Pepino, Uña o Cotillas: once pueblos con los nombres más curiosos de Castilla-La Mancha
Alguna persona de renombre que vivió en los orígenes de la fundación de un municipio. Una geografía particular. Derivaciones del latín y otras lenguas que culminaron con una denominación en castellano que hoy significa otra cosa. Y también teorías dispersas que no están claras ni documentadas, pero que sirven para indagar en los entresijos de la historia.
Son algunos de los motivos por los que muchos pueblos de Castilla-La Mancha tienen algunos de los nombres más curiosos de la comunidad autónoma y del país. Con motivo del Día de la Región, que se celebra este 31 de mayo, nos detenemos en once de ellos. Hay muchos más y muy divertidos, también en sus gentilicios y devenires. Todo un compendio que anima a bucear en la historia de esta tierra.
1. Pepino
Ubicado en la toledana Sierra de San Vicente, Pepino cuenta actualmente con una población cercana a los 3.500 habitantes, bastante amplia para una zona que se encuentra desde hace años en riesgo de despoblación.
Su nombre no tiene nada que ver con la hortaliza. Según la leyenda que recoge el propio Ayuntamiento, esa denominación proviene de un antiguo labrador llamado Alonso Pepino que vivía en la zona en torno al año 1576, y que fue uno de sus pobladores originales.
El origen de esa denominación está recogido en las 'Relaciones de Felipe II' (la famosa obra de carácter estadístico, geográfico y sociológico que ordenó el monarca), donde se menciona a este señor como uno de los “siete herederos fundadores”.
Antes de adoptar este nombre, la localidad se conocía como Aldeanueva de Talavera debido a su fuerte vinculación y proximidad con Talavera de la Reina. Y desde sus inicios como alquería y casa de labor, perteneció a las Tierras de Talavera y al Señorío de los Arzobispos de Toledo. A sus habitantes se les conoce popularmente con el gentilicio de pepineros y pepineras, y la localidad destaca por sus paisajes de bosque mediterráneo con encinas, ideales para el senderismo.
2. Brazatortas
En el Valle de Alcudia, uno de los parajes más bellos de la provincia de Ciudad Real, se encuentra esta localidad de poco más de 1.000 habitantes. Perteneció a la Orden de Calatrava durante la Edad Media y es muy conocido por su tradición ganadera y trashumancia.
Su nombre proviene de dos palabras, una de origen prerromano y otra latina, que hacen referencia a su particular geografía: por un lado, braza, en referencia a un valle amplio a la vega de un río (en este caso, el río Ojailén); y por otro, tortas, que deriva del latín tortus, que significa torcido o curvado.
Según el Portal de Turismo de Castilla-La Mancha, ambos vocablos juntos describen la orografía del terreno: un amplio valle lleno de curvas y meandros. Sus habitantes son torteños y torteñas.
3. Cebolla
Otro alimento para denominar a un pueblo, pero tampoco en este caso guarda relación alguna con esta verdura tan típica de nuestra dieta mediterránea. Este pueblo de la comarca de Torrijos, pero muy cercano a Pepino y al área de influencia de Talavera de la Reina, tiene cerca de 2.500 habitantes
Según fuentes municipales, la teoría más aceptada entre los historiadores sobre el origen de su nombre señala que deriva de la castellanización del término árabe yevayla o yubaila, que significa “montecillo” o “cerro”, lugar donde se asentaron el caserío y su iglesia, que fueron los orígenes del pueblo.
Hay otras dos hipótesis menos extendidas. Su procedencia del término gebel-Alá, una expresión árabe significa “Dios me ha hecho”, ya que el pueblo se habría formado originalmente en torno a una mezquita situada en una pequeña colina. O también, del vocablo del latín caepulla, esta última la menos probable.
El Ayuntamiento refiere que antiguamente la localidad era conocida como ‘Las Casas de Cebolla’ y su primera mención escrita data de un documento mozárabe del año 1184. Su gentilicio actual: cebollanos y cebollanas. Su mayor tesoro: un rico patrimonio histórico y natural a orillas del río Tajo.
4. Pulgar
No, nada que ver tampoco con el denominado “dedo gordo” de la fisionomía humana. Este municipio de los Montes de Toledo de unos 1.600 habitantes, denominados pulgareños y pulgareñas, es conocido por su encanto rural, su rica herencia histórica, que se remonta al siglo XII, y su entorno natural privilegiado.
Su denominación proviene del término latino pollicaris. Históricamente, esta denominación tiene dos posibles significados principales vinculados a la agricultura y el entorno de la zona: por un lado, en referencia a la parte del sarmiento que se deja en las vides al podarlas, con un par de yemas, para que broten nuevos vástagos; y en segundo lugar, la etimología apunta a los vocablos pollex y pullex, algo así como “paraje donde hay pulgas”.
