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El hombre que se montó en un cayuco hasta El Hierro porque su ciudad se hunde bajo el mar

Cayuco en el que llegó Moussa a El Hierro junto a imágenes de su casa inundada en Saint Louis.

Natalia G. Vargas

La Laguna —
31 de octubre de 2026 21:12 h (Hora canaria)

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Sentado en el suelo junto a un campamento de acogida, Moussa* muestra un vídeo que conserva en su móvil. En él puede verse su casa completamente inundada después de un día de lluvia. En la pantalla, un grupo de niños achica con cubos y escobas el agua que se ha colado por todas las habitaciones y que ha provocado importantes desperfectos en el barrio. Su hogar está en Saint Louis, una ciudad costera del norte de Senegal que se hunde poco a poco por la subida del nivel del mar y por el cambio climático. 

Ahora, Moussa está a más de 4.000 kilómetros de allí, en el campamento de acogida de Las Raíces (Tenerife), después de que el 21 de septiembre llegara a El Hierro en un cayuco. En la embarcación viajaban 61 personas procedentes de Senegal, Gambia, Mali y Guinea Conakry. Entre ellas, tres mujeres y doce menores. “Gracias a dios, todos llegamos bien”, afirma. 

Es un hombre de pocas palabras y le basta con mostrar el vídeo para explicar las razones por las que decidió atravesar el Atlántico. Su viaje hasta Canarias empezó en su propia ciudad y se prolongó durante siete días. Saint Louis sufre desde hace años los estragos de la erosión costera, agravada por la subida del nivel del mar. En 2008, la ONU designó este enclave como el más amenazado de todo el continente por el aumento del nivel del mar. El oleaje está alcanzando zonas que antes estaban más protegidas, explica Abel López, doctor en Geografía Física por la Universidad de La Laguna (ULL). 

“Ese ascenso se debe, principalmente, a la expansión del agua al calentarse y a la pérdida de hielo continental”, añade. Aun así, matiza, en Saint-Louis no todo puede atribuirse al cambio climático. “También intervienen la dinámica del oleaje, los cambios en los sedimentos y las actuaciones humanas”, añade. 

Uno de los enclaves de Saint Louis más dañados por estas causas es la Langue de Barbarie, una península de arena de unos 35 kilómetros de largo y apenas 300 metros de ancho. En 2003, la amenaza de una inundación fluvial que afectaría a la ciudad completa llevó a la administración a abrir un canal de alivio en la Langue de Barbarie para proteger la localidad. 

Sin embargo, la franja al principio experimentó un inesperado ensanchamiento y pasó de los cuatro metros de ancho a los 5,5 kilómetros, alterando “profundamente la desembocadura” y generando importantes consecuencias ambientales y sociales. 

Por otra parte, a diez kilómetros de esta reserva natural, la multinacional BP ha instalado una infraestructura de gas natural licuado de unos 1.150 metros de longitud llamada Greater Tortue Ahmeyim (GTA), generando tensiones con los pescadores artesanales y los habitantes de la península de arena. 

Las familias pobres, las peor paradas 

No todas las personas que han tenido que desplazarse por estos fenómenos lo han hecho hacia Canarias ni al resto de Europa. La mayor parte de los desplazamientos relacionados con el clima se producen dentro del propio país. En el caso de la Langue de Barbarie, algunos de los residentes tuvieron que desplazar sus comunidades hacia zonas de interior, perdiendo sus hogares, sus animales y transformando sus formas de vida, alejándose de las escuelas, los servicios y los lugares de trabajo. 

Viviendas del barrio de Guet Ndar, Saint Louis, afectadas por la subida del nivel del mar.

En este escenario, las familias pobres son las más afectadas. “Una familia con pocos ingresos suele tener menos posibilidades de acceder a una vivienda segura, proteger sus bienes o recuperarse después de una inundación”, apunta López. La infancia, las personas mayores, las que tienen problemas de salud o movilidad, y las mujeres con mayores cargas de cuidados pueden encontrar dificultades adicionales, señala el experto.

Moussa, que no quiere dar su nombre real para no tener problemas, espera poder ganar en España el dinero suficiente para proteger a su casa y a su familia de las inundaciones y mejorar así las condiciones de vida de sus padres, de sus hermanos y de sus hijos, que lo esperan en Senegal.

