Los arquitectos de nuestras propias vidas
Inventamos las cosas, con el objetivo de mejorar y acomodarnos más en nuestras respectivas tareas cotidianas. El avance, la evolución por conseguir un mundo mejor han sido los verdaderos indicadores de la ambición y deprededación de los seres humanos. Igual que en otros tiempos existía el tabú del sexo, hoy existe el de la muerte, pocos hablan de ella, aun estando seguros que vamos a pasar por ese trance. Nos da miedo, es la hora de la verdad, donde el teatro de la vida y la realidad se acaban. Tal es el carácter dramático de la vida humana, que en la actualidad vivimos en gran medida de espaldas a la muerte, donde antiguamente la muerte era parte de la vida y se experimentaba como algo cotidiano que se aceptaba con resignación. Hoy, se esconde la muerte como si no existiera, se ha cambiado el contenido en nuestros días, hemos anulado la muerte de nuestras vidas y exaltamos todo lo relacionado con el erotismo, la sexualidad y la sensualidad.
Nuestras vidas se divide en etapas y ciclos; una especie de mapas fronterizos que permite la localización y lugar de cada ser humano. Muchas y diversas son las causas que motivan convertirnos en seres vivos; donde nosotros, los seres humanos, tenemos fundadas razones para luchar estoicamente por unas causas. Una de ellas son las familias; padres e hijos. Otra, las ganas que tengas de vivir, especialmente si cuentas para ello con el espejo de la juventud. También, por mantener una salud benigna y generosa con las constantes vitales de tu cuerpo y por la fe religiosa que hayas podido adquirir desde tu infancia, influenciada por el entorno familiar. Sin duda, las religiones son corrientes ideológicas de mucha influencia moral y que condiciona a millones de personas a través de fe y dogmatismos, pues no hay que olvidar que las religiones también son parte políticas, económicas y social de los imperios antiguos y del mundo actual. Otros, maldicen y provocan su existencia; provocado por unas series de terremotos y circunstancias negativas en sus vidas. Enfermedades, desmotivación, soledad y no compromisos contigo mismo, provocan en muchas personas convertirse en serios aspirantes en abandonar antes de tiempo este escenario llamado mundo de los seres vivos.
En algunos momentos me siento cansado; no físicamente, pero sí desilusionado con los denominados “dueños” de la tierra. Humanos, con poder, arquitectos de las ideologías, de las banderas, fronteras, sistemas y sociedades. Ellos, esa gran masa humana presencial en el planeta tierra, son los que deciden lo que está bien y mal entre los hombres, la naturaleza y reino animal. Al final, eso escultores de la vida de los humanos, también dejan de ser personas físicas en este mundo, aunque ellos no lo crean. Así somos y así nos han convertido. El avance de la ciencia busca desesperadamente nuevos descubrimientos, nuevos fines que motiven que nosotros, los seres humanos, podamos ser clonados y dirigidos por mando de células humanas al capricho de la ciencia. ¿Somos realmente lo que queremos? ¿Somos realmente víctimas de nuestra propia existencia?
Rafael Lutzardo