El hedor de las fábricas y 'macrogranjas de los horrores' de Mallorca desesperan a los vecinos: “Huele a huevo podrido”
Bernat es un vecino de Porreres que vive a treinta metros de la fábrica de huevo líquido de Avícola Ballester –empresa que está en el punto de mira por las graves imágenes que han salido a la luz en sus granjas avícolas de Mirabó, Es Caparó y Llucmajor y que desvelan las pésimas condiciones de sus gallinas–. Hace unos cuatro años terminó de construir una casa en un solar de su familia. No sabía, sin embargo, que su calvario comenzaría al entrar a vivir en ella.
Antes de tomar la decisión, quiso saber si la actividad industrial le iba a causar molestias. Hasta 2022, esa fábrica producía queso y requesón bajo Prilac, empresa que en 2020 pasó a ser propiedad del grupo Ballester, que no ha respondido a las peticiones de información de elDiario.es para este reportaje. Fuentes del Ayuntamiento de Porreres explican a elDiario.es que hace tres años iniciaron un proceso judicial contra Avícola Ballester que todavía sigue en marcha y, por este motivo, no se pueden dar detalles. Manifiestan que la fábrica no tiene licencia de actividad: “No se sabe seguro, pero se cree que la actividad no la han paralizado”. Durante estos tres años, el Ayuntamiento ha recibido “quejas y denuncias” de los vecinos, señalan las mismas fuentes.
“Me informé mucho sobre el tipo de actividad que se hacía, si los olores me molestarían, si sería muy invasiva. En ese momento no lo era”, explica Bernat. Después, todo cambió. “Cuando empecé a vivir aquí, empezaron a instalar máquinas y se empezó a notar el impacto”, detalla. La fábrica de productos lácteos se transformó en una de ovoproducto. Y quienes más sufren las consecuencias del cambio son quienes viven a sus alrededores. “A veces huele a huevo podrido”. “Según cómo sople el viento, se esparce por todo el pueblo”, lamenta Bernat.
Hay momentos “puntuales” en los que sucede esto, y es cuando hay muchas más quejas porque el mal olor llega prácticamente a todas partes. En un municipio que tiene casi 87 kilómetros cuadrados y 5.892 habitantes empadronados en 2025, según el INE. “Cuando digo que el olor es insoportable quiero decir que llega hasta la otra punta del pueblo. Las quejas se amplifican porque hay muchas más personas afectadas”, detalla Bernat. “Muchos días tengo que tener las ventanas cerradas y no puedo salir a la terraza porque es muy desagradable”, lamenta.
Cuando digo que el olor es insoportable quiero decir que llega hasta la otra punta del pueblo. Las quejas se amplifican porque hay muchas más personas afectadas. Muchos días tengo que tener las ventanas cerradas y no puedo salir a la terraza porque es muy desagradable
“El olor es insoportable”
Al problema de los olores hay que sumar los derivados por el ruido. Las máquinas, según explica, están encendidas las 24 horas del día. Cada cierto tiempo hacen unos trabajos que durante una o dos horas generan muchas molestias. “Siento un ruido muy intenso”, dice Bernat. La ley balear contra la contaminación acústica establece, en su artículo 41, que los titulares de las actividades o instalaciones industriales, comerciales o de servicios “están obligados a adoptar las medidas necesarias de insonorización de sus fuentes sonoras y de aislamiento acústico”.
La norma concreta estas exigencias para los locales situados en edificios residenciales o colindantes con ellos cuando desarrollan actividades que superan los 70 decibelios. En esos casos, el aislamiento entre el local y las viviendas debe alcanzar los 50 decibelios si la actividad funciona únicamente durante el día y los 60 decibelios si también lo hace por la noche, aunque sea de forma limitada. Para los cerramientos exteriores, como fachadas y cubiertas, el índice exigido es de 30 decibelios. La ley, por tanto, ampara a los vecinos en su derecho al descanso.
La Policía recibió “decenas de llamadas de vecinos”
elDiario.es avanzó el pasado 19 de octubre las condiciones de la macrogranja de Mirabó, en Mallorca, de las que se desprendía imágenes de gallinas con heridas abiertas, aves que se picotean hasta llegar a los tejidos internos, cadáveres en descomposición junto a animales vivos e incluso cucarachas, que fueron grabadas los días 12, 15 y 17 de julio. El día después, el conseller de Agricultura, Pesca y Medio Natural, Joan Simonet, recordó que en agosto del año pasado esta explotación registró un brote de Salmonella Enteritidis en una de sus dos naves.
