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La playa más buscada para ver la puesta de sol en Ibiza recibe casi tres veces los turistas que puede acoger

Vistas a una de las playas de Cala Comte desde uno de sus accesos

Nicolás Ribas

26 de septiembre de 2026 23:06 h

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Platges de Comte, enclave de la costa de Sant Josep (Eivissa), es una de las playas favoritas que escogen los turistas que visitan la isla, principalmente por sus aguas cristalinas y las numerosas opciones que ofrece para contemplar la puesta de sol. Este verano, esta sucesión de calas ha vuelto ser un ejemplo de la saturación turística. El 4 de agosto, a las tres de la tarde, 1.513 personas ocupaban tanto las playas como las zonas de baño, según un estudio del Observatorio de Sostenibilidad de la Fundación IbizaPreservation. Sin embargo, la capacidad de carga máxima se estima en 537, por lo que en los meses de temporada alta se puede llegar a casi triplicar la capacidad de carga máxima estimada.

El estudio se ha publicado en medio del debate que lleva tiempo sobre la mesa: hay un malestar cada vez mayor en la población de las Illes Balears debido a la turistificación, que engulle los espacios naturales transformando la fisonomía propia del archipiélago balear. Mientras las instituciones –casi todas ellas gobernadas por el PP, todas en el caso ibicenco– abogan por la “contención” y la “moderación” en la llegada de turistas, otras organizaciones sociales consideran que el objetivo es el decrecimiento. En el caso de espacios como Platges de Comte, diferentes entidades –entre ellas IbizaPreservation– reclaman medidas para regular los accesos, así como los flujos de visitantes.

Turistas este agosto en Platges de Comte.

A mediados de agosto –coincidiendo con la llegada del eclipse solar total–, Platges de Comte volvió a situarse como uno de los principales polos de atracción turística. Verónica, una ibicenca que vive en Madrid y disfrutaba de la playa con sus amigas, resumía su sentir así: “Está demasiado masificada, no se puede salir a ningún sitio”. Una sensación que, decía, se ha acelerado en los últimos cinco años, especialmente desde la pandemia. Si la isla vive de por sí los momentos de mayor estrés turístico entre los meses de mediados de julio y agosto, el eclipse solar del 12 añadió un ingrediente más a la saturación, pues miles de personas se desplazaron a las calas y espacios naturales con mejor panorámica para contemplarlo.

El trabajo de campo de IbizaPreservation se realizó entre los días 1 y 4 de agosto. El pico máximo se registró el último día, cuando 1.513 personas ocupaban las calas que se suceden a lo largo de unos 800 metros de costa. Situada en la costa occidental, la arena del conjunto de calas se alterna con rocas y pequeñas entradas al mar que fragmentan el litoral y forman rincones de aguas especialmente transparentes, lo que convierte la zona en un lugar habitual para la práctica del snorkel. Estas playas se encuentran, además, delimitadas por una lengua de roca que separa unas calas de otras. A su alrededor emergen los islotes de Sa Conillera, Illa des Bosc, S'Espartar y Ses Bledes, integrantes de las Reservas Naturales de Es Vedrà y Es Vedranell y de los islotes de Ponent así como de la Red Natura 2000.

El pico máximo se registró el último día, cuando 1.513 personas ocupaban las calas que se suceden a lo largo de unos 800 metros de costa

La cifra contrasta con las 537 personas que, de acuerdo con el criterio utilizado en el estudio, constituyen la capacidad física estimada del espacio natural. En ese momento, cada usuario disponía de unos 2,67 metros cuadrados de superficie de playa, frente a los 7,50 metros cuadrados establecidos como referencia. Los datos contrastan con la playa urbana del municipio de Santa Eulària des Riu, que está entre las más vacías. Con 16.688 metros cuadrados de superficie, su capacidad física se sitúa en 2.225 personas, según la estimación de la fundación. El pico máximo registrado durante el estudio –el 1 de agosto a las doce del mediodía– fue de 618 usuarios, lo que supone el 27,8% de su capacidad estimada. En ese momento había unos 27 metros cuadrados disponibles por persona.

“Los resultados muestran situaciones muy diferentes en las dos playas analizadas y, en el caso de Platges de Comte, unos niveles de uso que pueden tener implicaciones tanto para el sistema natural playa-duna como para la experiencia de las personas usuarias. Este primer estudio nos permite empezar a disponer de datos objetivos para conocer mejor la presión que soporta cada espacio y orientar su gestión”, explica Elisa Langley, coordinadora del Observatorio de Sostenibilidad.

