Los tiempos de refutación
Qué bien me lo paso cuando llegan los mundiales de fútbol, porque no me gusta ese deporte, casi nada, y menos en su práctica colectiva de fanatizados ante los televisores, y ya muchas fanatizadas.
Pues en unos días estamos en ello. Habrá una disminución de catástrofes políticas, al menos en España, hasta la colisión de eso que llaman selección. O hasta su triunfo, que todo puede ser. Mi amigo Argentinito de la Cruz se refugia en la lectura de Camilo José Cela, de su obra más antigua. Siempre hay valientes y yo nunca me he atrevido a preguntarle las razones de tal evasión. Otra amiga de nombre ignoto, ve los partidos con sus cinco hijos mientras prepara meriendas y demás refrigerios para su público reinante. Qué bonito.
Ya he dicho que no me gusta, pero menos ahora que España tiene un seleccionador triste, cariacontecido y meapilas. La gente que siempre es buena genera extraños consensos que, en caso de fracaso, suelen producir estruendos. Le deseo lo mejor para evitar cualquier catástrofe indeseada.
Hasta que llegó Vázquez Montalbán, y otros que le siguieron, recuerdo desde la izquierda ibérica cómo se menospreciaba el fútbol. Aquellos que no podían evitar se aficionados, seguidores o lo que fuera, seguían los acontecimientos desde una auténtica clandestinidad, no fuera a ser que los camaradas o compañeros le descubrieran. Cuando ese deporte se ha feminizado, casi los nuevos clandestinos somos los otros, en el fondo los de siempre, desapasionados del espectáculo global.
Recuerdo, sin embargo, con cierto placer, la llegada de la televisión en color a través de un mundial de fútbol, el de 1974 que, como siempre, ganó Alemania y perdió Holanda. El color había llegado antes pero las retransmisiones masivas se inauguraron con Cruyff y Bekenbauer. Las esencias patrias ni convocadas, y aun nos tocaría el final del franquismo con sus estertores crueles. Valdano, que llegó a jugar contra él siendo muy joven, decía que el holandés impresionaba porque siempre olía a colonia, en cualquier momento del partido. Seguro que exageraba.
El fútbol siempre ha formado parte del pan y circo, argentinos y españoles, entre otros muchos, lo pueden atestiguar todavía. En dictadura y en democracia, da igual, aunque algunos digan que el fútbol no tiene nada que ver con la política. Que se lo pregunten a los socios del Madrid y sus elecciones.
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