Simonet explicó que cuando se registra un brote hay dos opciones: eliminar la producción de huevos de gallina o pedir una autorización especial para la producción de huevo líquido. “Esta autorización se dio: esta nave ha estado produciendo huevina hasta que ha finalizado”, afirmó Simonet. Algo que ocurrió durante los últimos meses, ya que, según detalló la Conselleria, la explotación avícola comunicó a las autoridades durante el mes de octubre que iba a vaciar ambas naves.
Ni Simonet, ni tampoco un expediente consultado por elDiario.es, especifican a qué fábrica se iban a destinar los huevos de una de las naves de Mirabó con el objetivo de producir huevina o huevo líquido. Sin embargo, la única fábrica destinada a esta actividad industrial que tiene el grupo Ballester está en Porreres, que fue precintada por el Ayuntamiento, como informó este diario. La fábrica de ovoproducto fue clausurada al no disponer del título administrativo habilitante, pese a que es obligatorio según el artículo 37 de la Ley 7/2013 de régimen jurídico de instalación, acceso y ejercicio de actividades de las Illes Balears.
Así lo constató un informe de la Policía Local y de la Guardia Civil, a fecha del 28 de mayo de 2025, según se desprende de un decreto de alcaldía del 13 de junio, al cual accedió este diario. El 28 de mayo, agentes de la Policía Local se desplazaron a la fábrica después de haber recibido “decenas de llamadas de vecinos afectados” por un intenso mal olor.
Joan Obrador (PP), concejal de Licencias de Obras y Actividades de Porreres, explicó a este diario que los problemas datan del verano de 2023. Tras una inspección, se levantó acta y se realizaron informes. Hubo una paralización de las obras que la empresa estaba llevando a cabo porque no tenían “licencias de obras o actividad”. Obrador explicó que, tras la paralización de la actividad, la empresa había solicitado por escrito si podía mantener al menos las tareas administrativas, ya que operaba a través de varias sociedades. El Ayuntamiento le concedió autorización para desarrollar únicamente esas funciones, “nada de producción”.
La empresa rompió el precinto de la fábrica
La situación cambió a finales de mayo de 2025, cuando el municipio volvió a sufrir un episodio de malos olores. El Ayuntamiento inspeccionó de nuevo las instalaciones junto a agentes del Seprona de la Guardia Civil. “Se detectó que estaban vertiendo líquido de huevo y restos al alcantarillado general”, afirmó el Consistorio. Los hechos quedaron recogidos en un informe municipal.
A raíz de esta inspección, el Consistorio precintó la actividad y se cortó la luz y el agua, explicó el concejal. Posteriormente, la empresa solicitó recuperar el suministro eléctrico para vaciar los depósitos, que permanecían llenos de líquido. Obrador aseguró que las instalaciones continuaban precintadas y que Avícola Ballester había presentado un documento en el que aceptaba el cierre y se comprometía a no desarrollar actividad. “Solo falta que presenten un plan con el tiempo que necesitarán para vaciar los depósitos”, señaló.
El Ayuntamiento estudiaba entonces la documentación aportada por la compañía para determinar si existía alguna posibilidad de legalizar las instalaciones. Sin embargo, Obrador advirtió de que ya había un informe urbanístico desfavorable, por lo que consideraba que la regularización sería complicada. Desde entonces, había solicitado varias reuniones para intentar retomar la actividad, pero el Consistorio le había trasladado que no podía volver a producir hasta que presentara toda la documentación necesaria para que los técnicos estudiaran si existía alguna vía legal. “Pero con la situación urbanística que tienen, no parece viable”, concluyó.
Malos olores y moscas en la macrogranja más grande
Porreres no es el único municipio en el que hay quejas vecinales debido a la actividad de empresas de Ballester. En Es Caparó (Manacor) se ubica la granja más grande, con capacidad para albergar hasta 175.392 gallinas. A unos minutos Pere tiene una finca, en la que no se puede vivir debido tanto a los malos olores como la plaga de moscos, como también ha ocurrido en la granja de Llucmajor, donde el Govern acreditó siete irregularidades graves y una leve.
Este vecino explica, además, que el agua que reciben está contaminada debido a la elevada concentración de nitratos. Entre las razones está la actividad de la agricultura y ganadería intensiva. En el municipio de Manacor, en lo que se refiere al área urbana –no incluye área rústica, donde se ubica la granja– hay problemas por contaminación de nitratos y el agua no es apta para consumo humano, según el mapa del Observatorio del Agua de las Illes Balears, que elabora la Alianza por el Agua.
