Un simulacro a pie de playa muestra la dureza del trayecto migratorio y la atención sanitaria a quienes llegan por mar
Un simulacro a pie de playa ha visibilizado la atención sanitaria que reciben las personas migrantes que llegan por mar. La playa de las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, ha acogido este viernes un operativo organizado durante Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria con el objetivo de mostrar la realidad migratoria que se vive en Canarias desde un enfoque sanitario y de emergencia. Con esta intervención se han expuesto las nociones básicas que se desarrollan en situaciones con múltiples víctimas y ha buscado que sus participantes puedan ponerse en la piel de las personas que migran. Además, los profesionales que han participado han incidido en la necesidad de dotar de más recursos a los operativos en los puertos y de la importancia de un enfoque antirracista en la asistencia migratoria.
El operativo simuló que la embarcación había salido de Dakhla, que durante el trayecto fallecieron varios de sus tripulantes y que tocó tierra en el Archipiélago. A pie de playa, los esperaban un policía, una médica del Servicio Canario de Salud (SCS), una enfermera, una ambulancia y tres profesionales de Cruz Roja, entre los que se encontraba un intérprete. En la embarcación, sus ocupantes, -que eran algunos de los asistentes al Congreso y que desconocían a qué se tenían que enfrentar-, reprodujeron las diferentes patologías y situaciones que pueden darse entre las personas migrantes. Había menores, un bebé, personas con problemas respiratorios y sin movilidad. El simulacro ha servido para evidenciar la dureza del trayecto migratorio y los múltiples desafíos a los que se enfrentan el personal sanitario en tierra: “Lo que más me ha sorprendido son las condiciones en que viajan y después, los pocos recursos de los equipos de asistencia. No me imaginaba que hubiese un médico, un equipo sanitario simplemente”, confesó María, una médica residente de medicina familiar en Granada y que participó en el simulacro.
Mientras desembarcan, los miembros de Cruz Roja prestaron su primera atención con la entrega de suero oral de rehidratación a cada migrante. Una vez en tierra, los profesionales iniciaron el triaje y el grupo se dividió en dos: menores y aquellos que necesitaban una revisión integral de su salud fueron trasladados a la carpa sanitaria; y los que a priori presentaban un buen estado de salud, se dirigieron a la carpa humanitaria. Por protocolo, los menores de dos años son enviados al centro hospitalario para ser evaluados. En la carpa humanitaria, la labor de Cruz Roja consiste en repartir bebida, algo de comida, mantas y ropa seca. En este punto, el integrante de la ONG recalcó que el consumo de grandes cantidades de agua o comida de golpe puede desencadenar un efecto contraproducente, puesto que la persona migrante ha estado en una situación de ayuno prolongado. Por ello, la ingesta debe hacerse de manera paulatina.
Para este primer triaje se aplica el método START, que consiste en una clasificación de los heridos para saber quién requiere una atención más inmediata. La médica del simulacro, Isabel Llorca, especifica que se trata de un triaje básico que lo puede hacer cualquier persona, que aunque “no tiene evidencia científica, en Canarias se lleva usando muchos años” y que, según opina, “es un método que no está mal para hacer la primera clasificación”. La profesional, que lleva siete años trabajando en la atención de personas migrantes que llegan por mar y está actualmente en el servicio especial de urgencias, aboga por que la atención continúe con una valoración individualiza, ya que el método START solamente identifica al que se encuentra mal en ese momento, “pero el que tiene un proceso patológico que se va a ir deteriorando en los próximos minutos o horas, a ese no lo capta”.
Durante el operativo, la médica, en colaboración con la intérprete, indicaba a sus compañeros qué personas migrantes debían ser traslados a la carpa sanitaria. Lo hacía mediante códigos de colores. Las personas clasificadas con el color verde, son aquellas cuya atención puede esperar; las asignadas con el amarillo deben recibir atención relativamente rápido, las clasificadas con rojo requieren una atención, valoración y estabilización inmediata y las personas identificadas con el color negro, han fallecido o están en condiciones tan malas, “que en una situación de múltiples víctimas prima tratar a otras personas que tengan una oportunidad para sobrevivir”, detalla Llorca.
