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Dos Millares de dos siglos

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Los cuadros y esculturas, los libros, las cartas, dibujos, fotografías, revistas autoeditadas y las piezas de ajedrez… Todo volvió a su lugar en septiembre tras un año y medio de exposiciones en Tenerife y Gran Canaria. Dos experiencias y contextos diferentes para presentar la memoria familiar a través de la creación plástica. Por un lado, un Descubrimiento para la sociedad tinerfeña en la sede de la Fundación CajaCanarias de Santa Cruz, al llenar este espacio una familia de artistas que, además, estuvo relacionada con destacadas figuras locales de la Gaceta del arte y La rosa de los vientos, como Agustín EspinosaJuan Manuel Trujillo o Eduardo Westerdahl. La muestra y la disposición en las salas fue impactante. Por el lado de acá, en el barrio de Vegueta, donde la memoria familiar corretea por sus callejones, la exposición salpicó varios puntos del barrio que vio crecer esta saga.

Vegueta, donde nació la ciudad hace 548 años, y hace dos siglos vino al mundo Agustín Millares Torres, o Manolo Millares hace cien años. En sus calles hicimos -en seis ocasiones- una visita guiada por la exposición en Vegueta, con otra mirada.

A diferencia de la exposicion tinerfeña, en Gran Canaria estaba repartida en 4 espacios del barrio fundacional. Aunque, en ambos casos, el título fue el mismo: Creación plástica de los Millares Sall, comisariada por Celestino Celso Hernández.

Su relato, centrado en los conflictos y lucha de la familia de artistas, abarca dos fechas centrales: la sublevación militar de 1936 y la muerte del patriarca, en 1965.

Incluso sentencié en una de las visitas (la emoción…) que aquella generación de artistas protagonizó una primavera del 68 que revolucionó en la isla la cultura canaria. Nada mejor que su obra reunida para entender la rebeldía artística de los (y las) nueve hermanos cuya obra era una manifestación de libertad y contra la opresión.

A todas las visitas las citaba en la esquina de la calle Balcones con Agustín Millares Torres. Porque ahí comienza la historia de esta exposición, en el“barrio de Vegueta / barrio donde nací” (José María M. S.); el barrio de la niñez de aquella saga que comenzó a despuntar en 1826 con el historiador de Canarias, notario, escritor, director de periódicos y músico de cámara de la catedral (como su padre y su abuelo) y compositor. Como historiador fue el primer autor de una Historia General de Canarias y de lasBiografías de canarios célebres, entre los que figuraban dos prelados a los que no exaltó, lo que no gustó al obispo José María de Urquinaona quien le excomulgó. Y también a otros pioneros de la sociedad civil isleña, creadores de entidades que han permanecido como la Filarmónica o la Sociedad Científica El Museo Canario.

En la misma calle de El Museo se encontraba el archivo del Santo Oficio, de aquellas dependencias a la playa una carreta llena de legajos para arrojarlos a la marea. Millares Torres se tropezó con aquella mudanza y preguntó al señor sobre el cargamento y su destino en que le pagaban por el trabajo, le volvió a pagar lo mismo para que llevara el cargamento a su casa. Y así se salvó gran parte del archivo inquisitorial y se escribió la Historia de la Inquisición en Canarias.

La confrontación entre los Millares y el clero más reaccionario ha sido constante desde hace casi dos siglos.

Los hijos de Millares Torres fueron, entre otros, el médico y el notario, Luis y Agustín Millares Cubas, los Hermanos Millares, músicos, creadores de la novela costumbrista canaria, pioneros del teatro simbolista español y autores del primer Léxico del habla de Gran Canaria. Además, su hermana casó con el que fuera ministro durante la República, José Franchy Roca, quienes morirían en el exilio mexicano.

Agustín fue padre de Agustín (paleógrafo y también exiliado: México y Venezuela) y Juan Millares Carló, entre otros hermanos. Este último y su mujer, Dolores Sall Bravo de Laguna, fueron los protagonistas de la primera sala de la exposición, de la historia de aquella generación de artistas, como establece Celestino Celso con fecha de comienzo en 1936 al producirse la sublevación militar e iniciarse la persecución y depuración de docentes. En la isla la protagoniza un cura y profesor de instituto, Manuel Socorro, quien quería dirigir el Pérez Gáldos y se quitó de encima a los posibles candidatos a la plaza. Fue director desde 1936 hasta 1964, año en que se jubila. Los perjudicados, entre otros, fueron Juan y el escritor surrealista Agustín Espinosa. Ambos fueron depurados, pero Espinosa fue la víctima de‘Crimen’ (su novela surrealista), por «pornográfica», lo que le supuso la depuración y tortura.

Juan y su esposa se vieron sin sustento para mantener a su extensa familia de 9 hijos. El mayor, Agustín, tenía 19 años y el más pequeño, Totoyo, sólo 1 año. Jane, tenía 7 años… La infancia perdida, entre Arrecife y la lucha contra la infamia de las denuncias.

Al producirse en Gran Canaria la sublevación militar, Agustín hijo es detenido. Paralelamente, se inician las denuncias contra el padre que es despedido en 1938.

Comienza una etapa de trabajo formativo, creativo y hambre. Revistas, cuentos, cómics… todo casero, a mano, reciclando la pobreza. Educados para manifestar su conocimiento autodidacta en su aislamiento con la biblioteca, cátedra y creatividad pictórica del padre junto a la disciplina musical y fortaleza irlandesa de la madre.

