Una beca de Alarcó para otro Alarcó
Con esa permisividad con la que se ha conducido la prensa ante el comportamiento de gran parte de la vida política y empresarial canaria es normal, por ejemplo, que el personal vote con naturalidad e incluso con cierto regocijo a personajes que se mofan abiertamente del interés de los ciudadanos y del buen gobierno que habría de presidir siempre la gestión de lo público. Si alguien cree que la auditoría de Alarcó le va a restar votos, que se mire la secuencia de casos de corrupción del PP y su correspondencia electoral para que se desengañe por completo. Más bien cabría analizar ese mecanismo incomprensible que anima al votante a premiar al más pillo, no sabemos si precisamente por esa cualidad tan reflejada en la novela hispana del género pícaro, o si por considerar que cuando se llega a según qué puestos mamar es cosa de hombres, como el Soberano. Ese punto de impunidad y de creerse que todo el monte es orégano debe estar en los motivos que condujeron al doctor Alarcó a otorgar en 2009 una beca de un máximo de 3.900 euros a su hijo Javier Alarcó para que pudiera formarse en algún centro de fuera de Tenerife. Así consta, al menos, en la web de la Fundación Canaria Salud y Sanidad de Tenerife.
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