Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe
Según las fuentes etnohistóricas “El onceño señorío era desde el barranco de Hiscaguan hasta el asomada de Tixarafe; y de toda esta tierra era señor Atogamatoma, y el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía (J. Abreu Galindo, 1977: 268). Uno de los datos más interesantes que se desprende de esta cita textual es que sus dominios territoriales incluían los actuales municipios de Tijarafe y Puntagorda. Este topónimo tiene el significado de ”… el paso …“ (2011: 418) que, además, se puede correlacionar con el de asomada que aparece en la referencia bibliográfica anterior. En este sentido, en la zona de Las Cabezadas, que cuenta con una gran riqueza arqueológica (grabados rupestres, conjuntos de canalillos y cazoletas, poblados de cuevas y yacimientos funerarios), nos encontramos con una degollada conocida por La Somada, emplazada sobre el mismo borde superior de las laderas de Amagar. Una somada o asomada no es otra cosa que un lugar desde el cual se dominan amplias panorámicas de los alrededores y La Somada tijarafera es, sin ningún género de dudas, una de las más espectaculares de La Palma. Desde aquí, la población benahoarita podía controlar una buena parte de su propio territorio, excepto la parte norte, así como los cantones colindantes de Aceró y Aridane y algo más desplazados hacia el sur los de Tihuya y Guehebey.
También es interesante detenernos un poco en el significado de Tixarafe como “el paso”, que podría referirse al hecho de que en estos parajes se localiza, precisamente, la zona de transición entre la paleopalma (mitad norte) y la neopalma (mitad sur), claramente marcada por la impresionante orografía que conforman las laderas de Amagar y El Time. La comunicación con el cantón de Aridane era posible a través de tres senderos que, en dos casos, siguen en uso y que, muy posiblemente, sean de tradición aborigen. Por un lado, tenemos el camino a través de las laderas de Juan Graje, que desemboca en el Puerto de Tazacorte, justo donde desembarcaron las huestes de Alonso Fernández de Lugo en 1493. Un poco más arriba se sitúa el sendero que sube desde la ermita de Las Angustias y finaliza en la zona de la Cruz del Time. El más elevado, y hoy en desuso, trepa por las laderas de Amagar y llega, precisamente, a La Somada (Las Cabezadas). Queda otro camino, que casi se puede considerar una “pasada”, desplazado hacia el este, conocido como el Paso de Los Olivos y que baja por la zona de la Hacienda del Cura (Caldera de Taburiente). Todos estos pasos fueron esenciales para la población benahoarita del cantón de Tixarafe, puesto que permitía las comunicaciones y relaciones con los bandos de la vertiente occidental y suroccidental de Benahoare y, sobre todo, facilitaba el acceso a un recurso vital, muy escaso en Tixarafe, cuál era el agua que corría libremente por el Barranco de Las Angustias que, en buena medida, podría ser aprovechada por los moradores indígenas de este bando independiente.
El capitán de Tixarafe, poco antes de la conquista de Benahoare, fue Atogmatoma que, según Ignacio Reyes García, se podría traducir como “… el (que) camina despacio …” (2011: 103). Ello podría indicar que era una persona de movimientos lentos y pausados o que era reflexivo y tranquilo. Sin embargo, esta última acepción no concuerda nada con las actuaciones e iniciativas en las que se vio involucrado con sus vecinos. Más bien parece que fue bastante impetuoso e impulsivo. Así, poco antes de la conquista de Benahoare sucedieron “… enemistades entre Atogmatoma, que era el mayor señor de tierra y gente que había en la isla, y Tanausu, su sobrino, hijo de un hermano suyo, señor de Acero, el más fuerte sitio que había en la isla, por las cuales vinieron a hacerse guerra el uno contra el otro…” (J. Abreu Galindo, 1977: 273) Atogmatoma reunió a 200 hombres entablando una batalla en Las Cuevas (cantón de Aridane), donde fue derrotado, por lo que se vio obligado a retirarse a su territorio. Sin embargo, la rendición no entraba en los planes de Atogmatoma, por lo que solicitó la ayuda de sus parientes Temiaba (capitán de Tagaragre) y Bediesta (capitán de Tagalguen o Adeyahamen aunque, lo más probable es que fuese el primero, dada la proximidad entre ambos bandos). La táctica, en esta ocasión, fue distinta, ya que penetraron en Aceró, donde vencieron a Tanausú, quien se retiró a las laderas de Benehauno (Pico Bejenao), pidiendo socorro a sus primos y capitanes Chenauca y Aganeye (Ahenguareme), así como a Juguiro y Garehagua (Tigalate). Por tanto, un enfrentamiento que empezó entre dos capitanes rivales se convirtió, al final, en una guerra que implicó a buena parte de Benahoare, puesto que algunos capitanes de la mitad norte apoyaron a Atogmatoma mientras que los del sur se decantaron por Tanausú. Lo cierto es que la batalla final, en Aridane, provocó la derrota de Atogmatoma que fue “…desbaratado, vencido y puesto en huída la vuelta de su término …” (J. Abreu Galindo, 1977: 274).
