El volcán Tajogaite nació en 2021 y cambió La Palma para siempre. Ahora, un equipo internacional ha radiografiado por primera vez su interior inmediato con tomografía sísmica, una técnica que usa los tiempos de llegada de miles de pequeños terremotos para reconstruir cómo son las rocas bajo nuestros pies. El resultado: un modelo en 3D que identifica zonas donde las ondas sísmicas viajan más despacio y el cociente Vp/Vs (cómo de rápido van las ondas P frente a las ondas S) es mayor, una firma típica de fluidos y fusión parcial. En términos llanos: bolsas y conductos donde aún persisten magma y gases bajo el cono.
Qué aporta el nuevo estudio
El trabajo, publicado en Geophysical Research Letters y liderado por Sergio Gammaldi, levanta un mapa 3D de velocidades sísmicas (Vp y Vs) y del índice Vp/Vs justo bajo el edificio recién formado. Para construirlo, los autores invirtieron los tiempos de llegada de ondas P y S registrados por la red sísmica local durante y después de la erupción, y comparten abiertamente datos, figuras y el flujo de trabajo (el código LOTOS) para que cualquiera pueda reproducir el resultado. Esta apertura es poco habitual y es una buena noticia para la comunidad científica y para la gestión del riesgo en la isla.
La imagen que emerge es coherente con lo que sabemos de otros volcanes jóvenes: un sistema “pluripiso” con conductos y pequeñas reservas someras bajo el cono y conexiones con zonas más profundas. En Tajogaite, el modelo captura anomalías de baja velocidad y Vp/Vs alto bajo el cráter, indicativas de roca caliente con fluidos/melt, es decir, restos de magma y gases en un entramado de fisuras y diques que sellan y se reabren con el tiempo. Que existan no implica una erupción, pero sí explica por qué la sismicidad y la desgasificación ocasionales continúan meses y años después.
Cómo encaja con la “plomería” profunda de La Palma
El mapa somero encaja bien con estudios previos que ubicaron el gran almacén profundo que alimentó la erupción. En 2022, un análisis integrando sismicidad y deformación ya mostró un ascenso de magma desde unos 10 km hasta superficie en menos de una semana, un ritmo muy alto para un edificio insular como Cumbre Vieja. Esa “autopista” profunda explica la rapidez del inicio y el volumen emitido. La tomografía nueva añade el detalle fino de la zona superior: cómo se distribuyeron los conductos justo bajo el cono.
Otros trabajos han cartografiado la estructura de 0–15 km bajo la isla, detectando contrastes de velocidad y Vp/Vs que separan cuerpos antiguos y compactos (como bajo Taburiente) de dominios más fracturados al sur, donde se concentra el volcanismo reciente. El patrón es el de un edificio con raíces complejas y “arterias” que pueden reactivarse. El nuevo estudio de Tajogaite se coloca como la pieza somera y local de ese puzle.
Por qué Vp, Vs y Vp/Vs importan (y cómo leerlos sin ser sismólogo)
Las ondas P son las “rápidas”, comprimen y expanden el material en la misma dirección en la que avanzan, como un muelle al que empujas y tiras; las S, las “lentas”, mueven el material en perpendicular a la dirección de propagación, como una cuerda que ondulas de lado. Rocas frías y compactas las dejan pasar deprisa; rocas calientes con fluidos las frenan, y a las S más que a las P. Por eso, cuando un volumen muestra velocidades bajas y un Vp/Vs alto, suele indicar fluidos o fusión parcial. No vemos el magma con una “cámara”, pero sí su huella física en cómo viajan las ondas. Es lo que el equipo ha mapeado bajo el cono.
Qué significa para La Palma (y qué no)
No es una alarma: detectar calor, fluidos y fusión parcial tras una erupción es normal. Los sistemas jóvenes “respiran” durante años. La vigilancia continua (sismicidad, deformación del terreno y gases) es lo que marca si algo cambia de verdad.
Sí mejora la gestión: localizar dónde están las zonas más “blandas” o con fluidos residuales ayuda a priorizar instrumentación, interpretar enjambres de microterremotos y entender las rutas de gas que afectan a la calidad del aire o a la estabilidad del terreno. La publicación de los datos y figuras en un repositorio público (Zenodo) facilita que más equipos exploren escenarios y validen resultados.
Encaja con lo que vimos en 2021: durante la erupción se registraron dos niveles de sismicidad —uno intermedio (7–15 km) y otro profundo (30–40 km)— y un penacho de cenizas que llegó a >8 km en los picos. Esa arquitectura por niveles y la persistencia de señales explican que, aun acabada la erupción, el sistema no esté en “silencio absoluto”.
Datos abiertos y preguntas claras
La fortaleza del trabajo no es solo la imagen 3D, sino cómo se ha hecho: con metodología conocida, un protocolo reproducible y datos liberados. Para una isla que se juega mucho en cada decisión de planificación y protección civil, este es el camino: menos conjeturas y más métricas sobre dónde siguen los fluidos y cómo se reorganiza el subsuelo tras una erupción. Y, sobre todo, un marco que se podrá actualizar con nuevos terremotos y campañas de gas para ver si el sistema se enfría o se reanima.
En resumen
- Qué hay debajo: volúmenes someros con velocidades sísmicas bajas y Vp/Vs alto, compatibles con fluidos y fusión parcial bajo el cono de Tajogaite.
- Cómo lo sabemos: tomografía 3D a partir de tiempos de llegada de ondas P y S; datos y figuras públicos (Zenodo).
- Cómo encaja: complementa evidencias previas de alimentación profunda (~10 km) y del doble nivel de sismicidad observado en 2021.
- Qué implica: no anticipa por sí sola una erupción, pero mejora el diagnóstico y la vigilancia del volcán.
Referencias clave: Gammaldi et al., 2025, GRL (tomografía de Tajogaite) y su repositorio de datos en Zenodo; D’Auria et al., 2022 (ascenso rápido y niveles de almacenamiento); síntesis de sismicidad y parámetros eruptivos de 2021.
Se puede acceder al estudio en este enlace.