La Peste
En su libro La Peste, Albert Camus acuñó una frase: en tiempos de peste, prohibido escupir a los gatos. Hoy esta expresión poco significada tiene y ha quedado como metáfora que señala superstición y refiere miedo colectivo, desinformación.
Siempre pensé que a los toros bravos los afeitan para que sea menos punzante su cornada. Siempre estuve equivocado. Afeitar es cortar unos milímetros que hacen perder a ese noble animal la precisión que le otorgó la naturaleza para sobrevivir. Esos milímetros son decisivos para engancharse y defenderse.
La peste en el libro de Camus envía a casi todos al exilio interior y a muchos a quedar demacrados moralmente Hoy todo conspira para que muchos, sin movernos, estemos en nuestro sitio, pero exiliados y ese ambiente lo propician las redes. Y la ola de ultraderecha.
Era académico apelar a la navaja de Ockham, que resolvía entre dos soluciones a favor de la más sencilla. Hoy, la navaja de Ockham está llena del material del que están llenas las redes sociales, de desinformación y de desconfianza. Entre dos soluciones, el algoritmo se decanta por la respuesta que produce más confrontación. Igual que la ultraderecha y al revés de la navaja.
Y por eso somos tantos los que pensamos exiliados. A la derecha, el decreto de exilio se lo firmó Pedro Sánchez. A la izquierda, el decreto lleva la firma de Ayuso. Porque hay que vivir sin memoria y casi sin esperanza para votar a Trump o a Ayuso. Instalados todos en el presente, si quieres quitar sufrimiento debes sumar confusión.
Debemos aceptar que en todo grupo humano hay personas peligrosas que no son los criminales, son los líderes, y no pienso solo en los políticos. Esa gente peligrosa quiere que seamos como Mitrídates, cuyo organismo aprendió a vivir con veneno. Esa gente peligrosa practica el lema de Houellebecq, el mal, el bien, la moral, los sentimientos son afectaciones victorianas, en verdad solo existe el egoísmo. Esa gente peligrosa quiere que nos midan a todos con su talla.
Y nosotros hemos de repetir de forma testaruda que no los tomamos en serio porque no queremos ser como ellos. Trump, Musk, Abascal y muchos, nos dibujan una sacudida de crisis, una plaga, casi una peste. No es una peste, pero todo funciona como si estuviera la peste. A esa gente hay que afeitarles los cuernos para que su presumible precisión los lleve a fallar con el pitonazo y que hagan el daño que parece descontado, pero no maten lo que, de bueno, todavía anida en nuestro cuerpo social.
Quieren esconderse detrás de la inmigración y del cambio climático para utilizar dos conflictos que hemos de resolver con grandeza, pero lo quieren hacer creando un escenario de crisis, y de peste, de confusión y negación de la convicción. En el libro de Camus la crisis de la peste tiene etapas, primero el individuo se afloja y se difumina, pierde importancia y cede su lugar principal en favor del colectivo. En una segunda fase aparece la indiferencia y el cansancio distraído. Al final surge la esperanza de que no lo hayan destrozado todo, de que al menos sea posible volver a empezar. Prohibido escupir a los gatos. Son poderosos, pero son desechos de tienta.