La Orotava repite con el puchero más grande de Canarias para alimentar a 5.000 personas
Los vecinos del barrio de La Florida, en el municipio tinerfeño de La Orotava, han vuelto a hacer historia este sábado con la preparación del puchero más grande de Canarias, una fiesta popular con sabor a uno de los platos típicos del archipiélago para el que han usado 59 calderos de grandes dimensiones que han alimentado a más de 5.000 personas.
El evento, declarado fiesta de interés turístico, se enmarca dentro de las celebraciones vecinales en honor a San Antonio Abad y la Virgen de la Esperanza, que cada año reúnen a locales y visitantes en este rincón rural en lo alto del valle situado en el norte de Tenerife desde hace más de medio siglo.
Para su elaboración son necesarios más de 700 kilos de calabazas, 700 de chayotas, 400 de coles, 90 de habichuelas, 90 de zanahorias, 20 de piñas de millo, 80 de garbanzos, 50 de puerros, 20 de ajo, 15 de perejil y 250 de gofio, así como 18 sacos de papas, cuatro sacos de cebollas, costillas de cerdo y pollo, todo ello cocinado a fuego lento con leña de la retama seca del Parque Nacional del Teide.
Uno de los vecinos de la zona y de los cocineros del puchero desde hace 40 años, Vicente Carvallo, ha explicado que los preparativos comenzaron temprano en la mañana con el corte de todas las verduras y la colocación de los calderos, en una larga hilera humeante.
Sin embargo, el trabajo viene de antes, ha continuado, ya que la mayoría del producto utilizado es cultivado por agricultores de la zona, quienes abastecen a la comisión de fiestas para rememorar un hecho anecdótico que ahora es todo un furor en el norte de la isla.
Y es que el origen de esta tradición, ha explicado uno de los integrantes de la comisión de fiestas, Carmelo Hernández, se remonta al gesto que una vecina de la localidad tuvo hace ya muchos años con un grupo de ganaderos que pararon cerca de su casa en un frío día de invierno, a los que regaló un plato de puchero para que recuperaran fuerzas y entraran en calor.
“Desde entonces esta tradición ha ido creciendo poco a poco hasta convertirse en lo que vemos hoy. Ahora disponemos de calderos más grandes, que han sido donados y regalados por diferentes personas e instituciones, lo que permite cocinar aún más cantidad y honrar con cariño el detalle de una vecina con los trabajadores del mundo rural”, ha indicado Hernández.