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“Los acuíferos están peor que nunca”: los ecologistas cuestionan la cuarta desaladora en Ibiza

En verano la isla registra los mayores niveles de consumo de agua. En la imagen, turistas y residentes difrutan de Platges de Comte, una de las zonas más saturadas.

Nicolás Ribas

29 de septiembre de 2026 22:31 h

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El Govern quiere construir una cuarta desaladora en Eivissa, pese a la oposición de las entidades ecologistas. El Ejecutivo autonómico, que ya ha adjudicado la redacción del proyecto por 943.800 euros a través de la empresa pública de la Agencia Balear del Agua y la Calidad Ambiental (ABAQUA), se enfrenta a las críticas de sectores sociales que alertan sobre la necesidad de decrecer y mejorar las políticas hídricas en cuanto a depuración, regeneración, reutilización y cierre del ciclo del agua, antes de ampliar o construir nuevas infraestructuras. Advierten, además, de que las plantas desalinizadoras tienen un consumo eléctrico muy elevado, en un contexto en que Eivissa ha sufrido cortes en los suministros eléctricos durante todo el verano, debido a que se han alcanzado topes de energía inasumibles.

El proyecto del Govern contempla una planta en el municipio de Sant Josep de sa Talaia, en el suroeste de la isla, con capacidad para producir 15.000 metros cúbicos de agua al día. La redacción del proyecto ha sido adjudicada a la UTE I4Water Proyectos SL–Soluciones North Line SL con una previsión de que los trabajos de redacción duren 78 semanas. “La desalación depende de la energía, y se está viendo que esa dependencia no es tan robusta como podría parecer”, explica Juan Calvo, director de la Alianza por el Agua. “La isla está produciendo más agua desalada que nunca y, sin embargo, tenemos los acuíferos peor que nunca”, lamenta.

El proyecto del Govern contempla una planta en el municipio de Sant Josep de sa Talaia, en el suroeste de la isla, con capacidad para producir 15.000 metros cúbicos de agua al día

Este verano ha habido problemas de suministro eléctrico en varios puntos de toda la isla de Eivissa. Además de afectar a los negocios turísticos, hubo apagones que afectaron a barrios enteros. Por ejemplo, un fallo en el suministro estropeó a mitades de agosto un transformador eléctrico dejando durante cuatro horas sin luz a un barrio de vecinos de Sant Antoni de Portmany. En el mismo municipio, una avería eléctrica en la zona costera dejó sin suministro a 800 abonados. La tercera semana de agosto, otro corte dejó sin electricidad a centenares de personas de Santa Eulària des Riu y Sant Miquel de Balansat.

Fuentes de Endesa señalaron a este diario que las olas de calor de este verano están entre las posibles causas de las averías registradas este verano en la red eléctrica del archipiélago balear. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) apuntó que la temperatura media de agosto ha sido de 28.8 grados, lo que representa un incremento anómalo de 3.5 grados. Julio también fue extremadamente cálido con una temperatura media de 28 grados y una anomalía 2.9, convirtiéndose en el julio más cálido desde hace 65 años. Por estos motivos, entre otros, la Alianza por el Agua –que aboga por mejorar la política hídrica insular– propone depurar mejor, reutilizar, y cerrar correctamente el ciclo del agua, antes que construir una cuarta desaladora.

La desaladora de Santa Eulària (Eivissa)

El Govern rechaza los argumentos de la Alianza por el Agua

La Agencia Balear del Agua –ABAQUA, que depende de la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua– cuestiona que pueda establecerse una relación directa entre el aumento de la desalación y el empeoramiento del estado de los acuíferos. Fuentes del organismo advierten que comparar los datos de 2019 con los de 2023 –un año “extremadamente seco”– para extrapolar conclusiones a la actualidad desvirtúa el análisis, afirmando que “referir las conclusiones solo a la desalación es perder la perspectiva”.

Por otro lado, responden que “las acciones o actuaciones no deben ser excluyentes”, a la pregunta sobre si no sería más eficiente que los municipios reduzcan las pérdidas de sus redes y mejoren la gestión de la demanda, antes que aumentar la producción de agua desalada. “Abordarlas todas de forma conjunta y simultánea es probablemente la manera más rápida de llegar al objetivo”. “Plantear una antes que otra o una en sustitución de otra es uno de los mayores errores que podemos cometer, ya que el resto de factores no queda inmóvil”, asegura la agencia.

