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Manos Alzadas

Esas manos, pertenecen a personas muy diferentes, pero que comparten una cosa, indignación. Porque son de personas que saben que no son las culpables de la crisis, ni de la corrupción que inunda el panorama político actual.

Esas manos, dicen, no señor, yo no tengo la culpa de que los bancos se hicieran de oro a costa de nosotros. No tenemos la culpa de que el mercado se haya convertido en el nuevo capitán de un barco que ya lleva mucho tiempo a la deriva y está lleno de agujeros por los que cada día se cuela más y más agua.

Esas manos se alzan mostrando las palmas, porque no les da la gana de trabajar más años o que les apliquen una ''moderación salarial'' porque no quieren que se eliminen más derechos sociales y laborales y se privaticen los servicios públicos.

Y piden todo eso desnudas, desafiando la mirada de los leones que guardan la puerta del Congreso. No se esconden en hoteles lujosos o en sus despachos, no esperan a ver por televisión lo que está ocurriendo. Salieron a la calle a decir basta acompañados del arma más eficaz que existe; la palabra. Son manos solidarias, que saben que unos buenos argumentos hacen más que un par de palos.

Y volverán a salir este domingo para alzarse contra un acuerdo que se firmará dentro de poco que servirá para seguir machacando a los más débiles y beneficiando a los de siempre.

Por eso las alzamos, porque no queremos un pacto del euro, queremos pactos entre personas.