Actos vandálicos en un yacimiento guanche de Arona catalogado BIC y Zona Arqueológica desde hace 18 años

El colectivo de arqueología social Imastanen ha puesto recientemente en conocimiento de las autoridades locales e insulares los ataques a un yacimiento guanche de Arona que, pese a estar protegido por su declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) y Zona Arqueológica desde 2008, se ha visto alterado con diversas pintadas, grafitis y rayones, así como fragmentos del panel de piedra arrancados y basura acumulada. 

Imastanen señala que se trata de los mismos daños por los que se declaró esa protección hace veinte años, lo que demuestra que, como en otros casos, de poco sirven esas medidas patrimoniales si no se hace seguimiento y vigilancia.  

Los miembros de Imastanen resaltan que se trata de un yacimiento considerado “único por la tipología de las manifestaciones rupestres representadas, que se refieren a otras de enorme importancia encontradas en las islas más orientales. El yacimiento posee un tipo de grabados muy poco comunes, que hasta hace poco eran considerados inéditos en Tenerife y que constituyen un claro vínculo cultural común entre los primeros pobladores en todo el Archipiélago. Presumiblemente, estos grabados rupestres serían de gran antigüedad y fueron declarados como Bien de Interés Cultural y su entorno como Zona Arqueológica a proteger en 2008, cuando ya se denunciaba el estado deplorable en el que se encontraba este vestigio guanche”. 

“Lejos de haber significado diferencia alguna -se quejan-, el estado del yacimiento es igual e incluso peor al del momento de su declaración como valor protegido, pues durante estos dos decenios el espacio se ha popularizado aún más y, en los últimos años, incluso ha sido anunciado públicamente como un must a visitar en sitios web de turismo y de aficionados al senderismo en toda Europa”. De hecho, señalan que sitios sobre rutas de montañeros “facilitan direcciones de GPS para acceder al lugar sin que se advierta de los valores presentes y de su vulnerabilidad extrema”. 

Según censuran, “ni el Ayuntamiento de Arona, ni el Cabildo tinerfeño ni el Gobierno de Canarias han realizado intervención alguna para señalizar y advertir de la presencia de estos bienes durante casi veinte años, pese a su catalogación oficial, ya sea protegiéndolos integralmente de manera física, propiciando una actitud respetuosa y fomentando activamente pautas de preservación a través de paneles informativos que los pongan en valor y, a su vez, adviertan sobre las graves consecuencias que teóricamente debería comportar dañarlos o alterarlos”. 

Sobre esto, denuncian que encima, “y en la práctica, la gran mayoría, por no decir todos los atentados cometidos contra el patrimonio indígena en Tenerife, quedan sin investigar ni expedientar y, por tanto, sin responsabilidad jurídica derivada de estos actos vandálicos”.

Malos olores por una explotación ganadera en la zona

Tras una reciente visita, los miembros del colectivo hablaron con algunos vecinos del lugar que les trasladaron “su preocupación por prácticas aparentemente ilegales, realizadas presumiblemente por una explotación porcina presente en las inmediaciones del BIC amenazado, con vertidos no permitidos de purines y otros subproductos generados por la actividad en el mismo cauce del barranquillo adyacente. El olor en la zona es insoportable y hasta se sospecha de que, incluso, se pueda estar enterrando animales muertos en el margen que separa dicha explotación de la Zona Arqueológica protegida”. 

Esto también se lo han trasladado a las autoridades locales, “sin que hasta el momento hayamos recibido respuesta. Confiamos en que se activen los debidos protocolos y se investigue si esta explotación está contaminando el lugar y, de ser así, se actúe de inmediato para evitar males mayores. Lo que debería ser una vivencia maravillosa por visitar un yacimiento de esta importancia cultural, se convierte en una experiencia de lo más desagradable. Los grabados rupestres que atestiguan la historia ancestral de nuestro pueblo, destruidos, pintarrajeados y estropeados y el hedor en el lugar genera una atmósfera insufrible, en lo que parece una esperpéntica alegoría de la situación general que padece nuestro patrimonio guanche: abandono, destrucción, ilegalidad y olor a desidia y desinterés”.

Imastanem se queja de que, si bien esto ocurre en diversos municipios de Tenerife, “el caso de Arona es especialmente alarmante, ya que posee un número altísimo de yacimientos registrados en proporción a otras localidades, presumiendo en su publicidad institucional, a través de redes oficiales y publicaciones editoriales, de poseer manifestaciones culturales guanches de toda índole repartidas por su territorio”. 

“Mientras se exponen indiscriminadamente localizaciones exactas de yacimientos sobre los que no existe ningún tipo de protección, destacándolos como atractivos turísticos, a la par que se destinan recursos económicos a publicaciones divulgativas en las que se detallan dichos enclaves para que cualquier curioso pueda llegar a visitarlos, no se ha terminado la carta arqueológica municipal, dejando muchos yacimientos fuera de inventariado y, por tanto, de cualquier figura de protección legal posible”, concluye.