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Hecha la ley (de vivienda), hecha la trampa

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, a 29 de septiembre de 2026, en Madrid (España).

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Si quieres conocer el contenido, el alcance y la letra pequeña de los decretos de vivienda, mejor que leer el BOE echa un vistazo a Idealista. Cualquier cambio legislativo a favor del inquilino se entiende antes buscando piso en la famosa plataforma inmobiliaria, que leyendo el literal de la ley: en unos días veremos los primeros anuncios de alquileres que sortean las nuevas restricciones usando todo tipo de inventos.

De los creadores del “alquiler de temporada” para saltarse los límites a las subidas, y de la partición de pisos por habitaciones para sacar más beneficio, ahora llegará cualquier invento con el que seguir exprimiendo rentas. ¿Alquileres por horas? ¿Te alquilo un bolígrafo a 1.000 euros y te regalo un apartamento, como se hacía en tiempos con la reventa de entradas de fútbol? ¿Alguna genialidad con nombre en inglés terminado en -ing? No sigo, que no quiero dar ideas.

Si algo ha demostrado el lobby inmobiliario en las últimas décadas es imaginación, creatividad, fantasía incluso. Toda la imaginación que parece faltarle a los gobiernos para legislar en materia de vivienda. Los fondos, inmobiliarias y grandes tenedores van siempre un paso por delante del gobierno, y detrás de ellos muchos pequeños caseros que se dejan flotar en la corriente para llevarse también su parte.

Leo en los titulares de este martes que los decretos limitarán las subidas desmadradas de alquiler, protegerán a los inquilinos frente a los abusos, impedirán los desahucios de personas vulnerables, pondrán coto a los fondos buitre y los pisos turísticos… No me hagas mucho caso, pero juraría que para todo eso se hizo la ley de vivienda de hace unos años, y algunas leyes autonómicas posteriores. Y sí, los rentistas encontraron la forma de saltárselas y dejarlas en papel mojado, con la inestimable colaboración de algunas comunidades y ayuntamientos que hacen la vista gorda (¿cuántos alcaldes han anunciado “moratorias de pisos turísticos” que nada frenaron?). Y por supuesto gracias a la flojera del gobierno progresista que ha dormido la siesta de la vivienda durante cuatro años.

La ley de vivienda ya era una garantía contra todo lo que ahora van a combatir los decretos, pero se convirtió en un coladero para que los de siempre mantuviesen el negocio intacto. También se suponía que ya no había que pagar varios meses de fianza, ni comisión obligatoria a la inmobiliaria, ni aceptar determinados requisitos abusivos, todo lo cual sigue ocurriendo sin mucho disimulo, como sabe cualquiera que en este septiembre busque piso en esa selva que es el mercado del alquiler, donde si dudas un segundo al firmar, pierdes el piso.

Digo más: la propia ley de vivienda se hizo porque no se cumplía una norma anterior y muy superior: la mismísima Constitución, que supuestamente consagra el derecho a la vivienda. Medio siglo saltándose a la torera leyes de vivienda, ya ven. Espero que el gobierno tenga en cuenta esa habilidad de algunos para sortear cualquier decreto.

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