5. Uña
Claro, el pulgar tiene su uña, pero tampoco en este caso hay relación semántica. Esta localidad está en la Serranía de Cuenca. Apenas llega a los cien habitantes, pero cuenta con un entorno único, ubicado en la laguna del mismo nombre del pueblo y el curso del río Júcar. De hecho, el arroyo del Rincón de Uña desemboca en este río al norte de la población.
Su topónimo, según el Portal de Turismo, proviene del vocablo prerromano onna, que significa “fuente” o “agua”. Este término evolucionó lingüísticamente hasta la forma actual, haciendo alusión directa al mencionado entorno acuático del pueblo. Su gentilicio: uñenses.
En la zona existe además una curiosa leyenda local que relaciona el nombre con sesiones de brujería. Según la tradición, el diablo organizaba aquelarres en los escarpados balcones rocosos que rodean la localidad y empujaba al vacío a quienes se asomaban, dejando supuestamente la marca de una uña en la roca. Esto, claro está, no es historia documentada ni oficial, pero si anecdótica y curiosa.
6. Malagón
Las leyendas sí que parecen formar parte del nombre de esta localidad cercana a Ciudad Real capital, de casi 9.000 habitantes y con un amplio desarrollo en los últimos años, gracias al turismo rural y a su fabulosa gastronomía.
Su nombre proviene de una antigua leyenda popular. Según las crónicas históricas recopiladas en las mencionadas ‘Relaciones de Felipe II’ (1575), se debe a un cacique o señor musulmán de la zona llamado ‘Mago’. Cuenta el documento que este personaje asaltaba y robaba a los viajeros, por lo que la gente decía de él que era un “mal ladrón”, expresión que con el paso del tiempo derivó fonéticamente hasta convertirse en Malagón.
Otra teoría que apunta la página de turismo del Ayuntamiento, y que está menos extendida, sugiere un origen toponímico mozárabe, derivado de la palabra malāq, que hace alusión a un lugar de abundancia y prosperidad.
Su nombre también es famoso por una expresión que no gusta nada ni en Andalucía ni en Castilla-La Mancha: “Salir de Málaga y meterse en Malagón”. O lo que es lo mismo, pasar de una situación complicada a otra que es aún peor. Es simplemente un juego de palabras y no responde a ninguna circunstancia histórica.
Lo cierto es que Malagón destaca por su rica herencia espiritual vinculada a Santa Teresa de Jesús, su entorno natural de origen volcánico, y por albergar la mayor almazara de Castilla-La Mancha. Sus habitantes son malagoneros y malagoneras.
7. Herencia
Y en un lugar de la Mancha… se encuentra esta localidad de 8.600 habitantes al sur de la provincia de Ciudad Real, conocida por su singular carnaval, su rico patrimonio histórico-religioso y su tradición artesanal (vinos, quesos y miel), y cuyos habitantes son herencianos y herencianas.
El nombre proviene del término heredades. Su origen se debe a un antiguo caserío o terreno de labranza que fue cedido o repartido como lote entre los campesinos durante la repoblación de la zona por la Orden de San Juan en el siglo XIII.
Explican en el Ayuntamiento que el topónimo evolucionó históricamente por varios motivos. En primer lugar, sus primeros pobladores, durante la reconquista, fueron labradores y campesinos, procedentes en su mayoría de la desaparecida aldea de Villacentenilla. Después, el territorio pasó a ser conocido como el lugar de ‘Las Herencias’, haciendo referencia directa a las parcelas, huertas y viñas que poseían y trabajaban los campesinos.
El nombre oficial se consolidó a partir del año de 1239, cuando el prior de la Orden de San Juan otorgó la ‘Carta Puebla’ a los primeros 150 habitantes, estableciendo los derechos sobre estas tierras. La propia historia de Herencia recoge que, durante siglos, la economía local ha estado ligada al campo y al cultivo de estas parcelas.
8. Membrilla
Otro nombre ligado a un alimento. Pero no, no guarda relación con ninguna feminización del membrillo. De hecho, el origen del nombre de esta localidad ciudadrealeña de 5.800 habitantes (membrillatos y membrillatas) es bastante confuso y no hay una única versión oficial.
Existen dos teorías principales. En la primera de ellas, historiadores como Inocente Hervás Buendía sugieren que el municipio pudo ser la antigua ciudad griega de Marmaria. El nombre derivaría a Marmellaria y luego a Membriella en la Edad Media, hasta evolucionar a Membrilla.