Todo lo hacían juntos. Se hacían artistas a la vez. Y rebeldes.

También sufrieron el más duro revés en 1942: Sixto muere a los 20 años a causa de las penurias en el sanatorio de tuberculosos del Sabinal. Sus dibujos y textos, su ajedrez con piezas desgastadas o esculpidas por él son la escasa herencia. Su padre no supera el dolor. Le dedica su poemario ‘Horas grises’, ilustrado por Manolo.

La sala la preside el busto que hizo Jane de su padre al morir este. La música, al piano, eran piezas compuestas e interpretadas por Mamama (Dolores Sall).

El segundo espacio fue San Antonio Abad para mostrar a Manolo y sus HomúnculosArtefactos de paz, o la serie Mutilado de paz, con un poema de Rafael Alberti, que presenta en Nueva York cuando su padre agoniza y a quien dedica la carpeta: “El primer mutilado de paz que conocí”. Las obras, piezas de arte, acaban su recorrido con el Triunfo del blanco, tras fallecer su padre, coincidiendo con la publicación de Agustín ‘Poesía unánime’, tras el silencio forzoso del poeta durante casi una década. Ahí estaban las valientes y excelentes Antología cercada y Planas de Poesía (esta última fue ‘secuestrada’ y prohibida, con detención de Agustín y José María).

Los nuevos perseguidores son la policía política y los censores.

Ahí sobresalen, con la participación de casi todos los hermanos,los Curas que cubren una sala que abarca caricaturas irreverentes y escatológicas, Torquemadas Clerigoncias. Poemas satíricos, incluido un texto de Sixto de 1937, que muestra al vividor cura de Tinajo (continuando el género de las ‘Canariadas‘ de los Millares Cubas). Jane ofrece el contraste entre las esculturas de unos simpáticos párrocos y las dramáticas ‘Crucifixiones‘ que también denomina ‘Garrote vil‘, en memoria de Juan García ‘El Corredera’ ejecutado en 1959, a pesar de la movilización de unos pocos rebeldes y del propio obispo Antonio Pildáin.

En este punto recordé la anécdota del amigo que me preguntó hace años si había antecedentes psiquiátricos en la familia para que pudiera aparecer un genio como Manolo. Yo le dije que en mi familia estamos todos locos.

Junto a la Casa de Colón, el Centro Insular de Artes Plásticas fue escogido por Celestino para mostrar una Jane ecléctica combinando técnicas, estilos y motivos que van desde El rostro del fascismo, Bahía Cochinos, Origen (tríptico), nudos, gánigos, Crucificciones, Mujeres con farolas. Indigenismo, abstracción, canariedad, denuncia política de inocente rebeldía, y “firme realidad del arte canario”, como dejó escrito su hermano Manolo. Una artista que participó en la sorprendente iniciativa periodística y cultural Mujeres en la Isla y que firmó el manifiesto contra las penas de muerte en la revista Sansofé.

Mujer, familia y la ‘Cristalografía‘ de su padre culminan el relato sobre la pintora y escultora, madre de 5 varones (el tercero falleció a los pocos meses de nacer coincidiendo con el inicio de su carrera artística) y compañera del periodista Luis Jorge Ramírez, de gran actividad en la sociedad isleña, especialmente en el ámbito cultural (Amigos de la Ópera, Teatro, Cine y Música) y turístico (CIT).

Casi todos sus hijos pintaron o escribieron a la muerte de su padre. Jane lo plasmó en cuadros, barro y cristal.

La cuarta sala -Fundación Mapfre- se encuentra a pocos metros de El Museo Canario. Una exhibición de técnicas y estilos de Eduardo para representar al canario en extinción. El campesino con su paciencia y sabiduría, su pobreza y resignación. O los personajes internacionales y locales de varias décadas. El autor de las viñetas de Humor Isleño y creador del suplemento humorístico El Conduto lleva al dibujo, la ilustración, el retrato o el cuadro la expresión y la personalidad, la realidad social impublicable como noticia en la dictadura, vigilados por las cucarachas de la censura que dibujó su hermano José María, el también poeta y compositor de Campanas de Vegueta… cuya partitura se expuso junto al retrato de un Totoyo muy joven realizado por Jane. El que hizo Cho Juaá (alter ego de Eduardo en homenaje a su padre Juan) se exhibió en la primera sala, celebrando con el timple a los progenitores de la saga. 

Para terminar, creo que hay una línea temporal artística que podría mostrar la influencia del padre en las letras y la pintura, mientras la fortaleza de Mamama se manifiesta de forma constante, inquebrantable, lo que puede que tenga que ver con que Yeya y Totoyo se dedicaran a la música y la historia, convertido en Maestro del timple y fundador de Los Gofiones.

Y cierro con la reflexión de un pensador español del XXI que promueve “El que pueda hacer, que haga…”, cosa que muchos no hemos dejado de intentar porque no podemos seguir silenciando y aceptando el relato de la dictadura de los años de paz sin recordar a los mutilados que fueron víctimas de la represión y la ambición de los ‘vencedores’, entre los que había sotanas y que nunca han reconocido su pecado capital.

PD. 2026 es un buen año para entender, entre Millares Torres y Manolo Millares Sall, la evolución cultural de los dos últimos siglos de nuestro archipiélago.