditar Vistalegre II, rompiendo con su partido justo a pocas semanas del inicio de una campaña electoral parecía ser la peor receta para afrontar unas elecciones con éxito. El sistema electoral en las elecciones europeas, autonómicas y municipales castigan menos la fragmentación, por lo que la decisión de Errejón y UP de ir por separado no parecía ser un problema en ese sentido. Sin embargo, existían motivos poderosos para creer que el divorcio traumático de las dos facciones de Podemos sí podía alimentar un clima de desafección entre sus bases que acabara derivando en un desgaste electoral.

Seguir leyendo »

La Gran Batalla de la derecha

España vive un nuevo capítulo de su interminable crisis política. Y en esta nueva entrega aparece en escena un protagonista distinto: la derecha. Durante los primeros años de la crisis, la convulsión política se concentro en el espacio de la izquierda y del centro, pero la derecha quedó esencialmente al margen. A pesar de los numerosos y sonados escándalos de corrupción que afectaron al PP durante esos años, los votantes más conservadores cerraron filas en torno a este partido. En 2013, la derecha parecía desafecta y enojada con el PP, pero entonces se trataba de una crisis de desactivación o indecisión. En cambio hoy la derecha sufre por primera vez una crisis de fidelidad. Se trata de una crisis de fidelidad sin precedentes cuya principal consecuencia es que los resultados de las elecciones del 28 de abril sean más inciertos y cruciales que nunca.

La crisis política en España se inició en paralelo con la crisis económica. Durante los años 2009-2011 el clima de opinión en nuestro país cambió radicalmente produciéndose un deterioro sin precedentes de la confianza ciudadana con las principales instituciones políticas de nuestro país. Este enojo de la opinión pública se trasladó inicialmente en la arena electoral siguiendo un patrón clásico de rendición de cuentas: el partido gobernante (el PSOE de Rodríguez Zapatero) se desplomó en las urnas y el PP de Rajoy, entonces principal líder de la oposición, logró los mejores resultados de la historia del partido. Como era habitual, el descontento ciudadano se tradujo en una derrota del gobierno y en una victoria del principal partido de la oposición.

Seguir leyendo »

Íñigo no es Manuela

Con todos los respetos, Íñigo no es Manuela. Lo advirtió Pablo Iglesias en su carta a los afiliados de Podemos de la semana pasada y se trata de una afirmación que, en cierto modo, es poco controvertida. No obstante, a Pablo Iglesias se le olvidó añadir lo más obvio: ciertamente Íñigo no es Manuela, pero, sin duda, le gustaría serlo. De hecho, la estrategia que Errejón ha defendido desde el surgimiento de Podemos es precisamente el de hacerse con un espacio electoral como el que logró el "Ahora Madrid" de Carmena en las elecciones locales de 2015.

Podemos irrumpe en el escenario político tras las elecciones europeas de 2014 y en muy pocos meses se convierte en un fenómeno político sin precedentes en nuestro país. Quizás pocos recuerden ya un dato tan sorprendente como inaudito hasta entonces en la política española: durante la segunda mitad de 2014, Podemos, un partido considerado por la mayoría de los españoles como de extrema izquierda, logró situarse como primera fuerza en intención directa de voto en algunos sondeos electorales. De hecho, según los barómetros del CIS de ese año, Podemos se erigió como la opción preferida entre los votantes de centro, superando al PP en seis puntos porcentuales y al PSOE en algo más de tres puntos.

Seguir leyendo »

¿Se va Ciudadanos a la derecha? Sí, pero quizás no tanto

Pocos lo recuerdan ya, pero hace algo más de una década, Ciudadanos nacía en Catalunya con el siguiente manifiesto fundacional:

“Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado(...) lo simbólico ha desplazado una vez más a lo necesario”

Seguir leyendo »

El efecto Pablo Casado

Durante los siete años de presidencia de Mariano Rajoy, el PP fundamentó su estrategia electoral siguiendo una premisa crucial: la profunda crisis política que vivía nuestro país era una ramificación de la económica y, por ende, acabaría disipándose una vez se entrara en la senda de recuperación. Ciertamente, la desafección y descrédito de la política repuntó justo en paralelo al empeoramiento de los datos macroeconómicos en 2008. No obstante, en 2014, tras la ruptura del sistema de partidos,  ya era evidente que la generalizada desafección y descrédito de la política entre los españoles se había convertido en un fenómeno independiente de la economía, por lo que requería abordarlo con soluciones especificas.

El PP debió haber reaccionado entonces con contundencia como lo hicieron otros actores políticos. En el caso de este partido, la necesidad de afrontar la crisis política era particularmente relevante debido a sus numerosos y sonados escándalos de corrupción. No obstante el PP se mantuvo fiel a su estrategia de apostarlo todo a la recuperación económica. Su dejadez en este frente fue, en parte, responsable de que el PP sufriera en 2015 el mayor desgaste electoral de un gobierno de la historia reciente. Aún con ello, el PP pudo mantener un suelo electoral digno, en gran parte por la inquebrantable lealtad del votante más conservador. En efecto, mientras su partido veía como sus apoyos en el centro se iban evaporando, el PP podía seguir siendo el primer partido en España gracias al monopolio en la derecha.

Seguir leyendo »

Ciudadanos, ¿hacia el populismo de extrema derecha?

