¿Puede Canarias reducir su dependencia del combustible gracias a la geotermia?

Carlota Martínez

16 de septiembre de 2026 14:46 h (Hora canaria)

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A las puertas del quinto aniversario de la erupción que transformó para siempre el paisaje de La Palma, el vulcanismo vuelve a situarse en el centro del debate energético de Canarias. No por la amenaza de una nueva erupción, sino por la posibilidad de aprovechar el calor que permanece bajo tierra para producir electricidad.

Pero hay una pregunta que ronda la mente de los canarios, ¿se puede convertir el calor subterráneo de los volcanes en una fuente de energía capaz de sustituir a los combustibles fósiles?

La respuesta comienza a tomar forma. Un total de 139 investigadores, científicos y especialistas vinculados a universidades, organismos públicos y centros de investigación de Canarias, del resto de España y de otros países han suscrito un manifiesto en defensa del desarrollo responsable de la geotermia en el Archipiélago. El pronunciamiento llega pocos días después de que los sondeos realizados en Vilaflor de Chasna hayan confirmado la existencia de un sistema hidrotermal profundo con características susceptibles de aprovechamiento energético.

Por qué la geotermia en Canarias tiene tanto potencial

A diferencia de la energía solar o eólica, que dependen de las condiciones climáticas, el calor del subsuelo proporciona una energía de base, firme, constante y gestionable las 24 horas del día, la geotermia es una candidata excepcional para apagar definitivamente las centrales térmicas que queman fueloil y gasóleo para sostener la red eléctrica cuando no hay viento o no brilla el sol.

Lo cual es una ventaja, ya que el Archipiélago cuenta con un problema que condiciona su transición energética, y es que sus sistemas eléctricos son aislados. A diferencia de la Península, si en una isla deja de soplar el viento o cae la noche, no se puede recurrir a la electricidad de Francia o Portugal a través de grandes interconexiones para cubrir ese déficit.

Esto obliga a depender en buena medida de centrales térmicas que queman fueloil y gasóleo, combustibles fósiles caros y contaminantes que siguen siendo necesarios para garantizar que la luz no se apague cuando las renovables no son suficientes.

La geotermia, en cambio, no depende de si es de noche o de día, de si llueve, sopla el viento o hay calima. El calor está ahí, bajo tierra, y puede convertirse en electricidad de forma constante. A ello se suma otra ventaja especialmente importante para un territorio insular, la independencia energética.

Canarias gasta cientos de millones de euros al año en importar combustibles que llegan en barco desde el exterior para mantener en funcionamiento su sistema eléctrico. El recurso geotérmico, si finalmente se demuestra que puede explotarse a escala comercial, sería en cambio 100% autóctono. El calor no habría que traerlo de ninguna parte, estaría bajo los pies de las islas, pero no es un recorrido ligero.

El desarrollo de la geotermia profunda, con perforaciones que pueden superar los 2.000 metros, requiere distintas fases de investigación y exploración antes de saber si un determinado recurso puede aprovecharse para producir electricidad de manera rentable y segura. Hay que conocer qué ocurre bajo el subsuelo, localizar los reservorios, estudiar sus temperaturas y características y comprobar, mediante sucesivos sondeos, si existe un recurso suficiente para desarrollar una instalación energética.

Canarias se encuentra ahora mismo en ese punto de inflexión. Después de años de investigaciones y sondeos, los últimos resultados comienzan a dibujar un escenario en el que el calor de origen volcánico podría dejar de ser únicamente una característica geológica del Archipiélago para convertirse también en una fuente de energía.

Qué es la geotermia y cómo puede producir electricidad

Según la Real Academia Española, la geotermia es un conjunto de fenómenos internos del globo terrestre. Su segunda definición es que es el estudio científico de la geotermia, considerada como una fuente de energía. Pero, en realidad, va más allá de eso. La energía geotérmica es una forma de energía renovable que aprovecha el calor natural del interior de la Tierra. Se basa en la explotación de la temperatura del subsuelo para generar electricidad o calor. 

