Canarias tricontinental: geografía rebelde para un mundo en transición
El pasado 10 de marzo, el Centro Cívico Suárez Naranjo, en el barrio de Arenales (Las Palmas de Gran Canaria), acogió el encuentro “Contramapas entre África, Europa y América”, en el marco de su 15º aniversario. Más que un diálogo al uso, la conversación, disponible en la página del propio centro, se planteó como un ejercicio colectivo para repensar los mapas (reales y simbólicos) desde los que entendemos nuestro lugar en el mundo y cuestionar geografías heredadas, abriendo la puerta a otras formas de situarnos en él.
Facilitado con profundidad y calidez por Manuel Cabezudo (ATLAS / Contramapas), el encuentro reunió a Ángeles Jurado, en representación de Casa África; Carmen Gloria Rodríguez, directora de la Casa de Colón; y quien firma estas líneas, en representación de la plataforma Ecorredes, aportando una mirada desde las redes europeas de comunidades por la regeneración ecosocial. Tres perspectivas distintas que, sin embargo, convergieron en una intuición compartida: Canarias no es solo un territorio entre continentes, sino un espacio desde el que imaginar y ensayar nuevas formas de relación entre ellos.
Desde Casa África, Ángeles Jurado situó el foco en la diplomacia pública, entendida no como una relación entre estados, sino como una red viva de vínculos entre personas, colectivos y territorios. Reivindicó el papel de la institución como un espacio abierto, capaz de generar conocimiento compartido y de conectarse de forma más directa con la ciudadanía. Frente a modelos cerrados, defendió una institucionalidad más permeable, arraigada en el tejido social.
En esa misma línea, uno de los consensos más claros del encuentro giró en torno al papel de los espacios comunitarios y autogestionados. Lejos de ser periféricos, estos espacios fueron reconocidos como verdaderos laboratorios de innovación ecosocial: lugares donde se ensayan, a pequeña escala, respuestas concretas a desafíos globales. En ese sentido, un aspecto que puse sobre la mesa fue la necesidad de reforzar la cooperación público-comunitaria y construir relaciones más horizontales, superando lógicas jerárquicas y apostando por dinámicas de colaboración sostenidas en el tiempo.
Desde la Casa de Colón, Carmen Gloria Rodríguez aportó una reflexión clave sobre el papel de las instituciones culturales en este momento histórico. En un contexto de revisión crítica de los relatos heredados, defendió la necesidad de que los museos dejen de ser espacios de reproducción del pasado para convertirse en espacios de diálogo con el presente. Incorporar nuevas miradas, dar cabida a la otredad y cuestionar las narrativas coloniales no es, en sus palabras, una opción, sino una responsabilidad.
A lo largo del diálogo fue emergiendo una idea de fondo: vivimos un momento de transición profunda, marcado por múltiples crisis (ecológicas, sociales y geopolíticas) que obligan a repensar no solo las soluciones, sino los marcos desde los que formulamos las preguntas.
En este contexto, mi intervención giró en torno a la necesidad de ir más allá del concepto tradicional de sostenibilidad para hablar de regeneración y transición ecosocial. No se trata únicamente de reducir impactos, sino de reconstruir vínculos: entre territorios, entre personas y con los ecosistemas que sostienen la vida. Esto implica también cuestionar dos ideas profundamente arraigadas en nuestro tiempo: el pesimismo antropológico (la creencia de que el ser humano está condenado a ser un depredador para el propio ser humano y para el medio ambiente) y el pesimismo político (la idea de que es imposible poner las instituciones políticas al servicio de la transformación ecosocial). Frente a estas falacias, planteé que la existencia de múltiples alternativas que ya están construyendo otros futuros posibles son una buena prueba de nuestra capacidad transformadora.
Desde Ecorredes, plataforma de apoyo a iniciativas comunitarias, compartí las acciones que impulsamos precisamente en esa dirección. Si algo caracteriza el momento actual es que muchas de las soluciones ya existen, pero lo hacen de forma fragmentada y a pequeña escala. El reto no es tanto inventarlas como conectarlas, escalarlas y replicarlas, articulando puentes reales entre lo comunitario y lo institucional en un marco de gobernanza multinivel. Y esa es la misión de Ecorredes.