En este simulacro se escenificaron dos episodios que los profesionales vivieron en primera persona. Una niña de 9 años que había perdido a su madre durante el camino y un bebé que llegó fallecido al puerto. Llorca especifica que las patologías más frecuentes de las personas que llegan en pateras o cayucos son el estreñimiento, dolor de cabeza, dolores musculares, dificultad para moverse, angustia, y problemas de sueño. Sin embargo, añade que hay otro proceso muy frecuente y grave, que ella nombra como “la triada mortífera”, que es la deshidratación en combinación con una patología muscular grave, la rabdomiólisis y la hipotermia: “Esas tres entidades se combinan y se potencian entre sí, y son las que hacen que lleguen las personas en situación crítica o fallezcan por el camino”.
Hay otras enfermedades muy graves y que se presentan con alta frecuencia. Llorca señala que se producen casos de perforación intestinal, casos en los que “se rompe el intestino porque vomitan mucho durante el camino y están muy estresados”. También se dan trombosis o el síndrome de pie de patera. Además, hay migrantes que han sufrido de un proceso conocido como neumomediastino, que es la rotura de los alveolos pulmonares porque cambia la presión intratorácica por los vómitos y por los gritos durante el camino: “Los alveolos se rompen y el aire sale por debajo de la piel en el tórax y eso hace que al acumularse el aire, se puede comprometer el retorno venoso al corazón de los grandes vasos”.
En un momento de simulacro, la intérprete confesó a la médica que no podía continuar con la atención porque se había visto sobrepasada por el fallecimiento del bebé. Por ello, los profesionales incidieron en la puesta en marcha de los primeros auxilios psicológicos entre los compañeros que prestan servicio en los dispositivos de emergencia. “En ese momento hay que seguir. Hay que llorar un poquito, darse un abrazo, respirar hondo y quererse mucho y permitir después un espacio para comentarlo, para revisarlo, para echarlo para afuera”, reivindica Llorca. Durante la intervención, otro de los sanitarios confesó que el personal sanitario está preparado para gestionar el fallecimiento, pero no para hacerlo con personas que fallecen continuamente, ya que no tienen tiempo para recuperarse.
Una de las principales críticas de los profesionales de la salud que trabajan en la asistencia a personas migrantes es la falta intérpretes y mediadores interculturales. Para José Ángel Suárez Caballero, médico de familia y comunitaria del Centro de Salud de Maspalomas e integrante del comité organizador del congreso, apunta que la barrera lingüística y cultural supone “muchísimas dificultades para poder atenderles y dar una atención sanitaria digna”. Otra de sus compañeras, Laura Delgado Martín, médico de familia y que ha estado en el equipo de atención al migrante en Tenerife, agrega que el intérprete es un voluntario que aporta la Cruz Roja, pero que no se trata de un intérprete oficial. “Se tienen que dimensionar los equipos en función de las necesidades. No puedes tener todo el rato trabajando a las mismas personas, tanto si llegan tres embarcaciones al mes como si llegan 30 en un día. Y luego, debería haber perfiles fijos, en los que hubiera por lo menos un intérprete para podernos comunicar. Eso debería estar garantizado”, reivindica Delgado.
En ese sentido, Llorca apunta que hacen falta más recursos materiales y profesionales, formación para los profesionales para saber de soporte humanitario, sobre primeros auxilios psicológicos, para tener humildad cultural, sobre patologías como el neumomediastino, sobre la atención a múltiples víctimas y todo con un enfoque antirracista: “Hay muchas barreras que normalizamos sin cuestionarlas, sin darnos cuenta ni siquiera de que el sistema en sí mismo es racista, porque no se priorizan las necesidades de unas personas con respecto a otras”, subraya la doctora.
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