Esquiva diosa
Pero, que a alguien, en algunos años, en pocos, le toque la lotería un montón de veces y que el cuponazo le elija con asiduidad, no se lo cree nadie por poco puesto que esté en las leyes aritméticas de las probabilidades. O sea, que José Antonio Roca, el cerebro marbellí de lo que judicialmente se conoce como la operación Malaya, se ha pasado cantidad de pueblos y de urbanizaciones turísticas de lujo cuando ha pretendido justificar ante los tribunales parte de sus actuales riquezas afirmando que son el producto de sus relaciones con la diosa de la que les hablo. En fin, que le ha tocado la lotería como unas ochenta veces más o menos, porque no puede precisar. Es uno de los más viejos trucos empleados en este país para blanquear dinero, pero jamás nadie lo había usado con la desfachatez de Roca. Se compran boletos o décimos agraciados en los sorteos que sean por un importe superior al valor de los premios, normalmente un diez por ciento arriba. Hay intermediarios especialistas que se quedan con una parte del unto. Pero, eso se puede hacer con cautela y moderación. No a lo bestia. Un matemático amigo me asegura que el asesor de Muñoz en Marbella tendría que haber empezado a jugar a la lotería antes de la extinción de los dinosaurios para que el cálculo de probabilidades avalara, si bien dudosamente, su coartada fiscal. Aquí, en las Islas, han existido políticos (hoy en un discretísimo tercer plano) que justificaron su imparable carrera hacia la cúspide y el bienestar económicos con la lotería. Les tocaba una o dos veces al año Âlo cual puede hasta admitirse porque hay gente que, como se dice coloquialmente, nace de pie-, aunque resultaba raro que los décimos con que obsequiaban a sus amistades nunca obtenían premio alguno. Las administraciones madrileñas conocían bien a alguno de ellos y les facilitaban los contactos con los agraciados dispuestos a vender. Nada hay nuevo bajo el sol de la pillería, oigan. Pero, conviene no abusar. José H. Chela