Así en la paz como en la guerra, Justa Freire, siempre maestra es la conferencia que María del Mar del Pozo, catedrática de Historia de la Educación de la Universidad de Alcalá, ha impartido en ese refugio de la memoria que es la Fundación Juan Negrín de Las Palmas de Gran Canaria dentro del ciclo expositivo Vivir sanos y felices .Salud y educación infantil en la 2º República (1931-1939). Del Pozo ha resumido el resultado de sus investigaciones sobre la figura de la pedagoga de la Segunda República Justa Freire (1896-1965) y lo narra como la historia de una maestra sin más vocación que ser maestra, que en los últimos años ha trascendido como símbolo de democracia y libertad, saltando a la actualidad y a las portadas.
La historiadora, que ha escrito también un libro sobre la vida de la pedagoga zamorana, explica cómo se tropezó con el tesoro de su archivo personal y fue descubriendo poco a poco cómo Freire llegó a ser directora de un colegio al que después unas monjas le cambiaron el nombre, o lo que supuso para la pedagoga salvar la felicidad de los niños ante la guerra en las colonias pedagógicas en Valencia. En definitiva, la tarea de rescatar del olvido el optimismo y la alegría de una mujer que “solo ocupaba los pie de página y que fue feliz incluso en la cárcel”.
¿Cuándo descubrió la figura de Justa Freire?
Mientras estudiaba no la conocía casi. La conocía como nota a pie de página y había leído algún artículo de ella, pero no me llamaba la atención, porque yo estaba focalizada en el pedagogo Ángel Llorca, que era el que me parecía importante.
Realmente a mí me empezó a interesar Justa Freire cuando contacté con su hija adoptiva y me enseñó el archivo. Nos dejaron a mi marido y a mí en su despacho y ahí estaba todo y yo pude hacer fotos como quise. Cuando empecé, yo pensaba: más de un artículo no puedo hacer, porque qué voy a hacer yo de esta mujer, si no ha escrito casi nada. Pero cuando empecé a leer sus diarios, a leer entre líneas, ya que nunca era clara con nada, pero tienes que ver qué hay detrás de todo eso; cuando empecé a encontrar fotos, y empecé a situarla, cuando empecé a hacer entrevistas con otras personas, entonces es cuando ya me cautivó. En la carrera era una maestra más que conocía, pero también es verdad que entonces a las mujeres las teníamos muy abandonadas, siempre pensábamos que los hombres eran más importantes.
¿Y qué le cautivó de ella?
Hubo un momento que ya me empezó a interesar, porque sucede algo en torno a 2007-2008, cuando los colegios de Madrid, los de la Segunda República, sin que les mandara nadie, se pusieron a celebrar conmemoraciones del 75 aniversario. Uno era el Alfredo Calderón, que después de la guerra le quitaron el nombre, le pusieron Padre Poveda, y se lo dieron a las Teresianas. A mí me llama entonces la directora de ese colegio para que le cuente qué es lo que voy a decir. Y le pregunté: pero, ¿es que me vas a censurar? Y me respondió que, sobre todo, quería que hablara de la época de Franco. Digo: No sé nada sobre la época de Franco, quiero hablar de la primera directora.
Recuerdo que visité todo el colegio y había clases en las que la maestra detrás tenía todo un altarcito lleno de santos. Entonces, como que me fui picando y me preparé y la directora me fue quitando tiempo, yo creo que al final me dejó hablar tres minutos, pero yo en ese momento ya había empezado a buscar.
Dije que Justa Freire fue la primera directora, y como que ya fue como el primer momento que me llamó la atención. Y fíjate lo que es la vida, porque eso tiene que ver con el acceso al archivo. Entre el público estaba Cuca Cabello, que era la hija adoptiva de Justa Freire. Se emocionó muchísimo y me dijo que era la primera vez que se había vuelto a hablar de Justa Freire en su colegio, en el Alfredo Calderón.
¿Cree usted, tras leer meticulosamente su archivo, que Justa Freire tenía intención de trascender a la posteridad?
