Viaje al futuro
En septiembre de 1977 el gobierno de Adolfo Suarez recuperó vía restauración provisional la Generalitat de Catalunya. Antes de ver aprobada la Constitución y seis meses después del Sábado Santo, cuando se legalizó el Partido Comunista. Es leyenda que, al llegar a Madrid en tránsito a Barcelona, Tarradellas preguntó con sorna, ¿Ya ha arreglado eso de la Federación Socialista Madrileña?
Porque esa Casa del Pueblo cuarenta años atrás fue santo y seña de radicalización, enfrentamiento y hasta de violencia. Un esquema de familias mal avenidas que llegó a ser una de las bisagras menos lubricadas y más ruidosas de la tragedia republicana. Si la República necesitaba de flotadores uno estaba en la calle Piamonte, 2 y no le funcionó.
Tarradellas con esa anécdota es Enoch Soames, ese célebre cuento donde un poeta fracasado pacta con el diablo para viajar al futuro y ver un éxito que no disfruta en vida y del que está convencido va a tener en el futuro. Tarradellas viajó 40 años después para comprobar que la Federación Socialista Madrileña había orillado la confrontación republicana pero no los conflictos internos.
Hoy se me ocurre un viaje al futuro de 40 años para ver si la justicia española queda arreglada. Porque tomo el mando de la tele y veo una sala del Tribunal Supremo con un presidente, Dante o Virgilio que nos enseña el círculo dos del infierno. Allí está Ábalos con Francesca de Riminí, los lujuriosos, aunque el motivo del pleito sea la compra de mascarillas.
Hago zapping y aparece un tribunal de la Audiencia Nacional y aunque se juzgan delitos de Estado, la presidenta nos muestra una terraza de políticos que no tienen memoria y casi se parece a la terraza de la cima del purgatorio cuando Dante se despide de Virgilio porque lo recibe Beatriz. Suena la música de la Pastoral de Beethoven.
Son tan distintas las salas y quienes las presiden que nos llevan al inicio de Ana Karenina, todas las familias felices se parecen unas a otras, pero las infelices lo son cada una a su manera. Todos los juicios al partido popular se celebran en el purgatorio y se parecen entre sí. Parecen felices, de nada se acuerdan y a nadie le parece mal. Si el juicio es a otros, lo celebran en el infierno cerca del diablo y con la música de Shostakovich.
Muchos queremos viajar al futuro cuarenta años y ver que la justicia para entonces opera igual para todos. Que los presidentes son independientes, pero además son imparciales. Que todos los pleitos, sean en familias felices o infelices, se parezcan entre sí.
Hay otro motivo para ver si nos cambia la suerte en el futuro. Ver si en política hay alguien tan miserable y olímpica de la ignorancia que va a Méjico a enaltecer a Hernán Cortés. Y ver si la han nombrado ministra de Asuntos Exteriores porque podemos entrar en guerra por nuestras fronteras con Paraguay.