Carta abierta a Felipe González de un viejo militante socialista
Estimado Felipe:
Te escribe un viejo militante socialista que jamás pensó que llegaría el día en que tendría que dirigirse a ti desde la indignación y la decepción.
Durante años fuiste un referente para muchos de nosotros. Bajo tu liderazgo, el Partido Socialista Obrero Español marcó una etapa decisiva en la historia de España. Conquistamos derechos, modernizamos el país y demostramos que la izquierda podía gobernar con solvencia y ambición transformadora. Esa etapa forma parte de nuestra memoria colectiva y nadie puede borrarla.
Precisamente por eso resulta tan doloroso escuchar tus recientes manifestaciones públicas. No se trata de una simple discrepancia política, el debate es sano y necesario, sino del tono, del momento y del efecto que provocan tus palabras. Cuando un expresidente del Gobierno y antiguo secretario general lanza críticas en espacios que son amplificadas y celebradas por quienes siempre han combatido al socialismo, el impacto es devastador para la militancia.
Tus declaraciones no solo cuestionan decisiones coyunturales; transmiten una deslegitimación profunda del rumbo actual del partido. Y eso, dicho desde fuera y con la autoridad simbólica que todavía representas, se convierte en un instrumento que debilita a quienes seguimos defendiendo las siglas en cada agrupación, en cada barrio y en cada campaña.
La crítica interna fortalece. La crítica pública, en determinados términos, fractura. Y lo que muchos sentimos es que tus palabras han sido utilizadas como ariete contra el proyecto colectivo al que dedicamos buena parte de nuestra vida.
No pedimos unanimidad ni silencio, pero sí responsabilidad histórica. El socialismo no es patrimonio de ninguna generación ni de ningún liderazgo pasado. Es una construcción compartida que exige lealtad, incluso en la discrepancia. Cuando quien encarnó durante años el proyecto parece situarse por encima de él o al margen de su devenir democrático, el mensaje que se envía es profundamente desmoralizador.
Te lo digo con franqueza: tus intervenciones públicas no están ayudando a fortalecer el debate interno, sino a alimentar la división externa. Y eso hiere especialmente a quienes seguimos defendiendo, con orgullo y convicción, el nombre del partido en un contexto político cada vez más hostil.
Sigo siendo socialista. Lo soy por ideales que están por encima de nombres propios, incluidos los más ilustres. Y precisamente por respeto a esa historia común, te pido que reflexiones sobre el alcance de tus palabras y el efecto que producen en quienes aún creemos que la cohesión es condición indispensable para transformar la sociedad.
Con firmeza y profunda decepción, de un viejo militante socialista, con más de medio siglo en “nuestro” partido.