TOMA DE TIERRA
Veteranas de paz
TOMA DE TIERRA
Se cumplían hace justo un mes 40 años del “no” de Canarias a la OTAN. Para muchas un eco de luchas lejanas, para algunas un eje central sobre el que vertebrar el pacifismo, para todas un símbolo, un himno, con el que, como mínimo, ponerse en pie.
Con motivo de aquel aniversario, mujeres de todas las edades nos reunimos en el Café Despacio de Las Palmas para intercambiar nuestra experiencia en relación con eso de que Canarias esté en la OTAN a pesar de la negativa y la lucha que envolvió los días que precedieron al referéndum de aquel 12 de marzo de 1986.
A aquel encuentro cada una llevamos un objeto que nos inspirase en nuestro turno de palabra, yo, generación del 87, llegué al mundo un año después de que mi madre, organizada con otras mujeres que reivindicaban un espacio en la política con mayúsculas, hubiera coreado consignas, con los brazos entrelazados de otras compañeras, para que estas ocho islas no se usen para la guerra y para la muerte ni directa ni indirectamente.
De modo que, por motivos obvios, mi objeto no podía ser basado en nada real de aquellos días como fotos o carteles, pero sí llevé un poemario de Gloria Fuertes, que siempre me acompaña en mis mudanzas porque no pesa sino que alivia, que me hizo pensar el modo en que la escritora ha sido una constante en la vida de tantas niñas -qué suerte que fuera el primer acercamiento a la literatura de tantas de nosotras-, primero, con metáforas de animales o versos cantarines, y, más tarde, con poemas sobre la guerra, la paz, el oficio de escribir, el placer y el dolor de amar y todas las cosas importantes de la vida.
Pensé en la profunda tristeza que encierra que aquellas niñas quisiéramos ser corresponsales de paz, de un mundo en paz, como lo explica Olga Rodríguez, y tengamos que ser cronistas del sufrimiento humano y además testigos de esa estafa de futuro.
Es bueno saber que esto ocurre, es bueno reconocernos en esa tristeza sin negarla o evadirla deliberadamente con más consumo o, peor, discursos negacionistas o de odio, pero también recordar a aquellas niñas Gloria Fuertes fuertes que tienen el privilegio de poder decidir usar la voz. No es obligatorio, pero es un privilegio. De este lado del mundo, las amenazas de bomba no detonan más que en discursos que nos prefieren despolitizadas, pero hay muchas, pequeñas parcelas, en actos tan cotidianos como el consumo o las conversaciones diarias, donde se puede ir haciendo retroceder la frontera de las líneas rojas tantas veces cruzadas diariamente y en tiempo real.
Cuando hagamos eso nos llamarán idealistas, utópicas (como insulto), pero siempre queda tener claro que intentar cualquier forma de paz no es más absurdo y cruel que la peor pesadilla, la de llevar el cuerpo de un hijo en brazos envuelto en una sábana sin saber ni a dónde ir.
Pensé entonces en que, ya que no pude ser lo que imaginé de niña, podré decidir lo que seré de mayor; veterana de paz. Alguien que, sin grandes alharacas, usó los espacios o las tribunas con la firme determinación de no pisar las flores.
*A mi madre, a la de Nacho Vegas, a Koldo, a Nora, Olga y Gloria.