Aunque cada vez son más las personas desplazadas por el deterioro climático, aún no existe un estatuto específico de refugiado climático. Sin embargo, en 2020, el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas estableció que no pueden ser deportadas aquellas personas que enfrentan en su lugar de origen condiciones inducidas por el cambio climático y que pueden vulnerar su derecho a la vida.

Sequías, inundaciones y calor extremo

Senegal no tiene “una única realidad climática” y los efectos son diferentes entre regiones, matiza el docente de la ULL. El país hace frente al aumento de las temperaturas, a episodios de calor extremo, a lluvias irregulares, sequías e inundaciones.

Los impactos sobre los sectores económicos también son distintos. La costa senegalesa es un punto clave para el trabajo. “Si desaparecen las playas o se dañan los lugares de desembarque, resulta más difícil guardar las embarcaciones, reparar las redes, desembarcar las capturas y comercializarlas”, indica Abel. “El impacto se extiende a quienes transforman, transportan y venden el pescado, actividades en las que las mujeres tienen un papel fundamental”, sostiene Abel López.

Imagen de archivo de uno de los niños desplazados de la Langue de Barbarie (Senegal).

La disponibilidad de los recursos pesqueros puede verse alterada por el calentamiento del océano, pero también por su gestión. En este sentido, la costa senegalesa sufre una importante presión pesquera por parte de los barcos europeos y chinos. 

La producción agrícola y ganadera, un sector que representa el 17,1% del PIB (Producto Interior Bruto), se reduce como consecuencia del calor y la falta de agua, comprometiendo no solo los ingresos, sino también la alimentación. 

En las ciudades, en cambio, las lluvias intensas pueden provocar daños importantes cuando coinciden con drenajes insuficientes y viviendas en zonas inundables. “Y, por último, algo que también vemos en Canarias es que el calor también afecta a la salud y a la capacidad de trabajar al aire libre”, apostilla el doctor en Geografía Física. 

Encontrar soluciones en la naturaleza 

Para Abel López, la reducción del riesgo pasa por evitar nuevas viviendas en las zonas de mayor peligro, mejorar el drenaje y el saneamiento, disponer de alertas tempranas y preparar evacuaciones accesibles. En determinados lugares, añade, será necesario trasladar viviendas contando con la población, para garantizar una vivienda adecuada y mantener el acceso al empleo y a los servicios.

“Alejar a una familia del mar sin resolver cómo seguirá viviendo de la pesca puede reducir su exposición a las olas y, al mismo tiempo, empeorar su situación económica. Por eso, los programas de realojo deben incluir la recuperación de los medios de vida y la integración en el lugar de destino”, mantiene. 

El Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) ha desarrollado en la costa africana diferentes proyectos para hallar soluciones a los graves problemas que enfrentan las poblaciones asentadas junto al litoral. Javier Acerete, líder del proyecto RES-COAST, cofinanciado con fondos FEDER en el marco del Programa europeo MAC 2014-2020, explica que las propuestas se fundamentan en la propia naturaleza, en lugar de añadir más cemento a la costa.

La propuesta de la 'cuarta isla' planteada por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC).

En la Langue de Barbarie, la principal medida planteada por RES-COAST, en el que también colaboró la Dirección de Medio Ambiente del Gobierno senegalés, pasó por crear una “cuarta isla” artificial de arena frente a la Langue de Barbarie, concebida como un dique natural activo y que podría ser la alternativa al desplazamiento de miles de personas. El objetivo principal es proteger a los núcleos de población tanto de la Langue, como de la isla de Saint Louis, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y de la localidad de Sor. 

La vigilancia y la continua monitorización han sido también ejes clave en este proyecto, que finalizó en 2020, pero cuya estela ha sido recuperada por el proyecto WACCID, también cofinanciado por el programa MAC.

En este punto, añade López, es clave comprender el comportamiento del río, del mar y de los sedimentos. “Su historia demuestra que una intervención puede aliviar un problema inmediato y generar otros si no se evalúan sus consecuencias sobre el conjunto del sistema”, apostilla. 

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