Soria, un problema para Canarias por EDITORIAL
Aparte de tantos asuntos que van terminando en sede jurisdiccional, lo último que ha caído en su debe es el escándalo de Tebeto, donde, por si eran ya pocas las coincidencias y sus funestos resultados para Canarias, también aquí aparecen familiares suyos, desde un hermano, Luis, actuando indebidamente en la tramitación administrativa, a un tío carnal, Antonio, haciendo la valoración de una cantera que el Gobierno se negó a contradecir para acabar beneficiando al empresario reclamante. Sin olvidar a su esposa, la procuradora María del Carmen Benítez, que también aparece trabajando para una de las empresas con intereses en presencia.
Este político ha inoculado en la sociedad canaria, de una forma nunca vista ni de lejos, la mentira, la costosísima chapuza en su gestión y la persecución antidemocrática a los instrumentos del Estado de Derecho y a los medios de comunicación. Es un auténtico corruptor de la decencia y de las buenas formas, que a veces y no siempre, son tan importantes como el fondo mismo de las cosas.
Entendemos que es político amortizado que nunca ganará unas elecciones, pero usufructúa ese bloque conservador duro que siempre exclamará “presente” cuando se trate de evitar gobiernos socialistas. Es un ventajista de esa realidad y a partir de ahora solo será útil para vulgarizar los gobiernos socialistas en la creencia de que, con poco o casi nada, éstos podrán continuar si enfrente se sitúa él.
Pero además, sólo hará que degradar la buena condición democrática del pueblo canario condenado a convivir con ese personaje, retirándole la alternativa de una derecha positiva y haciendo uso común de prácticas que los canarios no nos merecemos.
En el lance con mandos policiales, Soria ha llegado a un nivel de degradación que se corrompe cada día que pasa sin que dimita. Y es claro que la responsabilidad de cargar con semejante bardo no es del pueblo canario. Antes es del presidente Paulino Rivero, que lo mantiene para mantenerse, y de los corifeos mediáticos que le apoyan por favores.
No nos jugamos una legislatura, nos jugamos la calidad de la democracia y la sanidad de la cosa pública. Todo ello necesario en el horizonte económico al que nos enfrentamos.
Si Rivero no lo destituye de inmediato, ¿qué puede hacer este hombre que no haya hecho ya para merecer un cese?