Pere, vecino de Manacor, lamenta que el agua que reciben está contaminada debido a la elevada concentración de nitratos
Según Pere, esto es consecuencia no solamente de la gran actividad de esta macrogranja, sino por la presión sobre los acuíferos que también genera el sector turístico y hotelero. “Este problema lo hemos tenido siempre”, señala este vecino. “Convivir con este olor es horroroso”, lo que también genera plagas de moscas. Esta vivienda se puede destinar a uso vacacional, aunque según Pere, muchas veces ha tenido que devolver el dinero a sus clientes debido al problema que se han encontrado.
Alegaciones contra un proyecto de macrogranja
Avícola Son Perot S.A., una de las sociedades bajo la marca Ballester, quiere construir una cuarta macrogranja en Son Brau de 80.000 gallinas ponedoras, también en Manacor, que se uniría a las ya existentes Mirabó y Es Caparó, además de la que se ubica en Llucmajor. La empresa ya ha presentado un proyecto ante el Govern, que todavía tiene que pasar autorizaciones urbanísticas, agrarias, hidrológicas y medioambientales, como explicó este diario. Hace unas semanas, alrededor de 70 personas movilizadas por la Plataforma Macrogranjas No formaron una cadena humana para oponerse al proyecto.
Silvia, portavoz de los vecinos, explica que han presentado alegaciones contra el proyecto, respaldadas por informes de técnicos e ingenieros, en las que advierten de posibles incompatibilidades urbanísticas, ambientales y de disponibilidad de recursos. Uno de sus principales argumentos es la saturación de la zona y la proximidad de varias fincas colindantes. Según detalla, existen dos acuíferos declarados, uno en Rafalet y otro en Sa Cova, a menos de 250 metros de la explotación proyectada, una distancia que, sostiene, impediría su construcción. También señala que la vivienda de sus padres, donde están empadronados, se encuentra a unos 170 metros.
La portavoz también expresa su preocupación por el impacto que las instalaciones –turbinas, polvo en suspensión, plagas, olores– y el tránsito de vehículos pesados podrían tener sobre el entorno. Además, afirma que el proyecto quedaría a apenas una decena de metros de la Red Natura 2000, un espacio protegido por su valor ambiental. Gracias a ello destaca que la zona ha experimentado una importante recuperación de especies como milanos, buitres y águilas, y cuestiona las consecuencias que podría tener la instalación de aerogeneradores para esta fauna.
A ello añade las dudas sobre el acceso a la explotación: los camiones tendrían que utilizar un camino de servidumbre destinado expresamente al uso de los vecinos, cuyo trazado se modificó en 1957 con el acuerdo de los propietarios. Se trata, además, de un camino de marés por el que hay dos pasos de ovejas vinculados a una explotación ovina de los alrededores.
La portavoz vecinal reclama conocer si este camino podrá soportar el tonelaje de los camiones que circularían en relación para la actividad de la nueva macrogranja. Otro de los puntos que recogen las alegaciones es el posible impacto sobre el agua. Silvia advierte que dos acuíferos atraviesan la finca de Son Brau: uno procedente de Sant Talent y otro de Sant Real.
Según explica, el primero ya presenta problemas de concentración de nitratos y el segundo, de salinidad. La portavoz teme que los residuos de la explotación puedan filtrarse al subsuelo y afectar a estos recursos hídricos. También cuestiona el argumento de que la actividad contribuirá a producir alimentos de proximidad. A su juicio, si el pienso procede del exterior y el estiércol debe trasladarse fuera de la explotación porque no hay suficiente terreno para aprovecharlo, resulta discutible que pueda presentarse “como un modelo de kilómetro cero”. Por último, Silvia pone en duda las condiciones de bienestar animal que se atribuyen al proyecto. Critica que se pueda hablar de bienestar cuando las gallinas permanecerán en naves cerradas, sin luz natural y en espacios reducidos, y cuestiona que esas condiciones sean compatibles con una producción de calidad.
La portavoz advierte que las alegaciones están fundamentadas en documentación técnica y no descarta acudir a los tribunales si el proyecto recibe luz verde. Por ello, pide que los técnicos estudien el proyecto con rigor y reclama a los responsables políticos que frenen su tramitación y valoren el entorno en el que se pretende instalar la explotación. Finalmente, plantea una última preocupación: que la autorización a esta explotación avícola pueda abrir la puerta a otras explotaciones de dimensiones similares en Mallorca. “Vivimos en un paraje natural brutal, con un valor infinito, pero que es finito. Una decisión puede hacer que no vuelva a ser lo mismo nunca”, concluye.
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