Quevedo y el FOMO por ser canario
Lo de Quevedo tiene algo especial, y no es solo la música. Hay algo muy emocionante en escuchar a alguien decir, sin complejos y con el pecho hinchado, que está agradecido con Canarias, y en especial con Las Palmas. Porque durante mucho tiempo, aquí, lo normal no era eso, era querer irse. Por eso lo de Quevedo no es solo música. Es identidad. Es orgullo isleño.
Cuando canta a las ocho Islas lo hace desde la verdad. Esa verdad que hemos vivido quienes hemos crecido con el salitre corriendo por la espalda, haciendo vida con las abuelas en la acera, con el gancho en la puerta y mirando al horizonte que se dibuja tras el mar. Mentiría si no pensara a veces en ese mar como escapatoria.
Que un pibe vaya triunfando por el mundo. Sí, por el mundo, hablando de las Islas sin querer despegarse del acento, de nuestro dialecto y nuestras costumbres, bajo la sombra de la bandera de las ocho estrellas, tiene ese querer colectivo de celebrar fuera del 30 de mayo. Y lo hace en un momento en el que desde la Academia Canaria de la Lengua y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria se pone sobre la mesa que la juventud canaria se está pasando al ‘vosotros’. Y las voces expertas lo tienen claro: es una señal de inseguridad que invade a los jóvenes.
Y quizás por eso Quevedo tiene la capacidad de conectar con tantas generaciones, porque, aunque no sea un género musical a gusto de todos, si lo es para conectar con todos. Conecta porque es real. Porque cualquiera que haya crecido aquí reconoce esas costumbres, sus letras son cotidianas, nuestras. Son hogar. Y ahí está la clave. No explica el ser de aquí. Lo hace sentir.
Alguien me decía en estos días que él no traslada postales, como hacemos en tantas ferias de turismo a las que acudimos cada año, él traslada vivencias. Y eso produce ‘FOMO’. Esa palabra que está tan de moda es el miedo a perderse algo, a quedarse fuera de vivencias o experiencias, en muchas ocasiones impulsadas por las redes sociales. Hay quien se ha atrevido a llamarlo la “epidemia del siglo XXI”. Ahora vivimos el FOMO por ser canario/a.
Y si voy más allá, hay algo que me ha llamado mucho la atención en las letras de este artista, y es su orgullo de ser de ciudad. Su gran orgullo de ser de Las Palmas de Gran Canaria, llamada popularmente ‘Las Palmas’. En pocas ocasiones he visto ese sentimiento reflejado en un capitalino, algo muy contrario a lo que ocurre en los pueblos. Sí, habló la de La Aldea. Siempre ha sido un poco invisible el “soy de Las Palmas”, y creo que de eso tiene mucha culpa lo local. Las tradiciones, el conocer a tu vecino y, casi lo más importante, las fiestas de tu pueblo. Eso siempre ata. Algo que en la capital está siendo desplazado por la gentrificación. Por cierto, creo que aún no ha hablado de El Charco en sus canciones.
Sin embargo, hay algo en lo que Quevedo nos deja un pequeño vacío que no sé si da tristeza, impotencia o esperanza en que algún día nos llene este espacio. Coincido en estos días con mucha gente a la que le falta que hable de la Canarias que cuesta. Esa en la que vivimos la mayoría de los de aquí. Esa Canarias que soporta una gran presión turística, que quizás se pueda ver incrementada con el éxito de sus canciones, en la que cuesta llegar a fin de mes, en la que es muy difícil acceder a la vivienda y esa visión de vernos como los camareros de Europa. De esto hablaba mucho uno de mis profesores de la universidad. “Espabilen, que no nos pueden ver como los camareros de Europa”, nos decía. Y nos animaba a luchar.
No pretendo un discurso político en sus canciones, pero sí que de vez en cuando abra los ojos y desparrame la vista. Sobre todo, que le muestre al mundo que aquí no todo es sol y playa, también hay mucho sudor, sangre y mucha defensa de lo nuestro. Y no, ser de aquí no puede ser motivo para tener FOMO. Hay quienes, simplemente, tenemos esa suerte.
Esto es algo que me tiene contrariada, pero aquí sigo con ‘El Baifo’ de fondo, ese disco en el que habla de hogar, de éxito y del orgullo de ser de aquí. Y eso también es revolución.