Yo no creo que ella aspirara a nada más que a ser directora de un colegio. Porque eso era muchísimo. En aquel momento el centro, la escuela pública era el centro de la vida del barrio. Podías conectar con los padres, con las autoridades, era mucho. Entonces ella es una mujer muy humilde. No tiene grandes ganas de grandes cosas.
Pero yo sí que creo que era consciente de su valía. Y eso explica por qué dejó su archivo. Porque nos hemos encontrado muchos maestros, que forman parte de la renovación pedagógica de un país, que suelen guardarlo todo. Y ella, por lo que yo sé, y porque me lo contó su hija adoptiva, escribía muchísimo, pero había cosas que rompía y había cosas que guardaba. En esa selección hay una intencionalidad de archivar la propia vida para que se conserve. Para que en el futuro sepan las jóvenes generaciones lo que ellos han hecho. Y eso yo estoy convencida que tanto Ángel Llorca como ella lo querían, que se supiera lo que habían hecho.
Cuando Freire estudió la carrera, quizá nunca pensó que iba a ser una maestra que tenía que estar preparada para una guerra. Sin embargo, lo supera con nota, ¿no? ¿Cómo lo interpreta usted?
Para eso no estaba preparado nadie. ¿Cómo se podían imaginar que habría una guerra? Eso, cuando ahora se habla tanto de resiliencia, yo pienso: madre mía, para resiliencia, la guerra, que de un día para otro te lanzan de Madrid a Valencia, que no sabes ni dónde vas a vivir, no sabes nada. Y al día siguiente estás ya organizando una nueva experiencia y pensando que eso va a tener sentido y que van a conseguir un mundo mejor. Si no, no te lo puedes explicar. Si no tuvieran tanta confianza en el poder de la educación, sería imposible. Pero eso les mantiene vivos y además les mantiene con ilusión.
Se refiere usted a las recientes apropiaciones de la figura de Justa Freire y a la polémica por el cambio y posterior reversión del nombre de la calle Millán-Astray en Madrid. ¿Cree que el cambio inicial se debió a la oposición ideológica entre Freire y Millán-Astray, convirtiendo a Freire en un símbolo inesperado de la democracia actual?
Pues no lo sé porque yo no tomé ninguna decisión, pero me parece curioso porque es tan claro que se puede hacer un juego de opuestos. Y me gustaría saber quién tomó esa decisión, me encantaría saberlo. De hecho, he buscado las actas de la comisión, que funcionó muy bien esa comisión de memoria histórica. Pero no lo sé. Desde luego el que lo hiciera lo bordó porque a partir de ahí tampoco creo que pensaran que se iba a recurrir judicialmente, que lo iban a ganar en los tribunales. Porque claro, ellos lo que han dicho siempre es que la calle ya estaba desde los años veinte.
Y bueno, primero les tocó dos jueces que lo veían solamente de una manera y luego ya como no se ha recurrido más, pues eso ya no tiene vuelta de hoja. Se podría haber seguido, pero no se recurrió.
Y usted que la conoce tanto, ¿qué cree que opinaría Justa Freire de esta España si se pudiera asomar?
Pues no tengo ni idea. Ella era siempre optimista. Si fue feliz en la cárcel... Pensaría en la manera de poder ayudar. Creo que se entusiasmara con la escuela multicultural. Creo que le encantaría apoyar a los hijos de los inmigrantes.
Porque el modelo de escuela pública de Justa Freire y de estos grupos era un modelo en el que en la escuela todos eran iguales. En aquel momento la igualdad venía por clase social, por religión o por diferentes ideas, pero ahora sería por las diferentes etnias o grupos. Y ella lo apoyaría totalmente y conseguiría que los niños se sintieran integrados.
Ella se dedicaría a eso. No creo que pensara mucho en otras cosas, y por eso yo creo que nunca se vería como un símbolo político ideológico. Ella se dedicaba solamente a trabajar. Los diferentes gobiernos le daban un poco igual.