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El gas no es una ocurrencia de Cardona

La otra muestra de los movimientos que están produciendo ya en Canarias los poderes invisibles con la necesaria complicidad de determinadas administraciones y un buen número de medios informativos es el de las inversiones frustradas. Sobre la base de una legítima y bien fundada queja, la de la fuerte carga burocrática que desde hace años frena las inversiones en las islas, y sobre la mucho más popular necesidad de invertir en grandes proyectos para poder generar empleo en la segunda región europea con más parados, los grandes poderes se han conjurado para desbloquear operaciones que han sufrido bloqueo por diferentes motivos. En ese empeño por el desbloqueo y en nombre del progreso, se mezclan justas reclamaciones con injustas acusaciones, con maniqueismos contra ecologistas, anatemas contra alcaldes de izquierdas y manipulaciones informativas de todo color y pelaje. Como ocurriera en su día en Tenerife con las cuatro banderas del “progreso” (Granadilla, cierre del anillo insular, tercera pista del Reina Sofía y tendido eléctrico) ahora en Gran Canaria se han destapado tres hitos muy llamativos que se han colocado de repente sobre la mesa de los poderes públicos y los no públicos y sobre la mesa de los directores de medios informativos: la resucitada Gran Marina en el frente litoral de Las Palmas de Gran Canaria, un centro comercial de los Hermanos Domínguez en la Vega de Gáldar y una planta regasificadora de Gascan en la península de La Isleta, concretamente en el muelle de La Esfinge.