Espacio de opinión de Canarias Ahora
¿Estamos realmente haciendo todo lo que podemos?: Una llamada urgente a la comunidad educativa y a la sociedad
En un mundo cada vez más complejo, donde la información viaja a la velocidad de un clic, es vital detenernos y reflexionar sobre una pregunta que debería sacudir nuestra conciencia: ¿estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para detener el sufrimiento y la violencia que se vive en Palestina, donde niños y civiles inocentes son exterminados mientras se pisotean los derechos humanos y la justicia internacional?
Vivimos en un escenario desgarrador que nos obliga a mirar más allá de nuestras fronteras y de nuestras rutinas diarias. Mientras en nuestras escuelas se enseña la importancia de los valores, la empatía y el respeto, en otras partes del mundo, esos mismos valores son ignorados y violados brutalmente a la vista de todos. Pero más allá del horror visible, hay una batalla silenciosa que también pone en riesgo esos principios: la manipulación ideológica que busca confundirnos, dividirnos y enfrentarnos.
En los últimos tiempos, se ha puesto de moda cuestionar y poner en entredicho valores fundamentales como los derechos humanos, la justicia y la paz, bajo el disfraz de supuestas ideologías o intereses políticos. De la forma más sucia, se promueve el odio y la confusión, envenenando la opinión pública y debilitando la capacidad de la sociedad para actuar con claridad y humanidad. Esta estrategia nos afecta a todos, porque genera división y deshumanización justo cuando más se necesita unidad y compromiso.
Como educadores y como comunidad, tenemos la responsabilidad ineludible de resistir esta manipulación. No podemos permitir que los discursos que siembran odio y confusión destruyan lo que con tanto esfuerzo intentamos construir en las aulas y en la sociedad: una cultura de paz, respeto y no violencia. La educación debe ser el faro que ilumine el camino, no solo transmitiendo conocimientos, sino cultivando en las nuevas generaciones la capacidad de ser buenas personas, más allá de cualquier ideología.
Enseñar a ser buena persona —a respetar al otro, a defender la justicia, a valorar la vida y la dignidad humana— debe ser la verdadera “moda” que impulsemos, porque solo desde ese compromiso ético podremos construir sociedades más justas y humanas.
A la sociedad en general, esta es una invitación urgente a no ser espectadores pasivos ni cómplices del sufrimiento. Reflexionemos sobre nuestro papel: informémonos con profundidad, cuestionemos los discursos que buscan dividirnos, levantemos nuestra voz en defensa de la humanidad, apostemos por el y apoyemos acciones concretas que promuevan la paz y el respeto universal.
La indiferencia, la confusión y el odio solo avivan la violencia. Hagamos que el dolor de tantos inocentes no sea en vano. Que desde cada escuela, cada familia, cada comunidad, construyamos un compromiso real por los valores que sostienen nuestra humanidad, porque en ese camino está la esperanza de un mundo mejor.
Es urgente que desde la educación y la sociedad trabajemos juntos para frenar esta deriva y devolver a nuestros jóvenes la esperanza, la sensibilidad, la empatía y la capacidad de ser mejores personas, porque ahí se encuentra el verdadero cambio.
]Victoria. C es docente y madre comprometida con la educación en valores