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Saavedra, la solución por EDITORIAL

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Y es que Felipe Afonso El Jaber, legitimado por las urnas para ejercer la oposición, tiene la misma densidad que la estulticia y pese a ello en su labor de oposición se esta creciendo ¿Qué está pasando?

Deberíamos dirigirnos en primera instancia al Partido Socialista y al Partido Popular. Al primero, para recordarle que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria sólo ha votado una mayoría de gobierno socialista ante los casos excepcionales de encontrarse con candidatos como Juan Rodríguez Doreste o Jerónimo Saavedra. Ante las candidaturas de políticos de reparto como Chano Franquis o Emilio Mayoral, o la non nata de Arcadio Díaz Tejera, la contestación de la ciudadanía ha sido o habría sido rotundamente no.

Menos exigente con las candidaturas de derechas, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria votó en 2003 la de Pepa Luzardo, y a toro pasado podemos afirmar que la hoy líder de la oposición no sirve mucho más allá que para vendedora de tupperware. Isolux fue el primero de sus disparates y el santo y seña de su gestión, pero esa alcaldesa llegó a vender solares que no eran propiedad municipal, gastó 30.000 euros en pulseras, permutó una biblioteca por 27 chalets y consolidó las múltiples trapisondas que dejó encaminadas su antecesor. Ha tenido mucha suerte con que le sucediera Saavedra, porque un revisionismo sencillo de su época de alcaldesa la inhabilitaría ante la opinión pública y ante cualquier juzgado de guardia. Por todo ello, haría bien el Partido Popular en cambiar de candidato si quiere recuperar la alcaldía.

Ante tan inhabilitada oposición, ¿qué le ha pasado al equipo de Saavedra? El origen de la crisis no está sólo en los concejales de gobierno, sino en el segundo escalón que habitan los directores generales y otros asimilados como el jefe de gabinete de la alcaldía. Porque muchos nombramientos de directores generales, por vulgares, sólo han servido para desactivar las fuerzas creativas y de cambio que anidaba en el cuerpo de funcionarios, que celebraron el triunfo de Saavedra y hoy están atónitos ante el impresentable nivel de muchos de esos directores que en nada podían superar la capacidad de trabajadores públicos que ya estaban en la casa.

Respecto a los concejales sólo cabe apelar a la posible presencia de un virus mezcla de alcahuetería y falta de humildad que ha llevado a los actores principales a competir a la baja poniendo el listón de la gestión muy bajo y en clave especulativa. Es digno de estudio científico el factor paralizante que debe respirarse en ese equipo para que ni uno entre quince emita señales de brillantez o eficacia.

Las energías del funcionariado, llamado a ser clave en el gobierno socialista están en la nevera por exceso de politización y abandono de los principios de mérito y capacidad, y porque la mejor manera de anular a un buen funcionario es ponerle de jefe a un director general menos capaz y nombrado a instancias de la agrupación local, situada enfrente y a tiro de piedra. El caso del boro en Emalsa es un buen botón de muestra. Con el solo gobierno de los funcionarios ésto se habría saldado de forma distinta. Pero, ¿qué funcionarios del área de desarrollo sostenible están dispuestos a dar la cara ante la presencia de un director general que nunca debió ser nombrado, que resta y no suma?
En el escenario de proa al marisco sólo queda el consuelo de disponer de un capitán que sigue teniendo crédito y liderazgo ciudadano a expensas de conocer si el alcalde es el problema o la solución. Tiene que ser la solución porque la ciudad no se merece otra cosa después de tanto sufrimiento.

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