El acto "España Ciudadana" del pasado fin de semana es probablemente la culminación de un proceso de transformación ideológica que se ha ido gestando en Ciudadanos a lo largo de los últimos meses. Se trata de una transformación de gran calado consistente en desplazar el eje central de la estrategia del partido de la regeneración democrática a un discurso de corte nacionalista español. Gracias a este movimiento estratégico, Ciudadanos ha logrado lo que hasta ahora parecía imposible en la política española: lograr agrietar las bases más conservadoras del PP. Según los últimos barómetros del CIS, Ciudadanos cuenta hoy con el 24% de los votos de los españoles de derechas (valores 7 y 8 de la escala ideológica). Se trata de un porcentaje tres veces superior al de abril del año pasado (4-9%).

Es cierto que la identidad nacional se encuentra en el ADN de Ciudadanos, pues apareció en Catalunya hace ya más de una década como resultado de la clásica confrontación nacionalista entre el centro y la periferia. Sin embargo, cuando Ciudadanos irrumpió en el escenario político español, su perfil anti-nacionalista catalán quedó relegado a un segundo plano. Hasta hace pocos meses, el éxito de Ciudadanos se explicaba por su discurso de regeneración democrática y de hartazgo con la corrupción entre electorado de centro y centro-derecha. Sin embargo, cuestiones como la identidad nacional o la preferencia sobre la organización territorial del Estado no tenían prácticamente nada que ver con el voto a Ciudadanos en las elecciones generales de 2015 y 2016.

Seguir leyendo »

El 'efecto Puigdemont'

Las elecciones catalanas del pasado 21D estaban llamadas a ser el último estadio del convulso e hiperactivo proceso soberanista. Todos los indicios apuntaban a que tras esos comicios se iniciaría una etapa marcada por la consolidación de ERC como partido central dentro del bloque independentista. Desde hacía tiempo, las siglas del PDeCAT cotizaban a la baja y su principal activo, Carles Puigdemont, aseguraba no tener intención de volver a presentarse como candidato. ERC solo necesitaba evitar una candidatura conjunta y concurrir en las elecciones en solitario para ganarle definitivamente la partida al PDeCAT. Tras su victoria, los líderes republicanos tendrían poderosos incentivos a impulsar un cambio de ciclo en la política catalana. Un cambio que nos llevaría a una etapa menos convulsa, de renuncia a la vía unilateral y de construcción de la república catalana más a largo plazo. ERC podría entonces ganar margen suficiente como para consolidar su posición central en el espacio independentista. Con ello, el proceso soberanista tal y como lo conocíamos llegaría a su fin.

La realidad acabó siendo muy distinta. A última hora, Carles Puigdemont, desde Bruselas, decidió concurrir de nuevo a las elecciones, confeccionando una candidatura a medida con el fin de relegar las siglas de PDeCAT en un segundo plano y poner el foco en un mensaje sencillo, muy poderoso, que acabó por cambiarlo todo: el retorno del President legítimo.

Seguir leyendo »

¿Es la escuela catalana una fábrica de independentistas?

Durante las últimas semanas ha tomado fuerza en el debate público la propuesta de que el Gobierno Central intervenga la educación catalana con el fin de desactivar la oleada independentista que vive Catalunya. Sin ir más lejos, el pasado martes el diputado de Ciudadanos Toni Cantó denunció en el Congreso de los diputados la existencia de adoctrinamiento nacionalista en las aulas catalanas y presentó en nombre de su grupo parlamentario una moción para garantizar la neutralidad ideológica en los centros docentes. Tras las propuestas como la planteada por Ciudadanos el pasado martes se esconde el supuesto de que el sistema educativo catalán es el responsable del aumento del independentismo en Catalunya. Intervenir la educación sería, por lo tanto, una solución para acabar con el “problema catalán”.

Ciertamente, existen pocas dudas de que la educación ha sido, de siempre, un importante instrumento a manos de los Estados para fomentar la identidad nacional entre los ciudadanos. En este sentido, no se trataría de una práctica idiosincrática de las instituciones catalanas, sino que también ocurriría en el conjunto de España y el resto de países que nos rodean. Un buen ejemplo de ello son las declaraciones del exministro de educación José Ignacio Wert en el Congreso de los Diputados acerca de la voluntad del Gobierno Central de intentar "españolizar a los alumnos catalanes". 

Seguir leyendo »

Un Sí instrumental y un No emocional

El apoyo a la independencia se encuentra desde hace meses en una fase de estancamiento e incluso de ligero declive. Así lo muestran las encuestas del CEO: los partidarios de la secesión se encontrarían hoy en cotas más cercanas al 40% que al 50%. A pesar de este ligero retroceso, esta cifra de adhesiones a la independencia es aún suficientemente elevada como para estar en condiciones de ganar un eventual referéndum legal y con garantías.

Es por ese motivo que cualquier Gobierno preocupado por la integridad de su territorio y con cierta aversión al riesgo debería contemplar con muchas reservas el uso del referéndum como instrumento para la resolución política del “problema catalán”. Experiencias como la del Brexit nos enseñan que se puede perder un plebiscito aun partiendo con cierta ventaja en las encuestas. En efecto, el desenlace de un referéndum puede resultar altamente imprevisible y sujeto a la coyuntura cuando las mayorías no son claras, como es en el caso catalán.

Seguir leyendo »