Muere a los 93 años el único concejal del franquismo que se presentó al margen del régimen al Ayuntamiento de Las Palmas
Armando Molina Molina se presentó a las elecciones (así llamadas) municipales de 1962 para ocupar una plaza de concejal en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Siempre tuvo inquietudes, muchas inquietudes, y en aquella época la que le asaltaba era la de la política, entendida entonces, en pleno franquismo, como un remedo para dar apariencia de aperturismo.
Según un artículo firmado en 2014 por Juan Marrero Portugués en La Provincia, se presentaban bajo la candidatura del Tercio Familiar a aquel paripé reconocidos prebostes de la vida social grancanaria, como Alberto Manrique, que acudía avalado por el más señero de los caciques, Matías Vega Guerra, ya entonces embajador de España en Venezuela; José Rivero Noble, comerciante textil en la calle mayor de Triana; Pedro Sosa Santana, fundador y director entonces del Colegio Jaime Balmes, y el propio Marrero Portugués, que ya ejercía de director de la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria.
Nadie lo esperaba pero hubo un espontáneo que se sumó a la lista de candidatos, y ese fue Armando Molina Molina, que resaltó en su campaña precisamente el valor que tenía presentarse sin el aval del régimen, sin estar apadrinado por nadie. De ahí su eslógan: “Armando va solo” que pasó a ser uno de los más populares de la época.
Aquella experiencia, no fue nunca de su agrado, así que Armando Molina prefirió inclinarse por los negocios, que le venían de cuna. Su familia tenía participaciones en el por entonces gigante de la alimentación, JSP, además de poseer una cadena de establecimientos bautizados con el apellido familiar.
Quizás por esa vinculación con el mundo de la economía, hizo su aportación a las ideas que alimentaron el modelo de incorporación de Canarias a la Unión Europea desde los Puertos Francos.
Después de la política decidió marchar a Estados Unidos, concretamente a San Francisco, Estados Unidos, donde abrazó la corriente filosófica puesta en marcha por el sastre Bob Hoffman, consistente en tratar de salvar a la gente con mucho dinero de sus problemas de salud mental mediante unos onerosos retiros espirituales que fueron considerados muy pronto como sectarios.
Armando Molina trató de implantar el método Hoffman en Canarias, pero no hay datos que permitan afirmar que lo consiguiera.
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