Puro fútbol inglés en Nottingham: ¡cuánto nos queda por aprender!

Nottingham —

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A orillas del Trent, el fútbol deja de ser únicamente un deporte para convertirse en parte de la identidad de toda una ciudad.

Cubrir el Nottingham Forest – Arsenal del pasado domingo fue suficiente para comprobar por qué la Premier League es, sin ninguna duda, la mejor Liga del mundo. Para un aficionado al CD Tenerife afincado temporalmente en el Reino Unido, habitual asistente en el Heliodoro —muchas más veces como aficionado que como parte de la prensa—, y con experiencia visitando decenas de estadios de todo el territorio nacional, la visita al City Ground fue la clara muestra de que, en Inglaterra, el fútbol se vive de una manera a la que no estamos acostumbrados.

Como todo buen aficionado al fútbol, llegar a una nueva ciudad implica, como parte del turismo, visitar al club local. Aunque los reds no son el único equipo de esta localidad del centro del país, puesto que, junto a la otra orilla del Río Trent, y apenas separados por unos 270 metros, disputa sus partidos en Meadow Lane el Notts County, club fundado en 1862, que cuenta con el honor de ser el más antiguo del mundo.

Pero en esta ocasión, la experiencia se centra en el Forest, arrancando dos días antes del partido con la visita guiada al City Ground, inaugurado en 1898. Allí, Michael, un veterano aficionado local, detalla la historia del humilde equipo que sorprendió al mundo a finales de los años 70, ganando su primera Liga en 1978 solo un año después de ascender a la élite —único en la historia que lo hizo—, para las dos temporadas siguientes, agrandar el milagro al conquistar contra todo pronóstico dos Champions League (entonces Copa de Europa) consecutivas.

Entre muchas anécdotas, existe una en concreto que resulta imposible no relacionarla con el CD Tenerife. Al igual que los trofeos, documentos y recuerdos del conjunto tinerfeño desaparecieron con el incendio de la sede del club en 1945, el Forest pasó por una situación similar 23 años más tarde, cuando en el descanso de un partido frente al Leeds, las llamas, iniciadas en el área de vestuarios y propagadas rápidamente a otras zonas debido a la madera de las gradas, afectaron también a su museo.

Tras recorrer los entresijos del estadio, conocer de cerca la historia de los tricky trees, y visitar su actual sala de trofeos —pequeña, pero con títulos en sus vitrinas que ya quisieran algunos de los grandes—, tocaba esperar al domingo, para la visita de todo un histórico como el Arsenal FC.

Dos horas antes del partido, recorriendo el puente que cruza el río Trent a escasos metros del Estadio, entre una marea de aficionados locales que también llenan los pubs de la zona, sorprende cómo una pequeña embarcación empieza a dar color al ambiente con humo rojo, acompañada por los cánticos de la multitud, que poco después espera la llegada de los equipos para continuar alentando a los suyos. El ambiente es similar al de las grandes citas en el Heliodoro o en muchos campos del fútbol profesional español. Sin embargo, cabe destacar que se trata de un duelo, sin una rivalidad especial, correspondiente a la séptima jornada de Liga.

Las diferencias entre ambas competiciones también se notan a la hora de recoger la acreditación. El área de trabajo destinada a la prensa cuenta con máquina gratuita de café, variedad de dulces y bebida ilimitada, junto con dos menús del día: uno para la previa y otro para el descanso. Sin embargo, lo más llamativo viene relacionado con la revista del partido, habitual en cada estadio de este país, donde los aficionados la compran —con gusto— cada fin de semana por alrededor de cuatro o cinco libras. Imposible, con esto, no acordarse del Bota Heliodoro, que dejó de publicarse en la Isla por una supuesta falta de interés.

Ya desde la zona de prensa en la tribuna, otro choque de realidad: desde uno de los fondos, un tifo con las siglas N.F.F.C. recibe a los futbolistas a su salida al campo, mientras el Estadio de poco más de 30.000 espectadores, en el que no se aprecia un solo asiento vacío, canta en pie el Mull of Kintyre a todo pulmón. No hay que olvidar que apenas es la séptima jornada y el fútbol se vive como si de una final se tratase.

La primera parte tuvo pocas ocasiones y en el juego destacó el orden defensivo local, junto con la presión y las dificultades para encontrar espacios por parte del equipo de Mikel Arteta. Eso sí, a diferencia de lo que ocurre en España, los árbitros parecen más permisivos en la Premier League, tolerando más el contacto físico y permitiendo así más continuidad en el juego, algo de apreciar para el espectador.

En la segunda mitad, el duelo se abrió y el City Ground pasó a ser una caldera; la cercanía de la grada con el campo se hizo notar y cada mínimo intento por aproximarse al área visitante era respondido por el bullicio llegado desde los cuatro costados del recinto. Sin embargo, los que más celebraron fueron los aficionados Gunners, gracias al solitario tanto de Madueke en el minuto 80. Pese al 0-1, el público local despidió a los suyos con aplausos tras el pitido final.

Tras pasar por la rueda de prensa y la zona mixta, coincidiendo con quien fuera jefe de rehabilitación, fuerza y acondicionamiento del CD Tenerife hasta 2025, Yeray Abreu —ahora parte de la estructura técnica del conjunto londinense—, termina una experiencia inolvidable que trasciende el resultado, en una de las ubicaciones donde mejor se puede entender por qué la Premier League despierta tanta admiración más allá de sus fronteras. Porque, a orillas del Trent, el fútbol deja de ser únicamente un deporte para convertirse en parte de la identidad de toda una ciudad.