Asimismo, subraya la necesidad de analizar factores globales como el incremento de la población residente (+3.000 habitantes al año), la presión turística y los cambios en los patrones de lluvia fruto del cambio climático. La Agencia Balear del Agua destaca que el aumento de agua desalada entre 2023 y 2025 –1,5 hectómetros cúbicos, es decir, 1,5 millones de metros cúbicos, para consumo urbano y casi 200.000 metros cúbicos anuales en dispensadores para camiones– ha reducido las extracciones de los pozos, situando las reservas de 2026 entre un 10% y un 14% por encima de las de los dos años anteriores. A este respecto, remarca que “todas las actuaciones relevantes cuantitativamente destinadas a sustituir las extracciones subterráneas contribuirán, sin duda, a la recuperación o disminución de la presión sobre los acuíferos”.

Abaqua defiende que la gestión de la demanda, la reutilización y el aumento de recursos son medidas complementarias que deben avanzar simultáneamente, sosteniendo que “cuantas más medidas y más pronto se pongan en marcha, más cerca estará el objetivo de revertir las extracciones no sostenibles”. Asimismo, la entidad aboga por disponer de capacidad de desalación de reserva a través de sus líneas independientes de producción, lo que permitiría detenerlas a medida que el recurso se recupere y “facilitaría los trabajos de mantenimiento preventivo que obligan a pararlas, ahora mismo muy precarizados por el uso intensivo de las plantas”.

La desaladora modular de Sant Antoni.

Respecto a la propuesta de recargar los acuíferos con agua regenerada, la Agencia Balear del Agua aclara que “esta acción no es competencia de Abaqua”, sino de la Dirección General de Recursos Hídricos. El organismo explica que se trata de una actuación compleja a medio plazo, condicionada por la salinidad de las aguas residuales y la calidad de la depuración. Entre tanto, señala que Abaqua participa en proyectos en marcha como la balsa de sa Rota y tiene en contratación tres plantas de regeneración urbana en Ses Païsses, Can Bossa y Santa Eulària para habilitar “la sustitución de agua de red y, por tanto, de pozo o desalada, por aguas depuradas posteriormente regeneradas”.

En relación con la vulnerabilidad energética, Abaqua detalla que las obras cuentan obligatoriamente con certificados de disponibilidad de suministro eléctrico informados favorablemente por las empresas operadoras y distribuidoras. Según explica, producir un metro cúbico de agua desalada requiere alrededor de 3,5 kilovatios hora de electricidad. Para poner esta cifra en contexto, compara la energía necesaria para producir los aproximadamente 1.000 litros de agua que utiliza al día una familia de cinco miembros con el consumo de un termo de agua caliente para dos duchas o de un aparato de aire acondicionado durante una hora. Por ello, concluye que “la energía, siendo importante, no lo es frente a una posibilidad de desabastecimiento o de limitación de uso”. En definitiva, sostiene que “la desalación debe ser considerada como una necesidad estructural para complementar las extracciones sostenibles, pero también como una necesidad coyuntural para hacer frente a años o periodos de sequía”.

La empresa Abaqua afirma, frente a los argumentos de los ecologistas, que 'la energía, siendo importante, no lo es frente a una posibilidad de desabastecimiento o de limitación de uso'

La Alianza por el Agua hace otra lectura de estos mismos datos. Según el informe anual del Observatorio del Agua de las Illes Balears, las tres desaladoras de Eivissa produjeron 13,94 hectómetros cúbicos de agua en 2025, un 65,2% más que en 2018. Es decir, las plantas estuvieron cerca de su límite de producción: utilizaron el 95,7% de su capacidad anual. Durante el verano, la presión fue todavía mayor. Entre junio y septiembre produjeron por encima de su capacidad mensual teórica: un 101,5% en junio, un 108,6% en julio, un 113,4% en agosto y un 106,3% en septiembre.

Según el informe anual del Observatorio del Agua de las Illes Balears, las tres desaladoras de Eivissa en 2025 produjeron por encima de su capacidad mensual teórica: un 101,5% en junio, un 108,6% en julio, un 113,4% en agosto y un 106,3% en septiembre

A partir de los datos disponibles, la Alianza por el Agua concluye que Eivissa “ya no puede sustituir más extracciones de agua subterránea por agua desalada con las infraestructuras actuales”. Cualquier reducción adicional de la presión sobre los acuíferos tendrá que pasar por gestionar la demanda, reducir las pérdidas en las redes de distribución o incorporar aguas regeneradas, y no por producir más agua desalada. De hecho, el 19,1% de toda el agua desalada de la isla se produce en temporada baja. Es el porcentaje más alto de Balears. Esto significa, según interpreta la Alianza por el Agua, que hay poco margen para aumentar la producción durante el invierno y utilizar más agua desalada en lugar de extraerla de los acuíferos.

Vista de la Estación Depuradora de Eivissa, ubicada en Sa Coma.

