Sarkozy, ecologista
No hablaba Sarkozy por hablar. Durante varios meses, el Gobierno francés, los entes locales, la patronal, los sindicatos y diversos grupos ecologistas han mantenido reuniones de trabajo para llegar a compromisos asumidos por el Ejecutivo galo en materia de combustibles fósiles, en relación al uso de pesticidas y a las producciones agrícolas transgénicas. Propuso Sarkozy una tasa de combustibles, que se compensaría reduciendo a las empresas otras cargas y habló de medidas para disminuir el consumo energético, modificar los hábitos de transporte (no a nuevas autopistas y aeropuertos, entre otras), mantener la nuclear en los niveles actuales, etcétera.
Dijo más cosas Sarkozy. Está convencido de que la nueva política ecológica que propugna se traducirá en más inversiones y en la creación de puestos de trabajo y negó que vaya a suponer un retroceso del desarrollo económico.
Mientras Sarkozy cogía el toro por los cuernos, dentro de la tradición francesa de marcar hitos en los cambios de época, Rajoy trataba de sacar la pata. Dice ahora que es consciente de la importancia del asunto (estuvo en lo de Kioto) y que sólo pretendía combatir el catastrofismo. Lo que sin duda es un avance de quien lleva cuatro años anunciando catástrofes, desde el hundimiento de la economía española hasta el rompimiento de España, por no entrar en otros desastres de menor cuantía. Dicho sea no con ánimo de subrayar sus contradicciones sino de resaltar el desfase de los sectores de la derecha hoy al frente del PP a los que, no por primera vez, Sarkozy dejó en entredicho. Europa le queda aún lejos.
El asunto se comenta solo así que parece más útil preguntarse qué hace el Gobierno en relación al cambio climático. Mucho me temo que no demasiado, como si aún valiera lo de que inventen ellos que elevara a la categoría de virtud el atraso investigador y tecnológico español.