‘Días de Poesía’ reivindica el poder de la palabra viva en Las Palmas de Gran Canaria
La primera edición del Días de Poesía se clausuró este fin de semana con una notable afluencia de público -al menos para los estándares habituales de este género literario- y con la confirmación de que la palabra poética, cuando se abre a nuevos lenguajes y formatos escénicos, conserva intacta su capacidad de convocar, emocionar y reunir a la ciudadanía.
Un cierre cargado de emoción y de intención que pone fin a varios días de actividades para una ciudad transformada en escenario para el verso, la performance y la palabra compartida. Bajo el lema “La poesía invade la ciudad”, el festival propuso un recorrido por diferentes espacios culturales y urbanos de la capital grancanaria en una combinación de recitales, intervenciones urbanas, podcast en directo, spoken word, videopoesía y competiciones de poesía oral, o poetry slam. Una programación diversa que reunió a voces de todos los tipos, tonos y colores con el propósito de resituar la poesía y acercarla a públicos de todas las edades
Uno de los momentos más intensos del festival se vivió durante la noche del viernes con la celebración del poetry slam, una cita marcada por la emoción y la participación activa del público. En este formato escénico, la poesía abandona el papel para convertirse en una experiencia performativa donde el texto, la voz y la participación se combinan en directo. Lo ganó la periodista y poeta Nayra Bajo de Vera. Una poesía que no solo se lee sino que se interpreta, se mueve y se comparte, una poesía viva, abierta y descarada que conecta con la tradición oral al tiempo que dialoga con los lenguajes contemporáneos.
La noche del viernes contó además con la participación del artista Gonzalo Escarpa, que desplegó su espectáculo con el humor y la inteligencia escénica que caracterizan su trabajo. Su intervención, a medio camino entre la tradición juglaresca y la poesía contemporánea, conectó con el público, con espacio incluso para la poesía más clásica, como sus sonetos y juegos verbales que recuperan la esencia del verso desde una mirada irónica y cercana.
Sábado de poesía
El sábado por la mañana la palabra volvió a tomar protagonismo con la convocatoria “Versea tú”, un encuentro abierto que invitaba a cualquier persona a compartir sus propios textos. La actividad registró una gran afluencia de público, con participantes de todas las edades que acudieron con sus poemas para formar parte del festival. Este espacio intergeneracional se convirtió en una celebración de la poesía como experiencia colectiva, con aficionados, lectores y escritores que encontraron un escenario común para dar voz a sus versos.
La mañana culminaba con la intervención de Juli Mesa, cuya lectura dejó una de las estampas más emotivas del día. La lanzaroteña ofreció un recital profundamente conectado con el territorio y la identidad isleña, con versos que transitan entre la sencillez y la hondura, para hablar de las raíces, lo rural y las pequeñas historias que construyen la memoria de las islas.
Pero la tarde deparaba nuevas sorpresas. La programación continuó con la grabación en directo del podcast cultural Néctar, que entrevistó al poeta William González con su obra Cara de Crimen, y donde también entró la creadora Vivien Déniz, que presentaba horas después en la plaza de Santa Ana su performance La condena de las torres bellas, y por supuesto la voz y la expresividad de Laura Sam, referente de la poesía performativa, que invitaba desde el Castillo de Mata a acercarse a la plaza de Santa Ana para disfrutar del esperado cierre del festival .
Laura Sam protagonizaba así uno de los momentos centrales de la velada, en una actuación cargada de intensidad verbal y presencia escénica. La noche contó también con la participación de William González, así como Vivien Déniz y hasta del poeta y rapero Anibal El Liricida, quien subió al escenario para compartir sus versos y dedicar un espacio especial a la figura del escritor Alonso Quesada.
La participación ciudadana, la diversidad de propuestas y la energía creativa que se vivió en cada actividad han marcado el cierre de una primera edición que deja una sensación compartida: la poesía sigue viva cuando encuentra nuevos escenarios y nuevas voces.