Aunque el potencial de la geotermia está condicionado por las características geológicas de cada territorio, Canarias presenta unas condiciones especialmente favorables para su desarrollo gracias a sus terrenos volcánicos. El calor puede encontrarse a profundidades relativamente accesibles. Cuando las temperaturas son suficientemente elevadas, el agua subterránea puede convertirse en vapor y utilizarse para mover una turbina conectada a un generador eléctrico. De esta forma, la energía térmica almacenada bajo tierra se transforma en electricidad. En otros casos, cuando las temperaturas son más bajas, el calor puede utilizarse directamente para calefacción, agua caliente o determinados procesos industriales.

Una de las principales ventajas de la energía geotérmica es que, a diferencia de otras fuentes renovables como la solar o la eólica, no depende de que haya sol o viento en un momento determinado. Una instalación geotérmica puede producir energía de manera continua, las 24 horas del día, siempre que el recurso esté disponible y se gestione adecuadamente.

Además, se trata de una fuente de energía que ocupa relativamente poco espacio en superficie y que puede contribuir a reducir el consumo de combustibles fósiles y las emisiones asociadas a la generación de electricidad.

Claves del desarrollo de la geotermia en Canarias

El despliegue de esta nueva fuente energética cuenta con una inversión histórica de alrededor de 105 millones de euros procedentes de fondos europeos, canalizados a través de programas como el de Geotermia Profunda del IDAE. Estos recursos permitirán poner en marcha las primeras grandes campañas de prospección y perforación en el subsuelo canario.

La investigación se concentrará, inicialmente, en Tenerife, Gran Canaria y La Palma, las tres islas que presentan mejores condiciones geológicas para localizar recursos geotérmicos de alta temperatura. Cada una dispone de partidas millonarias destinadas a determinar si ese potencial puede convertirse en una fuente estable de generación eléctrica.

En Tenerife ya se han dado pasos relevantes. El consorcio público-privado Energía Geotérmica de Canarias (EGC) ha identificado indicios de un importante recurso geotérmico a unos 2.300 metros de profundidad, en el municipio de Vilaflor. El siguiente reto será confirmar mediante nuevas perforaciones si ese recurso es técnicamente aprovechable y puede sostener una futura planta de generación.

El calendario que manejan los promotores sitúa 2029 como un horizonte clave. Si las campañas de exploración y los sondeos confirman la existencia de un recurso explotable, ese podría ser el año de entrada en funcionamiento de la primera planta geotérmica de generación eléctrica de Canarias.

El interés de esta tecnología va más allá de producir electricidad. El sistema energético de las islas mantiene una elevada dependencia de combustibles fósiles importados, lo que encarece la generación y aumenta la vulnerabilidad del sistema ante las variaciones de los mercados internacionales. La geotermia permitiría incorporar una fuente autóctona y constante, capaz de producir energía las 24 horas del día, reduciendo esa dependencia.

Además, frente a la necesidad de grandes superficies que requieren algunas instalaciones renovables, la geotermia presenta una ocupación del territorio relativamente reducida, un factor especialmente relevante en un archipiélago con una elevada proporción de espacios protegidos.

Si las perforaciones confirman las expectativas actuales, Canarias podría situarse así ante una oportunidad estratégica: convertir su propia naturaleza volcánica en una fuente de energía limpia, estable y autóctona.

Qué inconvenientes tiene la energía geotérmica

Una energía como la geotermia requiere grandes inversiones, perforaciones complejas y un conocimiento muy preciso de lo que ocurre a miles de metros bajo tierra. A ello se suman los posibles impactos ambientales, las dificultades técnicas y, especialmente, la necesidad de lograr el respaldo de las poblaciones que conviven con los proyectos.

1. Un elevado riesgo financiero: el llamado 'riesgo minero'

Uno de los principales obstáculos es económico. Antes de saber si un yacimiento geotérmico puede producir electricidad hay que perforar y explorar el subsuelo, y hacerlo a grandes profundidades puede suponer inversiones millonarias.

El problema es que una perforación no garantiza encontrar un recurso aprovechable. Puede ocurrir que la temperatura del agua sea insuficiente, que el caudal no alcance el nivel necesario o que las características del reservorio hagan inviable su explotación comercial. En esos casos, buena parte de la inversión realizada durante la exploración puede no recuperarse.

Este es el denominado 'riesgo minero': gastar grandes cantidades de dinero sin tener todavía la certeza de que bajo tierra exista un recurso energético que pueda explotarse de forma rentable.

