El joven “nudista y feliz” que impulsó el chárter de los escandinavos en Gran Canaria

Ignorar la historia del turismo en Gran Canaria es, también, invisibilizar aventuras extraordinarias que podrían haber sido sacadas de novelas en las que personajes sorprendentes transformaron nuestra isla. Y no es ficción. Es el caso del sueco Bertil Harding, uno de esos aventureros que en su juventud destacó en su pueblo de Ölserud al convertirse en el líder de un movimiento de resistencia clandestino que luchó por Noruega contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de aquellos jóvenes europeos que sobrevivieron a la contienda cambiaron sus prioridades vitales. En el caso de Bertil que, junto a un grupo de amigos, zarpó en un pequeño y vetusto velero con la finalidad de descender hasta las Islas Canarias y poner rumbo al paraíso caribeño para allí poder olvidar el horror y el sufrimiento de la guerra en unas islas paradisíacas donde no hubiera otra preocupación que vivir a la sombra de los cocoteros.

Aquel cascarón no aguantó la fuerza de las corrientes del Canal de la Mancha y tuvieron que reparar la nave en un muelle francés. Bertil se adelantó y viajó hasta Gran Canaria para esperar a sus compañeros una vez reparada la embarcación.

Acampó en Maspalomas disfrutando de la paz y belleza de aquel lugar idílico al sur de Europa por donde paseaban algunos camellos y cabras pertenecientes a los aparceros que labraban los surcos y pedregales durante la zafra para sacar los tomates que abastecían los mercados británicos desde los tinglados de Canary Wharf.

Los sábados se desplazaba con una bicicleta la pista de tierra desde el faro de Maspalomas hasta Telde y desde allí por asfalto llegaba al puerto de La Luz para saber de sus colegas de travesía, hasta que en uno de sus desplazamientos le informaron de que el velero había cruzado el Atlántico sin hacer escala en Gran Canaria. Tuvo que esperar hasta enrolarse en un barco que fuera al Caribe y mientras tanto, allá, abajo en el sur, en un día de lluvia de la que se protegió bajo una barca, con un grupo de amigos daban vueltas a cómo podría ser el negocio chárter de turistas nórdicos con Gran Canaria… Pero primero acudió al Caribe, donde supo que su velero no pudo más y se hundió. Naufragaron sus sueños de vivir navegando entre islas y cayos. Ahora su sueño era compartir su experiencia en Maspalomas con suecos que en unas horas de vuelo podían cambiar su vida, lo que a él le costó semanas.

Regresó a Gran Canaria, en cuya capital crecía la presencia nórdica. Y se convenció de que la isla era el lugar con el que soñaban los nórdicos durante el invierno. En 1957 despegó el primer vuelo no regular de la compañía sueca Transair AB, el cual aterrizó en el aeropuerto de Gando desde Estocolmo con 54 pasajeros. Se trataba de un cuatrimotor DC-4, según lo describe Birgitta Frejhagen, en su libro Los pioneros: “En aquellas épocas fueron los nórdicos, gracias a la iniciativa de Harding y otros pioneros que, con unos vetustos aviones DC-4 y DC-6, hacían una especie de recolección de turistas en los diferentes países escandinavos (Suecia, Dinamarca, etc.) con escala en Orly, pasaban luego por Lisboa o por otro aeropuerto del sur de Portugal y, finalmente, llegaban a Gran Canaria después de muchísimas horas de vuelo, los que abrieron la nueva era. El impacto que tuvo el clima y la gente de Gran Canaria en las personas que nos visitaron utilizando estos rudimentarios vuelos chárter, fue extraordinario y la capital pasó a ser el centro turístico más importante de la provincia de Las Palmas”.

Fue el comienzo de la época dorada de la capital grancanaria y el boom de construcción de hoteles y apartamentos entre Guanarteme y La Puntilla. A mediados de los años 50 se sitúa el nacimiento del turismo popularizado como fenómeno de masas, gracias a la iniciativa de Bertil Harding.

Bertil había conocido una Maspalomas casi virgen. No había más que unas cabañas y el sonido del paraíso de aves en el oasis, los camellos, el atardecer más al sur de las islas. La Luz del faro hermanada con Orchilla. En esa escena, transcurrió la espera y el tiempo que pasó Bertil hasta que pudo enrolarse en un barco. Antonio Santana lo recordaba con aprecio, «desnudo y feliz». El empresario canario, pionero con el turismo nórdico, conocía perfectamente a los escandinavos y él se había convertido en el español más famoso en Suecia (después de Franco, claro), por sus fiestas de maridaje entre el cochinillo asado las folias, cantos populares suecos y hasta el rodaje de películas suecas y el respaldo a las iniciativas de Bertil de la cantante Lill-Babs: Una de las artistas más queridas de Suecia, muy activa en los años 60 con numerosos éxitos schlager.

Otro apoyo al precursor de los chárter fue Ingemar Pallin, la voz nórdica en las ondas españolas. Amigo de Harding, Tallin inició en septiembre de 1963 su andadura en Radio Atlántico, emisora del Estado, con un pionero programa multilingüe dirigido a la población extranjera de vacaciones o residente en la isla. Pallin adoptó el seudónimo radiofónico de Xavier Palín, tuvo tanto éxito que llegó a realizar tres emisiones al día en distintas franjas horarias. Su voz estuvo presente en la radio isleña durante casi 40 años. Ingemar Pallin es el sueco que ha obtenido el mayor reconocimiento en forma de honores por parte de las autoridades turísticas de España y Canarias.

La conectividad Gran Canaria fue la base del éxito de aprovechó su posición estratégica para atraer líneas de barcos y, desde sus orígenes, la navegación aérea, con la presencia en la isla de varias de las expediciones pioneras de la aviación: Leoncio Garnier (1913); El dirigible Graf Zeppelin (LZ-127) entre 1920 y 1930; Gago Coutinho y Sacadura Cabral, a bordo del hidroavión Lusitania, con el que cruzaron el Atlántico sur en 1922; En 1926 el hidroavión Plus Ultra hizo escala en el vuelo entre España y Argentina a cargo de Ramón Franco, Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada… o los cuatrimotores DC4 con los que Harding inició los chárter con capacidad máxima de 86 pasajeros fueron superados por los reactores Boeing 747 que transportaban 467 pasajeros en los 70.

Gran Canaria no fue el destino definitivo de Harding. En 1965, viajó a Gambia, en África, y se convirtió en pionero de la industria turística en Gambia. Su contribución al país africano se considera tan significativa que una calle principal de la capital del país, Banjul, lleva su nombre: la Carretera Bertil Harding.

*Este reportaje ha sido publicado originalmente en el blog de Michel Jorge Millares.