La segunda hipótesis apunta a que deriva de Mambla o Mambrilla (que significan “mota” o “motilón” respectivamente). Esto hace referencia a la motilla prehistórica y al antiguo Castillo del Tocón sobre el que hoy se alza la Ermita de la Virgen del Espino.
Hoy, en día esta localidad destaca por su rica herencia histórica en pleno Campo de Montiel, su rica tradición agraria y su entorno natural.
9. Tembleque
El cachondeo que hay con el nombre de este pueblo toledano de unos 2.000 habitantes nunca termina. Ni que decir tiene cuando allí se ha producido algún que otro temblor de tierra o pequeños sismos.
Y es que en ese caso, sí hay relación con el significado. Su nombre procede etimológicamente del latín tremulare o tremulus, que significa “tembloroso”. Y, como es habitual, existen varias teorías sobre cómo se consolidó este término.
Por un lado, se cree que el nombre original era Tembleccu, derivado de la raíz celta eccu, que al pasar por la época mozárabe y la posterior repoblación castellana derivó en Tembleque. En este caso, sí que haría referencia a terrenos pantanosos o movedizos en la zona.
Pero una tradición oral cuenta que los bandoleros asaltaban las diligencias en las frondosas arboledas del antiguo Camino Real de Andalucía; y que el terror y el temblor de los caminantes al cruzar dieron origen al nombre.
Hay una tercera hipótesis, poco probable y más denostada: el historiador Jerónimo de Méndez Silva postuló que colonias judías, huyendo de Nabucodonosor, fundaron el pueblo dándole el nombre de Bethelen, que con el tiempo evolucionó fonéticamente a Tembleque.
Sus habitantes son temblequeños y temblequeñas, y el pueblo es muy conocido por su Plaza Mayor: es el gran icono de la localidad, construida en el siglo XVII y declarada Monumento Histórico-Artístico. Destaca por su característico estilo barroco popular, con soportales de madera y corredores.
10. Cotillas
Es un pequeño municipio serrano, de apenas 120 habitantes, que conserva el alma auténtica de la montaña albacetense. Situado entre pinares, fuentes y barrancos, muy cerca del Parque Natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima, invita a redescubrir el valor de la calma, la naturaleza y la tradición.
El nombre del municipio deriva etimológicamente del vocablo árabe qutyya. Su significado literal responde a “debajo de la colina”, haciendo clara referencia a su ubicación geográfica en una zona montañosa.
La raíz de esta denominación tiene un trasfondo histórico doble: una raíz visigoda que los historiadores asocian a un asentamiento anterior a la época musulmana; y un trasfondo andalusí, cuando en enclave sirvió como punto de defensa y alquería, tomando la forma hispanoárabe que dio origen al nombre actual.
Actualmente, sus vecinos y vecinas son cotillanos y cotillanas.
11. Ciruelas y Ciruelos
Y terminamos como empezamos, con alimentos. Dos pueblos, dos provincias, en masculino y en femenino.
Ciruelas, en la Alcarria de Guadalajara y con poco más de 130 habitantes, debe su nombre al entorno, con una gran presencia histórica de ciruelos en la zona. Porque en la toponimia española es muy común que los pueblos recibieran su nombre en referencia a los árboles, plantas o cultivos más característicos de su comarca.
De hecho, en textos antiguos del siglo XII se le denominaba de forma muy similar (Cirolos o Zirolos), lo que confirma su relación directa con este frutal. Es más, el nombre comparte raíces con otros pueblos de la región peninsular que también deben su denominación a la vegetación, como Cerezo o Robredarcas.
Sus vecinos y vecinas son cirueleños y cirueleñas, y el municipio es conocido por su gran patrimonio histórico, su entorno natural y su ubicación como zona de transición geográfica.
A unos 90 kilómetros, en la provincia de Toledo se encuentra Ciruelos, de unos 700 habitantes. Sin embargo, la teoría más extendida en este caso es que debe su nombre probablemente a la evolución histórica del antropónimo San Ciruelo, según el Portal de Turismo.
También hay otras explicaciones. Una muy probable apunta a su fertilidad histórica, derivando del latín cereola (una variedad de ciruela de color céreo); y otra señala una evolución fonética del término latino ceratum (tierra blanda).
Lo más curioso, no obstante, es que este municipio ha registrado diferentes nombres: desde Perusa en el siglo IV, pasando por Cirilos, Villarreal, Ceruelo y Cirolillos en siglos posteriores. Hoy en día, este municipio destaca por su profundo legado histórico vinculado a la Orden de Calatrava y su rico patrimonio religioso. Sus habitantes son ciroleros y ciroleras.
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