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“La astronomía ayuda a los ciudadanos a ser más críticos con su entorno”

Garik Israelian, uno de los astrofísicos de mayor proyección internacional, es el fundador del Festival Starmus, un evento que tiene como “objetivo global” cambiar la mentalidad de las personas a través de los conocimientos astronómicos. En su segunda edición, ha logrado la hazaña de traer a Canarias a Stephen Hawking, con el que ha mantenido varios encuentros en su casa de Óxford.

Garik Israelian es uno de los científicos de mayor proyección internacional.

Garik Israelian es uno de los científicos de mayor proyección internacional.

Es uno de los astrofísicos con mayor proyección internacional, pero está convencido de que la astronomía no sólo es útil para “descubrir procesos físicos y aplicarlos a la tecnología” sino también una herramienta muy eficaz para “cambiar la mentalidad de la sociedad”. Garik Israelian (Armenia, 1968), investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), es el fundador y director del Festival Starmus, un evento que combina ciencia, arte y música y que en su segunda edición, a celebrar en La Palma y Tenerife del 22 al 27 de septiembre, tiene como cabeza de cartel nada menos que a Stephen Hawking, el prestigioso físico teórico británico de voz robótica y salud extremadamente frágil, a quien Israelian ha visitado varias veces en su casa de Óxford.

A Israelian, un hombre con las emociones a flor de piel, el Festival Starmus le ha costado muchos quebraderos de cabeza, porque su idealismo ha chocado varias veces, frontalmente, con la economía. En 2008 tuvo la idea de celebrar un concierto en el Roque de Los Muchachos, pero después de muchos avatares el proyecto fracasó y “yo me quedé desanimado”, ha reconocido a LA PALMA AHORA. Ese mismo año, y durante un congreso en Óxford que “me emocionó”, se convenció de que lo que había que organizar en La Palma y Tenerife era un festival. “Pensé que en 2011 era el 50 aniversario del vuelo espacial de Gagarin y como no se iba a celebrar esa efeméride en ningún sitio, vi una oportunidad para montar este evento”, cuenta. “Empecé a pensar en el formato, que tenía que tener una mesa redonda de 108 minutos –el tiempo que duró el vuelo de Gagarin al espacio- y a poner esos números en el papel; había empresarios interesados pero no llegamos a ningún acuerdo porque me di cuenta de que querían coger el protagonismo y hasta cambiar el nombre de Starmus, porque decían que era una chorrada”, recuerda. Garik siguió dándole vueltas a la idea del festival y buscó el apoyo de “una persona de los negocios”, pero como no logró el respaldo económico suficiente, decidió invertir los 150.000 euros del Premio Internacional Viktor Ambartsumian que le habían concedido en 2010, en el proyecto. “Tampoco bastaba con esta cantidad para la primera edición del Starmus, porque el presupuesto era de 600.000 euros, así que yo y mi socio pedimos un préstamo a pagar en cinco años, porque yo quería celebrar el festival”, cuenta. “Nos quedamos felices pero con deudas, y no pensaba que íbamos a sacar el segundo Starmus; estaba desanimado porque al final te das cuenta que todo es un mundo de negocios, que no tiene sentido hablar de valores, porque se impone el dinero, el materialismo”, se lamenta. “A pesar de todo, lo hemos conseguido, y el valor de publicidad del festival se estima en cuatro millones de euros”, resalta.

Pero el esfuerzo titánico que hace Garik por el Festival Starmus, según el mismo confiesa, no tiene como objetivo fundamental promocionar el Archipiélago o el Instituto de Astrofísica de Canarias , sino divulgar la astronomía como una ciencia que “tiene capacidad para cambiar la mente de la sociedad”. “La promoción que se hace te ayuda a buscar patrocinadores, porque nadie va a poner dinero para el objetivo global de Starmus, eso no le interesa a ninguna empresa”, admite. “La astronomía es la única ciencia que tiene el poder y la energía interna para hacer cambiar el chip a la gente: cómo piensa, cómo mira o cómo gestiona su vida”, sostiene. “Sigo creyendo en la fuerza de la astronomía para cambiar a los ciudadanos, y por eso mi congreso se denomina ‘Descubre el Cosmos, cambia el mundo’; no propongo descubrir cosmos para descifrar procesos físicos y aplicar en la tecnología, eso también, pero yo tengo otra cosa en mi mente”, aclara.

Israelian, amigo del guitarrista de la mítica formación británica Queen y también astrofísico, Brian May, hace una comparación para explicar los efectos que pueden tener en los ciudadanos los conocimientos astronómicos. “Cogemos a dos sociedades, una que no sepa nada de astronomía y otra en la que el 90% de sus habitantes tenga algunas nociones, y comprobamos que esta última es mucho más abierta en su mente, mucho más crítica con lo que pasa a su alrededor, con sus políticos…”. “No pretendo que todos los ciudadanos sean astrónomos profesionales, pero sí que tengan unos mínimos conocimientos de esta ciencia para saber dónde viven, porque no habitan en una jungla, sino en un planeta que es menos de una mota de polvo y donde la duración de la vida no es infinita”, explica, al tiempo que afirma que “para sentir eso se necesita ver telescopios y leer”.

En el primer Festival Starmus, celebrado en 2011, Garik logró traer a Tenerife y La Palma a Neil Armstrong, el primer ser humano que pisó la Luna en la misión Apollo 11, junto a una pléyade de relevantes científicos. Este año ha logrado lo impensable: que Stephen Hawking participe en el macro evento con conferencias sobre cosmología y agujeros negros. En esta hazaña ha tenido mucho que ver su amigo Brain May. “Me ayudó muchísimo, me dijo que iba a cenar con Stephen Hawking –que había ido a Londres a ver el musical ‘We will rock’ sobre la banda Queen- y que le propondría participar en el festival, que ya conocía porque un amigo íntimo suyo había intervenido en la primera edición”, dice. “No me imaginaba que después de Neil Armstrong podría traer a alguien de su nivel, porque era para mí el número uno, y pensar en Stephen Hawking era demasiado para mí, pero ha ocurrido…”.

Israelian ha mantenido tres encuentros con el científico de la voz robótica en su casa de Óxford. “Fue muy emocionante, no me podía creer que estaba hablando con Stephen Hawking a través del ordenador; es una comunicación en la que tarda entre 10 y 15 minutos en responderte, y durante ese tiempo, yo pensaba qué es lo que iba a escribir, qué me iba a decir; es un momento de esperanza muy, muy tenso”, describe. Las conversaciones se prolongaron por espacio de unas ocho horas para que Hawking pudiera realizar descansos cada 60 minutos aproximadamente. “No me costó convencerle para que participara en Starmus, porque él ya conocía el festival”, apunta. “Lo que más me impresionó es su sentido del humor; le gusta hacer bromas, y aunque su nivel de inteligencia es muy, muy alto, y es uno de los más brillantes físicos, también lo veo muy interesante como persona; me han dicho sus enfermeras que se enfada y escribe cosas muy enfadado; no puede moverse, pero está vivo”.

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