La bula de los bulos
A la derecha no hay quien la entienda, no tiene a un coronel que le escriba, como García Márquez. La oposición, que pidió encarecidamente a Pedro Sánchez que no asistiera al funeral de las víctimas del accidente ferroviario, es la misma que afeó al presidente de España por no asistir al que se celebró ayer. Quien la entienda que la compre.
Al funeral fueron la vicepresidenta primera y el ministro de Agricultura, como andaluces, y además estuvieron acompañados por el paisano Ángel Víctor Torres, entre otras autoridades, pero al PP y Vox le parece insuficiente. A la derecha siempre le parecerá mal todo lo que haga el Gobierno: tanto si hace una cosa como la contraria. El caso es desmarcarse.
La oposición está tan desesperada que trata de confundirnos en la oscuridad de la noche, como a Dinio. Cuando todavía no han terminado de usar por enésima vez a los muertos de una tragedia humana, han propagado otro bulo sobre la regularización de extranjeros que viven y trabajan en España.
El PP, siguiendo la estela de Vox, asegura que la regularización de inmigrantes será un efecto llamada pero esta vez ni siquiera coincide con la Iglesia. El presidente de la Conferencia Episcopal Española ha saludado y aplaudido el anuncio del gobierno de regularizar a medio millón de extranjeros.
Feijóo es tan olvidadizo que se ha olvidado de que Aznar llevó a cabo varias regulaciones de cientos de miles de extranjeros. El bulo de la oposición se completa con una rasgadura de las vestiduras anunciando como un pitoniso que el medio millón de inmigrantes regularizados votará al PSOE en unas futuras elecciones para agradecerle el gesto.
Con esa afirmación está reconociendo que el medio millar regularizado por Aznar votó al PP en las siguientes elecciones en las que pudieron hacerlo. La verdad es que un inmigrante regularizado no puede votar ya que para eso tiene que estar nacionalizado.
Desconozco en qué se basa la oposición para asegurar tamaña aseveración. No hay ninguna prueba científica que diga que eso es así pero ya es significativo que el PP y Vox piensen eso en su subconsciente, lo que significa que no tienen buena conciencia y sí remordimientos con su política migratoria.
La memoria selectiva de la derechona olvida que los inmigrantes por muy regularizados que estén no tienen derecho al voto en las elecciones generales ni en las autonómicas. Solo pueden ejercerlo en las elecciones locales siempre que lleven más de cinco años residiendo en España.
Además, el PP votó en 2024 en el Congreso a favor de debatir una iniciativa legislativa popular para la regularización extraordinaria de las quinientas mil personas migrantes que viven en España sin papeles y sin acceso a derechos básicos. El único que votó en contra fue Vox, por lo que la ultraderecha ha sido coherente con sus miserias.
La derechona se queja siempre de los inmigrantes irregulares (ilegales los llama la ultraderecha cuando ninguna persona es ilegal). La única manera de acabar con esa irregularidad es regularizándolos.
En realidad la derecha no está en contra de la regularización de extranjeros siempre y cuando estos sean ricos y blancos. Ha demostrado en numerosas ocasiones que lo que le molesta es que los inmigrantes sean pobres y negros. Ataca a los que llegan en pateras y ponen la alfombra roja a los que llegan por avión con la jet.
Lo que resulta curioso es que el PP crea que esos cientos de miles de inmigrantes votarían por el PSOE y no por el Partido Popular. Tan poca confianza tiene en los extranjeros que piensa que son unos marcianos que siempre votan a la izquierda por provenir del planeta rojo.
Igual la derechona cree que no hay inmigrantes de su cuerda, como si no hubiese pobres que votan a la derecha. El voto es secreto y cada extranjero regularizado vota lo que le da la gana con entera libertad sin que nadie sepa el sentido de su voto. Debe ser que el PP no cree que los inmigrantes voten por ellos aunque sea mentira.
La regularización trata simplemente de poner en orden la vida de tantos trabajadores foráneos que actualmente tienen que soportar trabajos miserables y cobrando dinero negro insuficiente precisamente porque no tienen sus papeles en regla.
Con la regularización todos estos trabajadores podrían hacerlo de manera legal y cotizando a la Seguridad Social. Esos impuestos enriquecerían las arcas del Estado y encima contribuirían a satisfacer los más esenciales derechos humanos.
La regularización no solo sirve para hacernos más fuertes económicamente (pregunten a los empresarios) sino también es una medida justa y humanitaria (pregunten al jefe de la Iglesia).
Otra mentira lanzada por la ultraderecha es que los extranjeros tienen una paguita mejor que la de los españoles, que nos quitan puestos de trabajo y que rascan en nuestra sanidad pública.
Lo que no dice Abascal es que los inmigrantes contribuyen económicamente más que los españoles de manera proporcional. España recaudaría mucho más en impuestos y en cotizaciones laborales.
Además, como la mayoría de los trabajadores inmigrantes son jóvenes, acuden menos a los centros de salud y a los hospitales que los españoles, por lo que pagan más de lo que reciben y encima enriquecen al país y coadyuvan a aumentar el nivel de las pensiones.
El que sí recibe una paguita sempiterna es Abascal, que no ha trabajado en su vida en el sector privado. Desde que Esperanza Aguirre y su charca de ranas le pusieron un chiringuito, como a Ayuso, el líder de Vox no ha dado palo al agua. Los únicos palos que da van destinados a los inmigrantes pobres. A los ricos les pone una alfombra roja, aunque a él no le guste mucho el color.