Los resultados muestran situaciones muy diferentes en las dos playas analizadas y, en el caso de Platges de Comte, unos niveles de uso que pueden tener implicaciones tanto para el sistema natural playa-duna como para la experiencia de las personas usuarias

Elisa Langley — Coordinadora del Observatorio de Sostenibilidad

Más de mil personas de media

El estudio pone cifras a una presión turística que ya se podía observar a simple vista en Platges de Comte. La ocupación media durante los días que duró el estudio se situó en 1.073 personas. Es decir, prácticamente el doble de la capacidad física estimada. Para calcular esta capacidad, el estudio considera que cada persona debería disponer de al menos 7,5 metros cuadrados de playa. Es el criterio que estableció inicialmente el Plan de Ordenación de la Oferta Turística (POOT) de Eivissa, aprobado por el Govern, y que después se ha utilizado en documentos de planificación municipal.

Platges de Comte alcanzó este verano casi tres veces su capacidad de carga física estimada.

Platges de Comte dispone de 4.025 metros cuadrados de superficie de playa, por lo que, aplicando ese criterio, su capacidad no alcanza las 600 personas. “El objetivo no es únicamente determinar cuántas personas pueden ocupar una playa, sino disponer de información que permita avanzar hacia un nivel de uso compatible con la conservación del patrimonio natural, una experiencia satisfactoria para las personas usuarias y la calidad de vida de la población residente”, señala Langley.

La presión no se concentró únicamente en un momento puntual. El Observatorio de Sostenibilidad realizó recuentos cada 60 minutos entre las diez de la mañana y las siete de la tarde, tanto en la arena –incluidas las zonas de hamacas– como en el mar, dentro de los límites delimitados para los bañistas. El resultado del estudio muestra que el conjunto de calas está sometido a una elevada presión turística tanto por la mañana como al mediodía y la tarde. Sin tener en cuenta que dicha saturación se mantiene, como mínimo, hasta el momento de la puesta de sol.

El Observatorio de Sostenibilidad realizó recuentos cada 60 minutos entre las diez de la mañana y las siete de la tarde, tanto en la arena –incluidas las zonas de hamacas– como en el mar, dentro de los límites delimitados para los bañistas

Casi novecientos vehículos en la playa

La presión sobre Platges de Comte no se limita a los turistas que ocupan las playas, sino también a los coches y motos que aparcan en las zonas colindantes de acceso a ellas. El máximo de vehículos registrado durante los días en que se hizo el estudio se situó en 888 vehículos estacionados, según el Observatorio de Sostenibilidad. Durante el fin de semana llegaron a contabilizarse 756, mientras que la media diaria fue de 622 vehículos.

El dato adquiere especial relevancia por las características del entorno. Los dos aparcamientos próximos a la playa y los restaurantes ocupan conjuntamente casi 30.000 metros cuadrados de suelo rústico protegido, distribuidos en diferentes categorías de protección. Sin embargo, estos espacios naturales no cuentan con ninguna regulación específica de estacionamiento, cuyas competencias dependen del Ayuntamiento.

La estampa se repite verano tras verano y fue especialmente problemática durante el día del eclipse. En las diferentes entradas a Platges de Comte se concentra un tráfico de vehículos muy por encima de la capacidad de carga del entorno, que se agolpa en los accesos y caminos de tierra de forma caótica y desordenada. Todo ello mientras el conjunto de playas soporta una afluencia que, según el estudio de IbizaPreservation, supera con creces los límites considerados idóneos en función del espacio disponible. La fundación considera que los datos obtenidos este verano constituyen un punto de partida y que será necesario mantener las mediciones en los próximos años para comprobar si la situación se repite y cómo continúa evolucionando.

La presión también viene dada por los coches y motos que aparcan en las zonas colindantes. El problema pudo verse especialmente durante el día del eclipse

Platges de Comte sirve como ejemplo de un debate que está de plena actualidad, en un contexto en que miles de ciudadanos de la isla han salido a la calle a manifestarse en contra de la ampliación del aeropuerto de es Codolar, que pretende casi doblar las puertas de embarque, pasando de 17 a 32. En una isla que ya recibe más de nueve millones de turistas al año, y que en los próximos cinco años podría alcanzar casi diez –según estimaciones de AENA–, diferentes entidades y organizaciones sociales plantean qué hacer cuando un territorio llega a sus límites.

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