Moya ya era cervantina hace un siglo: las 10 pesetas con las que se sumó en 1926 al homenaje a Cervantes
Diez pesetas. Esa fue la cantidad que el Ayuntamiento de la Villa de Moya decidió destinar, el 17 de agosto de 1926, al homenaje nacional promovido para honrar a Miguel de Cervantes con motivo del tercer centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote. Una cantidad que además adquiere otra dimensión cuando se mira con los ojos de aquel momento, ya que suponía el 8% de toda la partida de imprevistos del presupuesto municipal.
Casi un siglo después, el 13 de enero de 2025, Moya se incorporó oficialmente a la Red de Ciudades Cervantinas, creada en 2017 para reunir y conectar lugares vinculados con Cervantes, su obra y la difusión de su legado. La coincidencia no es causal -la incorporación actual responde a una realidad cultural muy distinta-, pero aquel acuerdo municipal de 1926 revela que la relación de Moya con la figura del escritor viene de mucho más atrás de lo que podría pensarse.
La historia ha podido recuperarse ahora gracias a la investigación realizada en el Archivo Municipal de Moya, que ha permitido localizar dos acuerdos de la Junta Municipal Permanente relacionados con aquella iniciativa nacional.
Diez pesetas que salieron de los “imprevistos”
Todo comenzó el 7 de julio de 1926. En aquella sesión, la corporación municipal dio lectura a una circular remitida desde Madrid en la que se solicitaba la colaboración de los ayuntamientos españoles para contribuir económicamente a la construcción de un gran monumento dedicado a Miguel de Cervantes.
La iniciativa, promovida por el rey Alfonso XVIII en el marco del homenaje nacional impulsado por el Ayuntamiento de Madrid, buscaba implicar a los municipios de todo el país en la conmemoración del tercer centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote. En Moya, sin embargo, había un problema, que el presupuesto municipal no contemplaba ninguna partida específica para este tipo de homenajes.
La Junta Municipal Permanente decidió entonces estudiar cómo podía realizarse una aportación.
La respuesta llegó poco más de un mes después. El 17 de agosto de 1926, el Ayuntamiento acordó contribuir con 10 pesetas a la suscripción nacional, con cargo a la partida de imprevistos del presupuesto vigente.
Y ahí es donde aquella cifra adquiere especial interés.
El presupuesto completo del Ayuntamiento ascendía entonces a 62.999,88 pesetas. La partida destinada a imprevistos era de apenas 125 pesetas. De ella, el Consistorio decidió reservar 10 para el homenaje a Cervantes: una de cada doce pesetas disponibles para gastos imprevistos.
No era, por tanto, una aportación especialmente elevada en términos absolutos, pero sí significativa para las arcas de un municipio con recursos limitados. La decisión reflejaba la voluntad de participar en una iniciativa que se entendía como una contribución al patrimonio cultural del país.
Un vínculo con Cervantes que llega hasta hoy
Aquella aportación quedó registrada en los documentos municipales y, durante décadas, permaneció como un episodio más de la historia de Moya. Hoy, sin embargo, adquiere una lectura particular tras la entrada de la Villa en la Red de Ciudades Cervantinas.
La incorporación de 2025 se sustenta en una serie de elementos que han convertido a Cervantes y a El Quijote en parte de la actividad cultural del municipio. Entre ellos se encuentran el espacio y el mural dedicados a El Quijote en la Biblioteca Municipal, la nomenclatura de distintas calles del municipio, el menú cervantino del restaurante Sibora, en Fontanales, y distintas iniciativas educativas y culturales.
A esta relación se suman actividades como la celebración del Día del Libro, el XVII Encuentro y Muestra de Experiencias Didácticas: Jornadas Cervantinas en Moya, la exposición Cervantes, El Quijote y las Matemáticas, el concierto Armonías del Siglo de Oro: La Música que inspiró a Cervantes: 1547-1616 o la ruta teatralizada de El Quijote dirigida a los centros escolares.
Son iniciativas contemporáneas, pero el documento recuperado en el Archivo Municipal permite añadir una pieza más antigua a ese relato. En 1926, cuando Moya todavía no podía imaginar que casi cien años después formaría parte de una red internacional de ciudades cervantinas, su Ayuntamiento ya había decidido reservar una parte de sus recursos para contribuir a un homenaje nacional al autor de El Quijote.
Quizá por eso aquellas diez pesetas, más que una simple cifra anotada en un acuerdo municipal, cuentan hoy una pequeña historia sobre la manera en que un municipio quiso participar, desde sus posibilidades, en la construcción de la memoria cultural de Cervantes.