Atogmatoma, tras la derrota definitiva, fue perseguido por Chenauca, quien pretendía darle muerte, aunque desistió de este empeño gracias a los esfuerzos de una hija del capitán de Tixarafe, llegando a un pacto para establecer una alianza duradera mediante el casamiento de Tinabuna (hija de Atogmatoma) y Aganeye (señor del cantón de Ahenguareme): “… Luego que quedó Atogmatoma desbaratado, cada capitán con su gente se recogió en su término. Puesto que Atogmatoma era el más poderoso capitán, como era envidiado de los otros, temiéndose que por la injuria que había hecho a Tanausú no se tornasen Aganeheye y los demás a conjurar contra él, por confederarse con ellos y hacer paces, determinó casar a Tinabuna, su hija, con Aganeie; y así celebraron las bodas, y quedaron todos amigos.” (J. Abreu Galindo, 1977: 274). En el terreno de la leyenda, tal y como nos han manifestado algunos pastores de la comarca noroeste de la Isla, se indica que Atomatoma se retiró a su vivienda, que no era otra que la Cueva de Candelaria, donde apareció la virgen-patrona de este municipio, donde, presa de la desesperanza y la tristeza, acabó por darse muerte.
Las fuentes etnohistóricas están en lo cierto cuando apuntan que el cantón de Tixarafe era “… el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía …”. (J. Abreu Galindo, 1977: 268). Las intensivas prospecciones arqueológicas superficiales realizadas realizadas en Tijarafe y Puntagorda parecen corroborar esa apreciación. La primera campaña de rastreos la llevamos a cabo entre el verano de 1998 y abril de 1999 y los centramos en las laderas de Amagar. Estos trabajos fueron realizados por encargo de José Luis Lorenzo Barreto (+) que, por entonces, era concejal de patrimonio del Ayuntamiento de Tijarafe. Las prospecciones más intensivas se realizaron en el verano de 2002 y fueron fruto de un convenio de colaboración entre la Consejería de Cultura, Patrimonio Histórico y Educación del Excmo. Cabildo Insular de La Palma y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP). El equipo que dirigimos estuvo formado por especialistas en la materia: Francisco Herrera García, Ylaisa González Navarro (+), María Laura Bencomo Fernández y Beatriz Brito Castañeda. La Carta Arqueológica de Puntagorda se hizo en el verano de 2003 por parte del mismo grupo investigador.
Estos rastreos nos permitieron descubrir y estudiar en torno a 1000 yacimientos arqueológicos de todo tipo. La gran mayoría se correspondían con cuevas de habitación, unas 42 estaciones de grabados rupestres, especialmente en Tijarafe, una buena cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas, sobre todo en Puntagorda, 32 yacimientos funerarios, etc, etc. Estas cifras, desde esa época, se han incrementado considerablemente puesto que, solo por citar los conjuntos de petroglifos, hasta hace unos 10 años, en Tijarafe ya se conocían 60 estaciones de grabados rupestres, lo cual lo convierte en el tercero de La Palma tras Garafía y El Paso, mientras que Puntagorda ha triplicado el número de yacimientos de este tipo. El Proyecto Occidente, dirigido por Francisco Pérez Caamaño y Javier Soler Segura, desde hace una década, lleva descubrimiento nuevos vestigios indígenas para la arqueología tijarafera.
La riqueza, variedad e interés de muchos de los yacimientos arqueológicos de este cantón está fuera de toda duda. En este trabajo es imposible hacer referencia a todos ellos, de tal forma que solo haremos una breve mención a algunos de los conjuntos, a nuestro juicio, más sobresalientes y únicos dentro de la arqueología de la Isla de La Palma. Comenzaremos la descripción por la Laderas de Amagar donde se localiza una gran cantidad de cuevas de habitación con potentes estratigrafías, así como necrópolis individuales y comunales. Sin embargo, los petroglifos son bastante escasos, aunque destaca la conocida como “Piedra del Guanche”, que forma parte del Mirador de Las Cabezadas. Los motivos curvilíneos son de gran belleza y complejidad. En estas escarpadas laderas son sumamente interesantes los conjuntos de canalillos y cazoletas como los de, por ejemplo, la Veta del Almácigo, La Somada, etc. Entre las estaciones de grabados rupestres tijaraferas destacan las grecas de la Barranquera de Tagomate (La Punta) que, hoy en día, sigue siendo el conjunto más espectacular de este motivo muy poco representado en la arqueología palmera. Finalmente, hemos de citar la cueva funeraria de La Palmera (La Punta), excavada en 1985 por Ernesto Martín Rodríguez, en la que sobresalen el uso de un “chajasco” de madera sobre el que se apoyaban los cuerpos, así como dos tablones de tea datados en el siglo III a. C.