El modelo: seguir creciendo

“Si el modelo consiste en seguir creciendo y aumentando el suministro de agua para el consumo urbano y turístico, evidentemente no hará falta una cuarta desaladora: harán falta cinco, seis, diez o las que sean necesarias”, sostiene Rafa Tur, portavoz de la Alianza por el Agua. Tur considera que falta una estrategia que ordene las actuaciones. “El problema real es cerrar el ciclo del agua, depurarla correctamente, reutilizarla y hacer que vuelva a estar disponible”.

Si el modelo consiste en seguir creciendo y aumentando el suministro de agua para el consumo urbano y turístico, evidentemente no hará falta una cuarta desaladora: harán falta cinco, seis, diez o las que sean necesarias

Rafa Tur — Portavoz de la Alianza por el Agua

Los datos muestran, además, que la cuestión no es únicamente el pico de consumo de los meses turísticos. La demanda de agua desalada suministrada en los cinco municipios de Eivissa pasó de 8,33 hectómetros cúbicos en 2018 a 13,53 en 2025, un incremento del 62,4%. Pero el crecimiento también es importante en los meses de invierno, donde el suministro aumentó un 76% frente al 54% de los meses de verano. Por tanto, la isla demanda agua desalada durante todo el año, no solamente de abril a octubre.

Por otro lado, el porcentaje de las masas de agua subterránea en mal estado ha pasado del 44% al 81%. Es decir, el aumento de la producción de agua desalada no ha mejorado la salud de los acuíferos. Cualquier reducción adicional de la presión sobre las aguas subterráneas tendrá que lograrse mediante una menor demanda, la reducción de las pérdidas en las redes o la reutilización de agua regenerada, sostiene la Alianza en su informe anual de 2025.

El porcentaje de las masas de agua subterránea en mal estado ha pasado del 44% al 81%. Es decir, el aumento de la producción de agua desalada no ha mejorado la salud de los acuíferos

La Alianza considera un error responder con un aumento o construcción de nuevas infraestructuras –depuradoras, desaladoras– cada vez que hay un incremento poblacional, ya sea de residentes o turistas. Este modelo tiene como consecuencia que las infraestructuras crecen en relación con la presión demográfica, en lugar de reducir la llegada de visitantes, así como transformar las políticas hídricas para reducir, regenerar, y reutilizar.

En este sentido, ponen como ejemplo los 25.000 metros cúbicos diarios de agua que se están desperdiciando en la balsa de sa Rota, en Santa Eulària. Parte del agua que llega a las depuradoras procede de redes con infiltraciones de agua marina. Según la Alianza, el agua dulce que producimos mediante desalación acaba volviendo a cargarse de sal, se depura nuevamente como agua salada y finalmente se vierte otra vez al mar. La entidad considera que producir agua nueva resulta inútil si el sistema no consigue conservarla para darle nuevos usos.

Regenerar y reutilizar

Por eso Calvo defiende cambiar el enfoque. “No podemos permitirnos producir agua, consumirla, depurarla y después tirarla al mar”. Entre las alternativas señala la recarga de acuíferos con agua regenerada, que permitiría convertir las propias masas de agua subterránea en “depósitos naturales de agua regenerada en la propia isla”. La Alianza, no obstante, vuelve a poner el foco en la necesidad de fijar los límites físicos del territorio, así como qué costes estamos dispuestos a asumir para mantener determinados niveles de consumo, que pueden dejar los recursos naturales, finitos, en una situación delicada.

Por otro lado, la crisis climática –olas de calor y periodos de sequía cada vez más acuciantes– empeora todavía más si cabe la situación. “No podemos depender de la meteorología, y mucho menos teniendo en cuenta lo que nos está deparando el cambio climático”, afirma Tur. El portavoz de la Alianza por el Agua defiende que hay que retener el agua cuando llueve, favorecer la infiltración y evitar que las lluvias torrenciales terminen rápidamente en el mar.

Finalmente, piden un plan estratégico, con actuaciones concretas, que permita gestionar el agua de forma distinta y así conseguir el cierre del ciclo del agua, principal objetivo de la Alianza por el Agua. Por tanto, el núcleo del debate está en si cada aumento de la demanda del agua debe traducirse necesariamente en una nueva planta desaladora para producirla o si, antes, el territorio puede permitirse gestionar mejor el agua que ya produce. Mientras el ciclo del agua sigue abierto –extraemos, desalamos, consumimos, depuramos y volvemos a verter–, Eivissa terminará necesitando cada vez más desaladoras para acceder a un agua que se podría alcanzar mediante una mejor gestión de la política hídrica insular.

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