El telescopio que mira al Sol y apunta al futuro de La Palma

7 de febrero de 2026 10:53 h

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En las cumbres del Roque de los Muchachos se juega algo más que ciencia de frontera. El European Solar Telescope (EST), el mayor proyecto europeo dedicado al estudio del Sol, atraviesa un momento clave que puede marcar el futuro económico y demográfico de La Palma.

La Palma lleva décadas construyendo una relación singular con la ciencia. El Observatorio del Roque de los Muchachos y el Instituto de Astrofísica de Canarias han convertido a la isla en un referente mundial de la astronomía nocturna. El EST propone ahora un salto cualitativo. No mira al cielo profundo, sino a nuestra estrella más cercana, el Sol, con un objetivo ambicioso: entender su comportamiento con un nivel de detalle nunca antes alcanzado en Europa.

El proyecto se encuentra en una fase preparatoria avanzada. El diseño técnico y la planificación ya han superado revisiones internacionales en 2025, y el telescopio figura en la hoja de ruta europea de grandes infraestructuras científicas. El principal escollo no es técnico, sino financiero. Hoy solo está comprometido alrededor del 40% del presupuesto necesario, lo que obliga a replantear alianzas y estrategias tras la retirada alemana del esquema inicial de financiación.

Las cifras ayudan a entender la dimensión del proyecto. La construcción del EST ronda los 300 millones de euros, de los que unos 55 millones se quedarían directamente en La Palma. Licencias, obra civil, centro de datos y personal local forman parte de ese retorno inmediato. A largo plazo, el impacto es aún mayor: durante sus al menos 30 años de vida operativa, el telescopio dejaría en la isla unos 12 millones de euros anuales, hasta alcanzar unos 360 millones en total. No es una ayuda puntual, sino una inyección constante al tejido económico insular.

Pero el alcance del EST no se mide solo en euros. Un aspecto clave para una isla golpeada por la despoblación: el empleo cualificado. El proyecto prevé una oficina central con unas 50 personas, entre científicos, ingenieros, informáticos y personal administrativo, además de un centro de datos con perfiles tecnológicos especializados. A eso se suman los puestos indirectos durante la construcción y la operación. Trabajo estable, altamente cualificado y ligado a una red científica internacional.

Esa estabilidad es el punto de inflexión. Durante años, La Palma ha formado jóvenes brillantes que han tenido que marcharse para desarrollar su carrera. Proyectos como el EST, defiende, pueden romper ese ciclo y ofrecer a los jóvenes la posibilidad real de quedarse o volver.

La implantación del telescopio también refuerza el modelo de economía del conocimiento. No se trata solo del edificio en la cumbre. La sede administrativa del EST-ERIC, el consorcio europeo que lo gestionará, estará en La Palma, junto con oficinas, talleres y un centro de datos que no necesitan ubicarse en altura. Esa dispersión funcional abre la puerta a que distintas zonas de la isla se beneficien del proyecto, más allá del entorno inmediato del observatorio.

Desde el punto de vista científico, el EST situaría a Europa en la primera línea mundial de la física solar. Permitirá estudiar los campos magnéticos del Sol y los procesos que originan tormentas solares, con efectos directos sobre satélites, redes eléctricas y sistemas de comunicación. Es ciencia básica, pero con implicaciones prácticas claras en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología.

El calendario, si se despejan las incógnitas financieras, es prudente pero concreto. La fabricación de los elementos más críticos podría comenzar en 2027, la obra civil en 2028 y la entrada en operación plena alrededor de 2036. Son plazos largos, propios de una gran infraestructura científica, pero compatibles con una estrategia de desarrollo a medio y largo plazo para la isla.

La entrevista que acompaña este artículo no es solo el retrato de un científico, sino la radiografía de una oportunidad. La Palma ya ha demostrado que sabe convivir con la ciencia y convertirla en parte de su identidad. El European Solar Telescope plantea ahora una pregunta de fondo: si la isla quiere seguir siendo solo un lugar donde se observa el cielo o también un territorio donde el conocimiento genera futuro, empleo y arraigo. El Sol, esta vez, puede ser algo más que un objeto de estudio.