Uno de los momentos más sugerentes del encuentro llegó al abordar la llamada tricontinentalidad de Canarias. Más allá de su dimensión geográfica, se planteó como un potencial aún por desplegar. Como señalaba Ángeles Jurado, Las Palmas de Gran Canaria cuenta con una enorme proyección internacional y diversidad. Sin embargo, ese potencial todavía no se ha traducido en una estrategia clara.
En este punto, surgió también la referencia a la candidatura de la ciudad como Capital Europea de la Cultura 2031: Rebelión de la Geografía, candidatura que actualmente se encuentra entre las ciudades finalistas del proceso de selección en España. Tal y como se apuntó, este sugerente lema, en sintonía con muchas de las ideas que atravesaron el encuentro, puede desplegar todo su potencial si se entiende no como una estrategia de posicionamiento externo (turismo y marketing), sino como una oportunidad para repensar la propia ciudad desde dentro. No se trata tanto de atraer, como de conectar; no se trata tanto de proyectarse hacia fuera, como de articular la diversidad que ya habita el territorio.
Durante mi intervención, esta idea se amplió proponiendo una lectura más profunda de la tricontinentalidad. No solo como una condición geográfica, sino como una oportunidad política, ecológica y cultural. Pensar Canarias no como periferia, sino como nodo. No como frontera, sino como puente. Pensar Canarias como una plataforma desde la que abordar cuestiones clave de nuestro tiempo, desde las migraciones, hasta la cooperación internacional, pasando por la transición ecosocial o la paz. Algo que nos exige resignificar un atlantismo hoy dominado por el espíritu bélico de la OTAN, tarea para la cual la ubicación estratégica de Canarias puede ser clave.
Pero para que ese potencial se despliegue plenamente, señalé también la necesidad de recuperar algo que nuestra época parece haber perdido: la capacidad de imaginar escenarios futuros deseables. En un contexto marcado por la sensación de que no hay alternativa y la cancelación del futuro, reivindiqué el papel de la utopía como herramienta política imprescindible para desbloquear los imaginarios y reabrir el horizonte de lo posible.
En esa línea, apunté hacia la idea de una mayor articulación de la bioregión macaronésica: un marco que permitiría repensar las relaciones entre territorios de este lado del atlántico más allá de las fronteras administrativas actuales, atendiendo a los vínculos ecológicos, pero también históricos y culturales. Más que una propuesta cerrada, se trata de una invitación a explorar nuevas formas de organización territorial acordes con los desafíos del siglo XXI.
Por su parte, Carmen Gloria Rodríguez introdujo una perspectiva histórica que amplía aún más el foco: Canarias no solo ha sido un nodo entre África, Europa y América, sino también un punto clave en las primeras dinámicas de globalización. Incluso planteó la necesidad de incorporar Asia a esta lectura, cuestionando visiones simplificadas de la identidad canaria y subrayando su carácter profundamente mestizo.
El encuentro concluyó con una mirada hacia el futuro. Desde Casa África, se imaginó una ciudad más habitable, pensada para quienes la viven. Desde Ecorredes, propuse pensar Canarias como un laboratorio de experimentación e innovación ecosocial y de nuevas formas de convivencia global. Y desde la Casa de Colón, se aterrizó esa visión en retos concretos como la movilidad, el espacio público o la ética urbana.
Quizá la idea más importante que dejó el encuentro no fue una respuesta, sino una pregunta abierta: ¿y si los mapas desde los que pensamos el mundo ya no nos sirven?
Frente a mapas heredados, el diálogo trazó un “contramapa” en construcción. Un mapa que no delimita tanto lo que es, como lo que podría llegar a ser.
Y en ese mapa, Canarias no aparece en el margen. Ocupa, más bien, un lugar central.