2. El impacto sobre el paisaje

La geotermia tiene una huella relativamente reducida cuando la planta ya está en funcionamiento, pero la fase de exploración es mucho más visible. Las campañas de perforación requieren maquinaria pesada, plataformas de trabajo, caminos de acceso e instalaciones auxiliares que pueden alterar temporalmente el paisaje.

En Canarias, donde el territorio es limitado y buena parte del suelo presenta algún grado de protección, esta cuestión adquiere una especial importancia. Además, algunos de los lugares con mayor potencial geotérmico se encuentran en entornos de elevado valor paisajístico y turístico.

El reto consiste, por tanto, en compatibilizar la investigación del subsuelo con la protección del territorio y minimizar al máximo el impacto de las obras.

3. La protección de los recursos hídricos

Otro de los aspectos que exige mayores garantías es la protección de las aguas subterráneas. Canarias depende en buena medida de sus acuíferos, galerías y pozos para disponer de agua dulce, por lo que cualquier actividad que implique perforar el subsuelo debe realizarse con estrictos controles.

Los pozos geotérmicos atraviesan diferentes capas del terreno y pueden alcanzar reservorios de agua a elevada temperatura y con una alta concentración de minerales y sales. Por eso, la correcta construcción y sellado de las perforaciones resulta fundamental para evitar la comunicación entre distintos niveles subterráneos y prevenir posibles afecciones a los acuíferos.

No se trata únicamente de encontrar calor: también hay que garantizar que la exploración y posterior explotación se realizan sin comprometer un recurso tan estratégico como el agua.

4. El riesgo de sismicidad inducida

La actividad geotérmica también puede generar pequeños movimientos sísmicos, especialmente en determinados sistemas que requieren la inyección de fluidos a presión en el subsuelo.

Al modificar las condiciones de presión de las rocas profundas pueden producirse microseísmos. Según expertos, en un territorio volcánico como el nuestro, donde la actividad sísmica forma parte de la propia dinámica geológica de las islas, este aspecto requiere una vigilancia especialmente cuidadosa.

La monitorización continua de la actividad sísmica y el control de las presiones durante las operaciones son, por ello, elementos esenciales para reducir y gestionar este riesgo.

5. La corrosión y el desgaste de los equipos

El calor no es el único elemento que dificulta el aprovechamiento del recurso. Los fluidos geotérmicos pueden contener elevadas concentraciones de sales, minerales y gases que resultan especialmente agresivos para los materiales utilizados en los pozos y las instalaciones de generación.

Esta composición puede provocar corrosión, incrustaciones y desgaste en tuberías, válvulas, intercambiadores y otros componentes. La consecuencia es un aumento de los costes de construcción y mantenimiento, ya que es necesario utilizar materiales resistentes y diseñar sistemas capaces de trabajar durante años en condiciones extremas.

Es uno de los desafíos técnicos que determinará hasta qué punto un recurso geotérmico puede ser no solo aprovechable, sino también económicamente competitivo.

6. El reto social y administrativo

Y existe un último obstáculo que no está bajo tierra, sino en la superficie: la aceptación social.

La mayor parte de las molestias y los impactos de un proyecto geotérmico se concentran precisamente durante las primeras fases, cuando todavía no se está generando electricidad. Durante meses o incluso años, los vecinos pueden convivir con maquinaria pesada, ruido, tráfico de vehículos, perforaciones y cambios temporales en el paisaje sin recibir todavía los beneficios de la futura instalación.

Ese desfase puede alimentar la oposición local y complicar la tramitación de los proyectos. En territorios pequeños, donde los espacios disponibles son limitados y existe una elevada sensibilidad hacia el paisaje y los recursos naturales, conseguir el respaldo de las comunidades locales puede convertirse en un factor decisivo.

Por eso, el desarrollo de la geotermia no depende únicamente de encontrar un recurso bajo tierra. También será necesario explicar con transparencia sus riesgos, establecer mecanismos de control ambiental, garantizar la protección del agua y del territorio y hacer partícipes a las poblaciones afectadas de los beneficios que pueda generar.

En definitiva, el gran desafío de la geotermia es demostrar que el calor que existe bajo las islas puede convertirse en energía sin trasladar sus costes ambientales, económicos y sociales a quienes viven sobre ellas.