El 19 de marzo de 2015 el Consejo de Gobierno de Canarias declaró Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, un tramo del Barranco de Los Gomeros entre los caseríos de Arecida y El Jesús (Tijarafe). El conjunto cuenta con unas 39 cuevas naturales de habitación y tres cavidades con la presencia de restos humanos, así como una pequeña estación de grabados rupestres y varias edificaciones con valores etnográficos (pajero y molina). Este interés se ha visto acrecentado, desde 2017, por el “Proyecto Occidente”, auspiciado y financiado en su práctica totalidad por el Ayuntamiento de Tijarafe, que ha permitido realizar varias campañas de excavación en yacimientos situados dentro del BIC, como la Cueva de Las Mejoras (2017 y 2018) y otra cavidad en el Lomo de Las Viñas I (2018, 2021a, 2021b y 2025). Todo ello ha sido posible merced a un campus de arqueología, dirigido por Francisco Pérez Caamaño y Javier Soler Segura que, además, ha permitido llevar a cabo numerosas prospecciones superficiales por todo el municipio, limpieza de basura y vegetación y hallazgos sorprendentes como una vasija entera de la fase IVB, en agosto de 2024, en la Cueva de Las Jimenas que, aunque está situada en el propio Barranco de Los Gomeros, queda fuera de la zona delimitada como BIC.
La riqueza arqueológica de la parte norte del cantón de Tixarafe (actual municipio de Puntagorda) es igualmente muy rica y variada desde la orilla del mar a las cumbres más elevadas en los bordes de la Caldera de Taburiente. En este trabajo no podemos detenernos en detallar sus yacimientos arqueológicos, por lo que solo hablaremos, sucintamente, de tres cuestiones que son sumamente interesantes, tanto para la arqueología municipal como insular. En los rastreos de este municipio, fuera el equipo que realizó la carta Arqueológica de Puntagorda, destaca la figura de Carlos Asterio Abreu Díaz, quien ha descubierto infinidad de yacimiento dispersos por todo el territorio puntagordero. Es interesante reseñar la escasez de estaciones de grabados rupestres que se han descubierto, hasta el momento, si bien destaca la gran cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas que aparecen en las zonas de costa y medianías, destacando los conjuntos de Montaña de Braulio y Lomo Muerto que, en cuanto a significación y número de paneles, son únicos dentro de la arqueología palmera. Asimismo, nos encontramos con el poblado de cabañas aborígenes más extenso de la antigua Benahoare, ocupando la parte superior de los lomos en la zona conocida como Cruz de La Reina, aunque, desgraciadamente, la roturación del terreno en la época hiastórica, ha desmantelado la gran mayoría de las construcciones indígenas. Finalmente, en La Cumbre de Puntagorda, destacan algunos de los conjuntos de amontonamientos de piedras, petroglifos y abrigos pastoriles más interesantes de La Palma como, por ejemplo, el emplazado en Llano Picón.
Finalmente, haremos una breve referencia a los límites del cantón de Tixarafe que, como señala J. Abreu Galindo, por la zona sur se encontraba en La Asomada. Este topónimo, en principio se correspondería con la zona de Las Cabezadas, sobre la misma orilla superior de la margen derecha del Barranco de Las Angustias. Ello implicaría que los importantes asentamientos en cuevas de las laderas de Amagar, quedarían fuera de esta demarcación territorial y pertenecerían a Aridane, privando a los moradores de este bando del agua que corría por el fondo de ese barranco. Esta apreciación rompe con las fronteras intermunicipales establecidas tras la conquista de Benahoare, siendo el cauce del barranco la separación, de tal forma que cada margen pertenecía a los dos municipios colindantes tal y como, por otro lado, si se respetó en el lado septentrional, donde el Barranco de Izcagua separaba los cantones de Tixarafe y Tagalguen
Bibliografía general
-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
-PAIS PAIS, F. J.: La economía de producción en la prehistoria de la isla de La Palma: la ganadería, (Santa Cruz de Tenerife), 1996.
-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.
-PEREZ CAAMAÑO, F. y HERRERA GARCÍA, F.: Puntagorda y el bando de Hiscaguán/Tixarafe. La memoria perdida de Atomatoma, en Puntagorda: memorias de un olvido, (Tenerife), 2007, Págs.61-108
-PÉREZ CAAMAÑO, F., SOLER SEGURA, J. y PÉREZ GONZÁLEZ, G.: Estudios arqueológicos en el Barranco de Los Gomeros, (Madrid), 2022.
*Felipe Jorge Pais Pais es doctor en Arqueología